Sinaloa en el fútbol mexicano. Una historia de excepción

Por Ricardo Arredondo Yucupicio

Según informes periodísticos recientes, el Mazatlán FC, único equipo sinaloense en la primera división del fútbol mexicano, desaparecería luego de vender su plaza al mejor postor (aunque algunos periodistas como David Faitelson) han empezado a desmentir esta información). Esto en un contexto enturbiado por la tensa relación entre su dueño, el empresario Ricardo Salinas Pliego, y el partido en el poder.

Está de sobra hacer notar la relación histórica entre el fútbol y la política a nivel mundial. Sobran libros, documentales, películas, artículos periodísticos, etcétera, que muestran la profunda imbricación entre el fútbol como negocio y el poder. En México no ha sido la excepción, con el problemático ingrediente del dinero público invertido en negocios privados (aunque nos cueste entender, el fútbol en México, a diferencia de otros países, es casi exclusivamente un negocio de privados). A esto se le suma, además, la utilización del fútbol en esquemas de lavado de dinero, crimen organizado, narcotráfico, y un largo etcétera.

Pep Guardiola jugando para los Dorados de Culiacán.

Desde su burda creación hace apenas cinco años, producto de la triste desaparición de un equipo de tradición regional como el Monarcas Morelia, hasta la opaca construcción del estadio de Mazatlán (una construcción costeada por el Estado, donde no se miraba claramente el beneficio que podía traer a la sociedad mazatleca), todo en el Mazatlán FC es típico del fútbol profesional mexicano.

Esto sucede, además, en un contexto complicado para el fútbol profesional en Sinaloa. Desde hace ya algunos meses, el equipo de fútbol de mayor tradición en el estado, Dorados, juega sus partidos de local en Tijuana debido a la inseguridad que vive su ciudad natal: Culiacán.

Pero es importante hacer notar la nula presencia de equipos sinaloenses en la historia de la primera división mexicana. Entre el año 2004 y el 2025, este estado solo ha tenido dos equipos en primera división y por muy poco tiempo. Entre la permanencia de Dorados y el Mazatlán FC, Sinaloa ha estado presente en 7 de las 26 temporadas de este siglo. Son, además, los únicos equipos sinaloenses que han llegado al máximo circuito del fútbol mexicano desde su fundación en 1943.

Aun así, Sinaloa en el fútbol mexicano es un caso de excepción, pues a inicios del 2025 era el tercer estado que más futbolistas aportaba a la primera división mexicana, solo por detrás de Ciudad de México y Jalisco, y por delante de estados como Nuevo León o el Estado de México. En enero de este año, 30 futbolistas sinaloenses fueron inscritos en equipos de primera división, en 13 clubes distintos. La mitad de los registrados, además, eran oriundos de Culiacán. No es una temporada excepcional, sino la norma: en 2020, por ejemplo, 24 futbolistas sinaloenses fueron registrados en equipos de primera.

Sinaloa, tierra pensada como beisbolista, ha sido un semillero de futbolistas de calidad nacional e internacional desde, por lo menos, fines del siglo pasado. Desde 2006 a la fecha, no ha habido una sola justa mundialista en la que no hubiera, por lo menos, un par de sinaloenses. En el último Mundial en Qatar, Sinaloa aportó 4 de los 26 futbolistas seleccionados por México, lo que representa una aportación cercana al 15% del total.

Diego Armando Maradona como DT de los Dorados de Culiacán. Foto de Refugio Ruiz.

El Mundial de 2002 es recordado por los mexicanos por el maravilloso gol de Jared Borgetti, culichi, a la Italia de Buffon. En 2006, el ya legendario Borgetti fue acompañado por el nacido en Mazatlán, el Maza Rodríguez y el máximo goleador de las Chivas (y hoy vinculado a proceso por abuso sexual), nacido en Los Mochis, Omar Bravo. El 2010 fue prolífico para los sinaloenses, pues para el Mundial de Sudáfrica el estado aportó 4 de 23 futbolistas: los defensores Maza Rodríguez, Paul Aguilar y Héctor Moreno, y el atacante Venado Medina. En el Mundial de Brasil 2014 el estado se consagró como una tierra de defensores, pues Maza Rodríguez, Héctor Moreno y Paul Aguilar representaron a Sinaloa. En Rusia 2018 el culichi Héctor Moreno y el mochitense Erick Gutiérrez fueron llamados. Finalmente, Qatar 2022 (de triste recordación para los mexicanos) tuvo una notable presencia sinaloense, pues Rodolfo Cota de Mazatlán, Héctor Moreno de Culiacán, Erick Gutiérrez y Luis Romo de Ahome estuvieron en la lista final de Gerardo Martino.

Estos datos no pueden ser casualidad; es notable la presencia sinaloense tanto en la primera división mexicana como en la selección nacional. La historia de excepción es que esto lo ha logrado, en primer lugar, sin tener presencia de equipos en primera división, y segunda, sin una infraestructura deportiva de alto nivel específica para este deporte (ciudades como Toluca, Monterrey, Pachuca, Guadalajara y, claramente, la Ciudad de México, sí cuentan con esa infraestructura). Doblemente excepcional, además, cuando en Sinaloa el fútbol compite por atraer interés con otros deportes como el beisbol y el boxeo, que en el estado pueden tener mayor arrastre.

No seré yo quien lamente la más que probable desaparición del Mazatlán FC, un equipo que no ha tenido impacto social en el estado y que se ha aprovechado de un sistema de (in)competencia del fútbol mexicano. Sí me lamento de la realidad del fútbol sinaloense, ese que, en un lapso de un año, verá cómo su equipo más tradicional huye del estado por la violencia, y su equipo de primera división desaparece. Mal que bien, ambos proyectos sirvieron para proyectar al futbolista sinaloense (especialmente Dorados, por su estrecha relación con Xolos de Tijuana).

Asimismo, se desaprovecha una oportunidad de crear una raigambre social en un equipo de fútbol; cómo si esa clase de cementos sociales nos sobraran en el estado. Si eso ayuda a la construcción de paz, los gobiernos estatales no deberían desdeñar el involucramiento con el fútbol profesional; eso sí, siempre desde posiciones de Estado, y no de intereses burdos y mafiosos, como ha sido la norma.

Ahí está la historia de excepción: el árbol del fútbol crece en Sinaloa aun sin un agua constante que la riegue. El éxito es producto de la pura pasión y del impulso de trascendencia de los deportistas sinaloenses. Así seguirá siendo.

Gol de Jared Borguetti a Italia. Mundial de 2002.

Ricardo Arredondo Yucupicio. Los Mochis, Sinaloa (1997). Historiador y futbolero (aunque malo).

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