La crítica al progreso de Walter Benjamin. Una interpelación a las izquierdas del presente

Por Federico Bonet

“Uno debe siempre sentir piedad por aquellas personas aplastadas por el carro triunfal del progreso”.

  1. Carthill. Administrador colonial de la India[1]

Este ensayo tiene como objetivo presentar, la posición que el filósofo alemán Walter Benjamin tenía sobre el progreso y cuál es la pertinencia de dicha mirada para comprender a las izquierdas hoy, sus potencialidades y limitantes.[2] Esto de la siguiente manera: en primer lugar se abordará quién fue Benjamin y en qué contexto estuvo enmarcada la producción de su obra; en segundo lugar, se expondrá brevemente lo que significa la idea de progreso a la cual Benjamin critica y su expresión política en la socialdemocracia de su tiempo (crítica que expuso en su última obra, las Tesis sobre el concepto de Historia).[3] Por último, planteo la pertinencia de su obra a la luz de nuestro presente, ante las coyunturas electorales en diferentes latitudes, así como los retos a los que nos enfrentaremos en los próximos años, como el cambio climático.

Un preámbulo necesario

Comencemos por conocer de manera breve quién fue Walter Benjamin. Nació en 1892 en Berlín en el seno de una familia judía y pequeñoburguesa, desde donde pudo observar los cambios que rápidamente transformaron a la ciudad de Berlín. Los inmigrantes de las regiones orientales del Imperio Alemán que llegaban a la creciente metrópoli en busca de trabajo y el rápido desarrollo técnico fueron elementos fundamentales de su experiencia. Estudió filosofía y se interesó por el arte, la literatura, el romanticismo y el barroco alemán, llegando a ser considerado póstumamente, como el mayor crítico literario de habla alemana del siglo XX.

Su biografía se caracteriza por las adversidades y los infortunios, que indudablemente repercuten en la producción de su obra escrita. Durante su juventud, su vida se caracterizó por un deseo de transformación radical de su sociedad que compartía con la gran mayoría de su generación, los jóvenes se rebelaron contra el mundo de sus padres. Ese impulso se basó en la promesa de un porvenir mejor, promesa que fue devastada en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, fue rechazada su habilitación para dar clases en la universidad, así que sin otro medio de sustento, se dedicó a publicar notas periodísticas relativas a la literatura y el arte en diversos periódicos, hasta que en 1933 con la llegada de los nazis al poder en Alemania, no tuvo mayor remedio que huir del país.

En su exilio parisino y apoyado por sus amigos que, van desde los intelectuales de la Escuela de Frankfurt, hasta el dramaturgo alemán Bertolt Brecht y el cabalista judío Gershom Scholem, delineó un proyecto para comprender los orígenes de la modernidad capitalista y los componentes mediante los cuales ésta se manifiesta en el espacio de la cultura. El Libro de los pasajes, como son conocidos los apuntes para dicho texto, derivado de las estructuras metálicas que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX en París, nunca llegó a ser escrito por las dificultades en las que se encontraba su autor y por el avance del fascismo que para 1940 invadía ya Francia y lo obligó a huir por la frontera española con la esperanza de llegar a los Estados Unidos. Esperanza que finalizó con su suicidio un 26 de septiembre de 1940, al saber que él y su grupo de refugiados serían entregados a la Gestapo por parte de las autoridades españolas.

Si bien la obra de Benjamin calla en demasía sobre los acontecimientos políticos de su tiempo, él siempre fue un agudo observador de los mismos. Su crítica al progreso se encuentra enmarcada en un momento de debacle política y desesperanza general y las Tesis sobre el concepto de Historia, que es donde dicha crítica se hace presente, son una patente muestra de la agudeza de su mirada. Las Tesis fueron pensadas como una breve introducción metodológica al Libro de los Pasajes, para sus diversos interlocutores intelectuales.[4]

El progreso y su crítica

Pero ¿en qué consistía el progreso para Benjamin y sus contemporáneos? Derivado de las ideas ilustradas, y sustentado materialmente en la expansión colonial europea y el rápido desarrollo tecnológico durante el siglo XIX, el progreso fue toda una concepción ideológica en donde, gracias a la mejora permanente del entorno, sustentado en el desarrollo científico y tecnológico, el presente era una mejor época que el pasado y en consecuencia el futuro sería todavía mejor.[5]El historiador inglés Eric Hobsbawm lo describe así:

Podía aplicarse por igual a cualquier cambio históricamente observado, y de hecho así se hacía, que significase una mejora (o que se considerase como tal), pero también se aplicaba al intento de llevar a cabo cambios deseables en el futuro. El progreso podría ser o no una realidad, pero lo “progresivo” era una afirmación de intención política. […] Ser “contemporáneo” tenía también implicaciones en el cambio y en las innovaciones técnicas. […] Esto podía ser o no “progreso” en su sentido de mejora “objetiva”, pero ciertamente era “progreso” en la medida en que las formas de aprehender el pasado debían inevitablemente, dar paso a aquellas destinadas a aprehender el tiempo presente, que eran mejores por el mero hecho de ser contemporáneas.[6]

En efecto el devenir de la historia mostraba un sólo camino iluminado para la humanidad que desde hacía algunas décadas no había parado de seguir y que garantizaba una época de bienestar futuro.

En la época previa a la Primera Guerra Mundial esta idea fue hegemónica, encantando incluso a nuestro autor en sus años de juventud. Las consecuencias políticas de lo anterior se vieron principalmente dentro de la socialdemocracia, que segura de sus cada vez mayores victorias electorales, un aumento en sus militantes y la paulatina captura de los aparatos parlamentarios, imaginaban que la conquista del poder se encontraba cercana y con ello la posibilidad de la transformación socialista de la sociedad. Sin embargo, con la masacre en las trincheras y derivado del desarrollo técnico, surgieron críticos de la idea de progreso que empezaron a cuestionarse si en efecto el porvenir sería tan glorioso como estaba prometido dentro del imaginario del progreso.

Pero la crítica no vino únicamente de militantes de izquierdas desilusionados con la corriente principal de la socialdemocracia y los resultados de sus políticas. También surgió una crítica desde la derecha, que veía en el progreso la causa de todos los males, la degeneración de la sociedad, la disgregación de la nación y veía con suma desconfianza el avance de los movimientos revolucionarios que planteaban cambiar el orden social por completo[7].

Con el ascenso y triunfo del nacionalsocialismo en Alemania y la derrota en las urnas del Partido Socialdemócrata Alemán, así como del Partido Comunista Alemán, para Benjamin quedó claro que la cuestión no se encontraba únicamente en la capacidad del enemigo para movilizar recursos, sino las razones con que sus adversarios los enfrentaban. En las Tesis nos dice que su objetivo es: “desatar al que vive en el mundo de la política de las redes en que ellos lo han envuelto (los políticos adversarios del fascismo)”.[8] Su reflexión intenta mostrar lo “caro que cuesta a nuestro pensamiento habitual una representación de la historia que evite toda complicidad con aquella a la que esos políticos siguen aferrados”.[9] Para un Benjamin comprometido con la causa revolucionaria, el fracaso de los partidos de izquierda tenía que ver más con lo que habían dejado de hacer, que con la fuerza del enemigo. Es ahí donde sale a relucir su crítica al progreso. ¿Pero en qué consistía dicha crítica?

Quizás la imagen más citada de Walter Benjamin es la del ángel de la historia, aquella que describe en la tesis IX a un ángel atrapado por un torbellino que lo aleja del paraíso y lo conduce al futuro. A su paso, el ángel va dejando una montaña de ruinas, y por más que trata de escapar no puede, pues el huracán lo empuja hacia una única catástrofe haciendo urgentes sus infructuosos esfuerzos, el huracán que lo empuja se llama progreso[10].

Como es capaz de observar plenamente el ángel de la historia, el devenir histórico está lleno de víctimas y de ruinas dejadas de aquello que ya no es más. Entre ellas se encuentran los pueblos originarios de todos los continentes, sus culturas y lenguas, sus formas de vida; las mujeres y sus cuerpos y la decisión sobre los mismos, las civilizaciones que antaño poblaron la tierra entre un sin fin de humanos y seres vivos que hoy su historia desconocemos y sólo podemos acercarnos a través de los fragmentos que el tiempo no a podido borrar. De ahí que la constante del progreso sea también la barbarie.

Ahora bien y para ser fiel a Benjamin, ¿cuál es la crítica que él le plantea al progreso en términos temporales y políticos en las Tesis sobre el concepto de historia? En la tesis XIII, Benjamin plantea tres postulados críticos para la concepción del progreso socialdemócrata:

el progreso era, primero, un progreso de la humanidad misma (y no sólo de sus destrezas y conocimientos). Segundo, era un progreso sin término (en correspondencia con una perfectibilidad infinita de la humanidad). Tercero, pasaba por esencialmente indetenible (recorriendo automáticamente un curso sea recto o en espiral).[11]

Para Benjamin los tres postulados son ampliamente criticables, sin embargo, nos dice que todos pueden ser criticados en el fondo apuntando a lo que tienen en común y es que  “la idea de un progreso del género humano en la historia es inseparable de la representación de su movimiento como un avanzar por un tiempo homogéneo y vacío”.[12] Es decir, el hecho de que desde esta perspectiva el tiempo futuro sea completamente igual y carente de contenido distinto. La consecuencia de lo anterior es que imposibilita poder plantear un momento cualitativamente diferente a lo existente, tanto en acción como en situación. En este sentido, la política por lo tanto está condenada a mantener el estado de cosas actual y esperar la futura mejora de lo existente, lenta y paulatinamente.

Por ejemplo, en el plano político, podemos pensar el calendario electoral y sus consecuencias para la política. El hecho de que la acción política se encuentre siempre condicionada por la siguiente contienda electoral y todo se calcule a partir de las consecuencias que puedan tener para esas futuras elecciones determina que la política no pueda ver más allá de esa siguiente fecha en el calendario. De ahí que un cambio drástico y casi repentino, de gran profundidad, sea imposible, dados los altos costos que podría asumir para esa próxima fecha electoral.

Benjamin frente a las izquierdas

Por lo anterior, la crítica de Benjamin resulta sumamente pertinente para las izquierdas de hoy. Desde comienzos de siglo, se ha vuelto común nombrarlas bajo el mote de “progresistas”. Para Benjamin eso sería un profundo motivo de sospecha. A la luz de las primeras dos décadas del siglo y de los retos que el cambio climático y el ascenso de una derecha mucho más reaccionaria plantean, la crítica de Benjamin se hace pertinente en tanto que, como víctima del nazismo, fue testigo de que luchar en los términos de la clase dominante y su concepción del tiempo, puede paralizar la potencia revolucionaria y transformadora contenida en el quehacer humano y su expresión política de izquierda.

Para el pensador alemán, resultaría peligroso asumirse como progresista en nuestro tiempo precisamente porque los avances hasta ahora conseguidos en diferentes campos NO se encuentran garantizados por el devenir temporal, sino que están siempre en disputa. Presuponer por lo tanto que se conseguirán más victorias y avances con el devenir del tiempo, omite la urgencia en la que nos encontramos y los posibles retrocesos. La lucha contra el adversario neofascista y el cambio climático no se puede dar en el terreno de la política en donde la concepción temporal del progreso es domínate (sobre todo si es implícita), donde la espera de una solución técnica es la esperanza para evitar un cambio radical en los modos de vida que nos dirigen a la catástrofe.

Esa esperanza, como vislumbró Benjamin, conduce indudablemente al fracaso. En tanto, que la técnica sigue estando bajo la dirección de la clase dominante y que la eterna promesa de un cambio se sigue postergando, la política de izquierdas deja de ser potencialmente transformadora y se vuelve profundamente conformista y timorata. La exigencia que le plantea el huracán del progreso al ángel de la historia implica la conciencia de la necesidad de romper con esa idea temporal progresista y así potenciar la política para que sea radicalmente transformadora.

De ahí que para las izquierdas hoy retomar la crítica de Benjamin a las consecuencias políticas de la idea de progreso es de una pertinencia estratégica clave. Recordar que la urgencia civilizatoria en la que nos encontramos obliga a plantear una transformación radical de la forma en la que viven nuestras sociedades y por lo tanto es opuesta a aquellos que pretenden que todo podrá seguir igual y sin casi ninguna alteración. De lo contrario lenta y paulatinamente, viendo la experiencia del propio Benjamin, las izquierdas que renieguen a discutirlo serán aplastadas por el carro triunfal del progreso, que en este caso, acabará con la vida humana sobre la tierra.

El autor es politólogo. Cursando la Maestría en Estudios Políticos y Sociales.

@Federico_xP

[1] Citado en Arendt, Hannah, Los orígenes del totalitarismo Taurus, España, 1998, p., 131, nota 39.

[2] Espero que el lector pueda disculparme por la simplificación de un pensamiento tan complejo como el de Walter Benjamin, quien lo concibe como una constelación de diferentes ideas en las que todas están interrelacionadas. De ahí que la exposición de una parte sin profundizar en otras se presente siempre a una traición a su pensamiento. Lo aquí expuesto es una invitación a inmiscuirse en su obra y a debatir nuestro presente a la luz de la totalidad de la misma.

[3] Benjamin, Walter, ‘Sobre el Concepto de historia’, en Tesis sobre la historia y otros fragmentos, Ítaca, México, 2008. Puede consultarse su versión en línea en: http://www.bolivare.unam.mx/traducciones/Sobre%20el%20concepto%20de%20historia.pdf

[4] Por lo que para comprenderse mejor era necesario conocer un poco de la vida y el momento en el que Benjamin las escribió en los oscuros días de 1940.

[5] En el presente esta idea ha sufrido modificaciones, es cuestionada y ya no es tan dominante en algunos planos, sin embargo es posible observar al menos implícitamente en la confianza a la tecnología como forma de solución a los problemas a los que nos enfrentamos y detrás de la idea de que el crecimiento económico es equivalente a la construcción de bienestar.

[6] Hobsbawm, Eric, La era del Capital 1848-1875, Crítica, Barcelona, 2007, p. 304-305.

[7] Es pertinente mencionar que muchos movimientos de extrema derecha se encontraban en contra del avance técnico y otros por su parte lo deseaban, la caracterización presente trata de sintetizar diferencias que pueden ser fundamentales a la hora de pensar movimientos específicos pero cuya diferencia no es pertinente discutir por el momento.

[8] Benjamin, Walter, 2008, p. 45.

[9] Ibid, pp. 45-46.

[10] El poema: Preguntas de un obrero ante un libro de Bertolt Brecht es un complemento pertinente para dicha tesis y permite entender a quienes se refiere Benjamin cuando habla de víctimas y ruinas, el poema dice así:

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? / En los libros figuran los nombres de los reyes. /¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra? / Y Babilonia, destruida tantas veces, / ¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron? / La noche en que fue terminada la Muralla china, / ¿adónde fueron los albañiles? Roma la grande / está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? / ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan / cantada, / ¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida, / la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban / pidiendo ayuda a sus esclavos. / El joven Alejandro conquistó la India. / ¿Él solo? / Cesar venció a los galos. / ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero? / Felipe II lloró al hundirse / su flota. ¿No lloró nadie más? / Federico II venció la Guerra de los Siete Años. / ¿Quién la venció, además? / Una victoria en cada página. / ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria? / Un gran hombre cada diez años / ¿Quién pagaba sus gastos? / Una pregunta para cada historia. En Bertolt Brecht, Poemas y canciones, Alianza, Madrid, 2012, pp. 97-98.

[11] Benjamin, Walter, 2008, p., 50.

[12] Ibid, pp., 50-51.

Más artículos
Trilema de nuestro tiempo