La izquierda entre dos frentes conservadores

Por Hugo A. Garciamarín Hernández

La marcha en defensa del INE demostró que la izquierda no tiene un lugar relevante en el espectro político. Todo apunta a que la disputa en el 2024 se dará entre dos frentes conservadores: por un lado, el “transformacionismo” neoliberal autoritario, y por el otro, el pluralismo neoliberal. En ambos frentes, la izquierda quedará reducida al plano discursivo o a la defensa de la democracia en el sentido procedimental, y a partir de eso tendrá que decidir cómo y de qué manera participar en el proceso electoral[1].

El “transformacionismo” neoliberal autoritario

El “transformacionismo” se ha apropiado del discurso y el carácter plebeyo de las izquierdas, aunque en los hechos se ha consolidado como una gran fuerza conservadora que ha profundizado el carácter neoliberal y autoritario del régimen. El presidente reconoce públicamente ser neoliberal, considera que el Estado es corrupto —y por eso lo reduce al máximo, salvo en sus medios coercitivos— y plantea que la solución a los problemas públicos se encuentra en el mercado. Todas las inercias neoliberales se han profundizado y el resultado es que hay más pobres y que los ricos son más ricos[2].

Por otra parte, el “transformacionismo” también ha debilitado la democracia y con ello ha traicionado a la izquierda[3]. En Morena se ha eliminado la competencia interna, se han excluido a voces disidentes —llegando al grado de suprimir derechos políticos arbitrariamente—, se han amañado encuestas para decidir candidaturas y todas las decisiones se acuerdan entre gobernadores, la cúpula del partido y el presidente. A su vez, ha permitido la participación descarada de miembros del gobierno federal en la organización del partido y en la promoción de la consulta para juzgar a los ex presidentes; y ha normalizado el espionaje hacia opositores indecentes y hacia compañeros de partido por fines políticos. Lo más grave es que ha profundizado la militarización, minimizando las filtraciones de los Guacamaya Leaks, pasando a la Guardia Nacional a la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena), confiando gran parte de su programa político a las fuerzas armadas y renunciando a la retirada paulatina del ejército tal y como lo había prometido.

Aun así —y con la complicidad de ex representantes de la izquierda que ahora están en el gobierno y de algunos izquierdistas bien intencionados que se niegan a analizar la realidad— el “transformacionismo” impulsó una reforma electoral regresiva bajo un discurso democratizador. Es regresiva porque 1) plantea listas para la elección de diputados y senadores sin establecer que estas sean abiertas, con lo que favorece a las cúpulas partidistas en detrimento de la representación —tal y como ocurre en Morena—; 2) porque propone de manera absurda que los partidos políticos se financien por las aportaciones de sus militantes y simpatizantes, ignorando así el evidente financiamiento ilegal que hay en las elecciones y favoreciendo a las élites locales y partidistas que suelen ser los intermediarios de ese financiamiento; 3) porque elimina los institutos electorales y los tribunales locales, centralizando la vida política y la forma en la que se diriman los conflictos políticos-electorales; y 4) porque, con todo esto, la elección por voto popular de los consejeros y los magistrados estará a merced de las élites políticas y económicas, sin la posibilidad real de auditar el financiamiento de sus campañas —y por ende, de darle seguimiento a sus lealtades— ni de garantizar su imparcialidad y autonomía[4]. En síntesis: se trata de una reforma que busca que las elecciones sean tan limpias y transparentes como lo son actualmente en Morena. Sólo faltó que pusieran la encuesta como método de elección para el presidente de la república.

El pluralismo-neoliberal

Por otra parte, el pluralismo de la transición a la democracia ha resurgido sin un poco de autocrítica. La avanzada autoritaria del “transformacionismo” ha provocado que viejas figuras de la política mexicana se monten en el discurso de la defensa de la democracia sin expiar sus culpas. Así pasó con los antiguos intelectuales, quienes ya olvidaron que fueron ellos mismos los que hirieron de muerte a la transición a la democracia, justificando el fraude electoral de 2006 e impidiendo así que se cumpliera realmente la alternancia tripartidista. También se les olvidó que mientras hablaban de pluralidad, el autoritarismo seguía ahí: en la constante militarización, en la represión de los periodistas, en los fraudes electorales a nivel subnacional, etcétera. Hoy parece que nada de esto existió.

De igual forma reaparecieron políticos cuyo legado es más que sombrío. Margarita Zavala, Vicente Fox y Elba Esther Gordillo marcharon para defender la democracia. A Fox se le olvidó su papel en el desafuero y en la elección de 2006; a Zavala el haiga sido como haiga sido y el papel que tuvo el Partido Acción Nacional —y en específico Felipe Calderón— en la lucha contra el narcotráfico y la oleada de violencia; a Gordillo su apoyo a expresidentes a cambio de beneficios e impunidad. Y lo mismo podríamos decir de otros distinguidos asistentes a la marcha, como Claudio X González.

Además, expresiones racistas y de ultraderecha disfrutaron de la legitimidad que da hablar a favor de la democracia. Grupos con consignas xenófobas, clasistas y antiabortistas se mezclaron con otros a favor del INE, aunque, en otras ocasiones, durante sus marchas, llamaban de manera autoritaria a sacar a López Obrador de la presidencia. Este grupo también fue parte del público del discurso de José Woldenberg, en el que dijo lo siguiente:

Estamos aquí reunidos con un solo objetivo claro y trascendente: defender el sistema electoral que varias generaciones de mexicanos construyeron, que ha permitido la convivencia y competencia de la pluralidad y la estabilidad política, la trasmisión pacífica de los poderes públicos y de la ampliación de las libertades.

Todo eso constituye un patrimonio común y por ello estamos aquí, ciudadanos de muy diferentes orientaciones políticas y extracciones sociales, militantes de partidos, integrantes de organizaciones sociales y personas sin filiación política.[5]

¿Realmente es posible decir que aquellos sectores que se manifiestan en contra del derecho a que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo o los que enarbolan un discurso racista y clasista defienden el pluralismo? ¿Es posible impulsar la defensa de una institución democrática, de la mano de los partidos y las élites que debilitaron la democracia? ¿A caso no es momento para establecer una reflexión autocrítica e impulsar el cambio generacional?

 

¿Qué hacemos?

Como se puede ver, la contienda por la presidencia de la república en 2024 se dará entre dos frentes conservadores y aquellos que se adscriben a la izquierda deberán dilucidar qué hacer ante ellos. En mi opinión, en el “transformacionismo” se ha agotado la posibilidad de influir desde la izquierda. La política se decide de manera vertical y se exige la obediencia, al grado de que se pide que se institucionalice la arbitrariedad electoral y se acate la política neoliberal con retórica rebelde.

En tanto, la defensa del pluralismo es indispensable para poder mantener un piso mínimo de competencia. Sin embargo, no es posible defenderlo al lado de personajes que han lastimado a la democracia y sin que otros actores se abran a la autocrítica y a la reconciliación de la democracia procedimental y de los contenidos democráticos. Quienes lo consideren necesario, deberán abrazar al pluralismo y exigir que éste se dé entre fuerzas progresistas y buscando profundizar la libertad y la igualdad, y no de la mano de aquellos que promueven valores xenófobos, clasistas y racistas. Con ellos no puede haber democracia.

Presidencia y Va por México

 

[1] Es necesario mencionar que también es probable que en torno a esos dos frentes gravite una valiosa fuerza testimonial —pero marginal y sin posibilidad de transformación real—, que emergerá del Consejo Nacional Indígena y demás organizaciones, tal y como ocurrió en 2018

[2] Véase: Hugo Garciamarín, “La Cuarta Transformación: ni populista ni antineoliberal”, Nexos, 23 de junio, en https://redaccion.nexos.com.mx/la-cuarta-transformacion-ni-populista-ni-antineoliberal/

[3] Véase: Gibrán Ramírez, “Si queda izquierda, la reforma no pasará”, Milenio, 7 de noviembre de 2023 en https://www.milenio.com/opinion/gibran-ramirez-reyes/testificare/si-queda-izquierda-la-reforma-no-pasara

[4] Véase: Paula Sofía Vázquez, “La reforma política de AMLO”: si le das más poder al poder”, Nexos, 2 de mayo de 2022, en https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/la-reforma-politica-electoral-de-amlo-si-le-das-mas-poder-al-poder/ y; Gibrán Ramírez, “Mentira que el apoyo a la reforma sea mayoritario”, Milenio, 14 de noviembre de 2022.

[5] José Woldenberg, “En defensa de la democracia”, Nexos, 13 de noviembre de 2022 en https://redaccion.nexos.com.mx/en-defensa-de-la-democracia/ . El resaltado es mío.

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