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Los intelectuales de Claudia y la reforma al Poder Judicial

Por César Martínez

La doctrina de división de poderes según Locke y Montesquieu

no es una teoría política, sino jurídica: no cuestiona 

cuál es o cuál debe ser el origen del poder. Entonces 

solo contempla una visión negativa de la libertad. 

Alessandro Passerin D’Entreves

Tras escuchar por enésima vez a panelistas afines a Claudia Sheinbaum en La Hora de Opinar asegurar que ella, ya siendo presidenta, no impulsará la reforma al Poder Judicial ni la eliminación de plurinominales del Plan C de Andrés Manuel López Obrador, el moderador Leo Zuckermann publicó una interesante columna intitulada Los exégetas de Claudia Sheinbaum.1

“Como si fueran talmudistas o psicoanalistas, interpretan la voluntad de Sheinbaum” escribe y agrega: “se atreven a predecir, por ejemplo, que la doctora no apoya la elección de ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial.” 

La estupefacción de Zuckermann partiendo de la inconsistencia entre el discurso de campaña de Sheinbaum y los dichos de sus agrupaciones intelectuales evidencia una verdad incómoda: la iniciativa de reforma de AMLO para sujetar la conformación de la Corte al método democrático del voto popular va más allá de lo jurídico, pues ahora mismo está estremeciendo al establishment del poder político en México, sin importar filiaciones partidistas ni ideológicas.

En su clásico ensayo La Noción de Estado, el jurista italiano Passerin D’Entreves, al distinguir una teoría jurídica de una teoría política, nos da reflexiones muy vigentes para comprender la importancia de la actual iniciativa de reforma: conservando la estructura formal de división de poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, al estilo John Locke y Montesquieu, se emplea al sufragio universal como mecanismo de control sobre poderes caracterizados, (al menos desde 1917 hasta la fecha), por una informalidad que a menudo hace pasar por legislación a nombre del interés público aquello que en realidad son intereses privados operando tras bambalinas.

Así, debatiendo ante el elitismo de sus compatriotas Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca, Passerin buscó reconciliar dos ideas que en la Italia en el umbral del fascismo parecían incompatibles: la necesidad política, por un lado, de tener clases gobernantes junto con la necesidad, igualmente política, por el otro lado, de controlarlas democráticamente.

Para ello, Passerin contrasta la noción del Estado como un poder jurisdiccional basado en imponer el orden mediante la fuerza y la coerción, junto con la noción del Estado como un poder legislador ocupado en dar cauce institucional a la voluntad general para transformarla en ley.

La dicotomía entre Estado como fuerza coercitiva y Estado como auctoritas o autoridad legítima, la simboliza Passerin con el concepto del jurista romano Cicerón en latín: iuris consensus,que bien puede significar simplemente una legalidad pactada por actores de poder; o bien algo aún más profundo, un juicio de valor, esto es, el respeto consensuado por la justicia.

Volviendo al enigma de Claudia y sus intelectuales, se observa cierta incomodidad, cuando no una evidente desgana, llegado el momento de argumentar a favor del voto popular para elegir jueces, magistrados y ministros ante el contraargumento favorito de la oposición a esta iniciativa: que una Corte electa por las mayorías no sería garante de derechos de minorías. De modo que, entre la intelectualidad sheinbaumista y la oposición más añeja a López Obrador hay importantes similitudes en maneras de pensar. 

Una de ellas, sugeriría Passerin, está en concebir la política siguiendo el principio de Pareto, según el cual la minoría del 20% decide por sobre la mayoría del 80%.

Sin embargo, Passerin sostiene que este elitismo no era desconocido ni para griegos ni para romanos, tratándose del caso de un Estado corrompido que emite leyes injustas o dictámenes arbitrarios. De modo que Aristóteles en La Política recomienda la democracia moderada (politeia) como mejor forma de gobierno y Cicerón, a su vez, habla de moderar al gobierno dándole poder a los magistrados, autoridad a los representantes y libertad de elección al Pueblo. 

De esta forma, Passerin vuelve a la carga:

La idea de tener élites políticas no es incompatible con una democracia saludable, siempre y cuando las élites demuestren apertura, o si se establece un mecanismo aceptado de competencia entre ellas. El mismo Pareto habló de acelerar la ‘circulación de las élites’ para controlar y renovar a la clase gobernante, así como para lograr el respaldo libre y deliberado a la estructura formal de poder por parte de la comunidad…Pero si el compromiso de las élites con la participación en condiciones de igualdad no es tal, se confirmaría fatalmente que Pareto acertaba: es la fuerza, y no el consenso, la que determina las relaciones entre personas y la política en general. (pp. 56-57)2 (2)

De modo que la falta de debate en La Hora de Opinar alrededor de la iniciativa de reforma al Poder Judicial, y otras iniciativas encaminadas a hacer más efectivo el sufragio, como lo es la eliminación de plurinominales, nos revela que sí hay un peculiar sentido común entre la oposición más conservadora contra López Obrador y la nueva intelectualidad afín a Sheinbaum. Parecería que, entre tirios y troyanos, surge paulatinamente un pacto informal para darle soluciones jurídicas, y no democráticas, al grave problema de la justicia en México.

Citando a Cicerón, Alessandro Passerin reconocía que la autoridad debía estar en la magistratura, pero el poder, el potestas, permanecía siempre en el pueblo o pópulo. Si añadimos la definición aristotélica de democracia, donde ‘demos’ es pueblo y ‘kratos’ es poder, resulta razonable sospechar, con base en las declaraciones del aparato ideológico de la doctora, que el siguiente será un sexenio de ‘kratos’ sin ‘demos’: de poder sin pueblo.

César Martínez (@cesar19_87)

*Maestro en relaciones internacionales por la Universidad de Bristol y en literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.

@claudiashein

(1) Leo Zuckermann, “Los exégetas de Claudia Sheinbaum”, Excélsior, 12 de febrero de 2024, en https://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/los-exegetas-de-claudia-sheinbaum/1635231 (consultado el 21 de marzo de 2024).

(2)  Alessandro Passerin D’Entreves, The Notion of the State: an introduction to political theory, Oxford, 1967. 

  1. Leo Zuckermann, “Los exégetas de Claudia Sheinbaum”, Excélsior, 12 de febrero de 2024, en https://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/los-exegetas-de-claudia-sheinbaum/1635231 (consultado el 21 de marzo de 2024) ↩︎
  2. Alessandro Passerin D’Entreves, The Notion of the State: an introduction to political theory, Oxford, 1967.  ↩︎
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