Cadenas de silicio

Por Daniela Rey Serrata

I-a

Muerde mi piel, niña

Muerde para probar la carne que nos ata

¿Recuerdas correr al jardín?

A esa comparación entre las arrugas y el balbuceo de un bebé

 

Las voces se marchan

Dicen eterno y nos dejan tristes

 

La bebida cae

 

La mirada se lija

 

Ahora la expulsión de nuestras bocas no significa nada

Y miro tu inocencia, miro cómo muerde

 

Cada visita que se aloja es un marchitar de albahaca

Mas la ofensa no es la permanencia, sino que se cimbran de huesos

Mientras estamos tan cansados, tan óxido que no deja sanas las espuelas

 

No desertar los caminos tras ver las ataduras y los caballos tajados, dices

Mira mi costillar, niña, las jaulas que nadie cree posibles,

el entumecimiento matinal

el cuero mutando a germen

el mercurio que se ha vuelto baba.

 

I-c

 

Sombras que charlan en su migración

 

La asonancia entre una roca y un rosal

 

Mirar el puño

El costo efectivo

 

Eres parte de este adorno que intercambia realidades,

que se esfuerza en tener un nombre, mientras todo cojea

 

Apoyamos las espaldas porque el lenguaje es unidad

porque la vida es ese ojo que mira a través de mi expansión

[a un joven haciendo parkour

 

Te comento que la visceralidad en mi corazón

[es sólo porque no sé quiénes somos,

y de noche,

mientras duermen,

me rasguño,

en espera,

siempre al tanto.

 

I-d

 

Esto es la interioridad de la vida:

querer escribir una carta que nos ata, que nos ronda

 

Los ojos se vuelven plomo,

[y hoy no hay cuerpos, sólo costales

 

Vivo,

desde que fui embrión atragantado por la grasa de mi madre

 

Estoy aquí,

como una simple boca que prueba,

como la arena que nunca es la misma pero sí conserva la tersura

 

En una melodía o en la cotidianidad,

la mitad vive su propia utopía,

la otra pone en blanco la pupila y traga puñados de petróleo

 

Hemos acabado con todo

 

El telón que es la misma playa, nos cubre

 

Los pasos son firmes ante la oportunidad de arrancarnos las pestañas,

arder al par del capital y su flujo,

de las avenidas chillando lo jodido que se anda,

de la desembocadura de aguas negras en el sitio donde también se pesca.

 

II-f

Otra ausencia o una bala

 

Que las heladas jamás sean un desperdicio

o dormir un inicio de taquicardia

 

Oye andar a tu familia,

los regionalismos y la nación que creyeron suya

 

Habrá que distinguir lo que verdaderamente nos pertenece

 

Entender de las orquídeas y su longevidad —nos dijimos mutuamente—

es la contribución en praxis para este desgajamiento

Mientras tanto,

sólo seremos parte de una historia que nos estamos perdiendo

 

Girar la perilla será entonces

 

Volar adónde es la misión que nos compete

 

Mira tus ojos, ¡qué ciegos!

 

Libera el interior,

esos pensamientos que se asemejan a derrumbes

 

Somos tardos,

entre enmendaduras constitucionales

y generaciones a las cuales adecuar nuestros recortes —nos dijimos mutuamente—

 

Fuimos llamados niñas confundidas

Mas no evitaron nuestra dicha:

los estoperoles en los jeans y las escuadras de mi padre.

 

 

 

 

 

 

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