Explotar la memoria, olvidar la explotación

Por Emilio Sánchez Galán. Imágenes Clement Montmea.

El crecimiento de las industrias digitales suele considerarse progreso tecnológico. En un mundo en el que la reducción del impacto medioambiental y del consumo de recursos son esenciales, nociones como “desmaterialización”, “desindustrialización” o “descarbonización” —usualmente asociadas al mundo digital— resultan llamativas. Sin embargo, la narrativa paseísta movilizada por esta colección de prefijos “de-” es más bien retórica y oculta la dependencia del mundo digital del extractivismo fósil y mineral1.

Para comprender y cuestionar cómo ciertos discursos contemporáneos asocian ciertas industrias pesadas con un «pasado» remoto y otras, más etéreas, con el futuro, hablamos con varios personajes afectados por esta narrativa. Este artículo es un recorrido a través de la retórica del avenir digital, gracias a una exploración de situaciones y territorios concretos.

FUTURISMO Y ALEJAMIENTO

Este estudio comienza con una observación paradójica para las sociedades occidentales: la persistente importancia del carbón como fuente de energía. Pese a la popularidad del relato y del proyecto de transicionar hacia un futuro regulado por entornos tecnológicos energéticamente más eficientes, según la Agencia Internacional de la Energía, el carbón sigue siendo la fuente primaria de cerca de un tercio de la electricidad mundial (2021)2 y alrededor del 26.5% del consumo de energía primaria.3 Tal constatación nos llevó a sumergirnos en la historia del carbón.

La coexistencia de discursos que incitan a la de-carbonización con aumentos recientes de la extracción y el consumo global de este mineral nos ha llevado a preguntar, en clave geopolítica, «¿Dónde se extrae el carbón?» «¿Dónde se quema?» «¿Qué regiones están actualmente asociadas al carbón en el imaginario de una digitalización verde, en curso?«

En el universo retórico de una transición energética, la extracción y el consumo de combustibles fósiles, así como las industrias consideradas pesadas, se asocian a una época ya superada, de la cual deberíamos alejarnos. Tal discurso de tintes futuristas, proyecta un horizonte menos contaminante, sostenible y deseable, posibilitado por el perfeccionamiento de tecnologías informáticas.

Sin embargo, cifras abrumadoras contradicen la epopeya verde de la digitalización: con un aumento anual en el consumo eléctrico del 6% y siendo ya responsable del 3-4% de las emisiones de gases de efecto invernadero cada año4, las tecnologías digitales parecen tener una posición más que ambivalente en el papel clave que se les asigna en la des-carbonización en curso. «La nube» adquiere un peso exponencial, lo que nos lleva a preguntarnos si la digitalización es verdaderamente sinónimo de futuro. Por otro lado, ¿cuál es la causa del desajuste entre las iniciativas por salir de un modelo carbonífero y la estabilidad de los niveles globales de consumo de carbón y de emisiones de gases de efecto invernadero? ¿Cómo se manifiesta tal desajuste en términos locales?

Ha de cuestionarse la visión historicista de una salida progresiva del carbón. Desde otro relato, la epopeya del abandono del carbón supondría, antes que una tendencia histórica global, un distanciamiento geográfico entre las coordenadas que sostienen tal relato y los espacios donde el carbón se sigue extrayendo y quemandopara alimentar un modelo productivo transnacional.

El decurso de esta investigación nos permitió, en primer lugar, sumarnos a las voces críticas que contraponen al relato y a la perspectiva política de la transición energética la noción de “adición energética”, la cual, tomando como base un análisis cuantitativo, interpreta que la adopción a gran escala de fuentes de energía más eficaces no ha implicado la sustitución global de las fuentes de energía precedentes, sino su conservación e incluso el aumento de su explotación, aunado a la adición de más consumo energético total en forma de nuevas técnicas de aprovisionamiento energético.5 En segundo lugar, contrastar el imaginario de la explotación de minerales críticos en el relato de la transición energética con cifras y relatos concretos de su extracción y empleo, nos permitió abordar críticamente el maridaje entre esta narrativa y el fetichismo tecnológico que, en última instancia, comparte coordenadas con la gestión planetaria de la desigualdad y de la polución. En la medida en que esta reflexión nos permite añadir a la crítica del relato de la transición energética un diagnóstico de su eficacia retórica, es en este segundo aspecto crítico donde reside la mayor contribución intelectual de nuestra investigación. En términos sociales y ambientales, nos ocupa destacar el efecto del tecnofetichismo en las regiones donde son extraídos y/o desechados los componentes críticos para el funcionamiento de las industrias contemporáneas, anteponiendo discusiones ecológicas que enarbolen un planeta sustentable y ambientalmente justo a la retórica de la implementación tecnocrática de tecnologías “limpias”.

ABSTRACCIÓN Y EXPLOTACIÓN.
LA MINA Y A DIGITALIZACIÓN EN EL CORAZÓN DEL CAPITALISMO

La memoria del declive de la extracción carbonífera es un elemento esencial de nuestro imaginario de la desindustrialización. A medida que el petróleo cobró importancia en la matriz energética de las industrias, la disminución de empleos y el abandono de infraestructuras mineras otrora cruciales cimentaron la asociación entre minería y esquemas económicos rudimentarios. Sin embargo, la minería es esencial para las cadenas de producción que permiten el funcionamiento de las industrias digitales. No sólo eso la importancia de la minería para la economía y el mundo digital no se limita al empleo de los metales extraídos: el modelo de la extracción es en sí mismo fundamental para la organización del mundo digital. No es casualidad que hoy hablemos de «minería de datos», de «minería de imágenes» o incluso de «minería de criptomonedas».

El proceso de abstracción del valor de los productos del extractivismo, su transformación en patrones de cambio sal, plata, oro…, es inherente a, y esencial para, la economía de los últimos siglos. En 1971, el estándar de Bretton-Woods, que homologaba como patrón de cambio la convertibilidad del dólar en oro, fue abandonado en favor de un sistema de cambio flotante. Un hito en la intensificación del proceso de “abstracción del valor” que ha caracterizado las últimas décadas.

Progresivamente, los bancos centrales han establecido sus reservas en términos de monedas escriturales, o su capacidad de reembolsar las deudas adquiridas con otros países6. Así, las tecnologías digitales se han convertido en la base de las operaciones de registro y cálculo que establecen el patrón más abstracto que nunca del valor.

La red conceptual de la minería prefigura elementos esenciales del horizonte de significación de la informática, siendo la evolución del capitalismo un hilo conductor de este deslizamiento semántico y operativo. La transposición de términos como «extracción» desde el contexto de la minería a las industrias digitales, obedece a una intensificación progresiva de la abstracción de las relaciones materiales, con vistas a la producción de valores homogéneos de actividades otrora irreductibles. La solidaridad entre el tenor rudimentario de la extracción y el carácter etéreo del intercambio mercantil, constante de la relación capitalista con la materia, es actualmente tan inseparable del universo de la mina como de la informática, dos sectores industrialmente imbricados. El que una serie de actividades humanas sean agrupadas bajo el término «economía desmaterializada» es una construcción retórica tan poderosa como inquietante.

DES-MATERIALIZACIÓN. UN ILUSIONISMO ANTI-ECOLÓGICO

Marion Fontaine, investigadora especializada en la historia del trabajo, las industrias y los movimientos obreros, responde a la petición de entrevista desde Japón, por videoconferencia. Es una situación curiosa, ya que pasamos los primeros minutos de la entrevista hablando del auge del teletrabajo en los últimos años, así como de los costes ecológicos y sociales asociados a dicha tendencia. M. Fontaine habla inmediatamente de la crisis de popularidad de la noción «economía desmaterializada».

Si hubo un gran evento que nos recordó que toda la economía era material y se basaba en la producción de bienes, fue la epidemia de COVID 19 (…) Creo que esta idea del fin del trabajo industrial y de la economía desmaterializada estaba sin duda muy presente hace diez años, pero tengo la impresión de que hoy lo está mucho menos.

En efecto, los confinamientos derivados de la pandemia SARS-CoV-22 visibilizaron las condiciones, muy concretas y muy materiales, en las que se basa el mundo digital, siendo el contraste entre trabajadorxs «esenciales» y teletrabajadores, así como la suspensión de las cadenas de producción vinculadas al mundo digital, algunos de los indicios de tal dependencia.

Esto ha llevado a algunos países a abogar por su independencia tecnológica y en particular por su capacidad para producir localmente los componentes esenciales para el funcionamiento de sus entornos informáticos computadoras, servidores, componentes electrónicos, etc…. En palabras de M. Fontaine:

Esta creencia en una economía totalmente desmaterializada y sin impacto sobre los recursos y los territorios pertenece al pasado. En primer lugar, porque existe una consciencia ecológica global y, en segundo lugar, porque, en cualquier caso, es posible que avancemos hacia una relocalización de cierto número de cadenas de producción.

Nuestra observación de la dependencia entre industrias pesadas e industrias digitales nos ha permitido situar la paradójica idea de la «desmaterialización» dentro de otra noción estrechamente vinculada al discurso del fin del trabajo y de la des-carbonización: la de «des-industrialización». Aparentemente, la desaparición de ciertas actividades industriales en una región determinada y la apariencia inmaterial de ciertos procesos digitales están ligadas al mismo fenómeno: la producción de muchos de los componentes necesarios para las grandes industrias  —incluidas las digitales, así como el ensamblado de las mismas, se produce lejos de donde los utensilios tecnológicos resultantes son utilizados.

Deslocalización: aumento de la distancia entre los lugares de extracción, ensamblado y consumo. Fontaine describe la relación entre desindustrialización y deslocalización mediante un análisis histórico

Efectivamente, una de las principales causas de la desindustrialización es la nueva división internacional del trabajo. Es el hecho de que un cierto número de industrias no han desaparecido (el término desindustrialización es a fin de cuentas inexacto), sino que se han desplazado.


DES-INDUSTRIALIZACIÓN. UNA PERSPECTIVA LOCALIZADA

La exactitud de la noción de desindustrialización depende, por tanto, de la perspectiva adoptada. El análisis de las características locales nos da lecturas muy diferentes de un análisis a gran escala. La cuestión «¿quién habla?» es fundamental en la investigación de Stetan Moitra en el Museo Alemán de la minería de Bochum.

Al estudiar historia, es esencial definir los límites geográficos y temporales de los conceptos que se construyen y utilizan. En la región del Ruhr  —hogar de Moitra, los puestos de trabajo que se perdieron cuando se paralizó gran parte de la actividad industrial han sido sustituidos por el reparto de paquetes de Amazon. El aura nostálgica de la Route der Industriekultur, que ilustra la edad de oro de los complejos industriales de la región del Ruhr, basados en la minería del carbón, converge de manera conflictual con el papel del carbón en el funcionamiento de internet, la infraestructura energívora de los empleos uberizados.

En el primer semestre de 2022, el 29,4% de la producción de electricidad de Alemania provino del uso de carbón (19,2% lignito o carbón joven; 10,2% hulla o carbón de edad media). En relación con el consumo total de energía del país, 10.2% provino del lignito, a lo que se añade un 9.2% proveniente de hulla, para un total de 19.4% de carbón en la matrizenergética7.  

Si en Alemania se sigue quemando hulla, ¿que lógica tiene que ya no se extraiga en esta región? ¿Qué piensan al respecto lxs habitantes del Ruhr? Según Stetan Moitra, «la globalización ya no preocupa tanto a nivel local como en los años 90 o 2000. Yo diría que simplemente nos hemos acostumbrado».

En 2018 Alemania anunció el cierre de la última mina de hulla8, combustible que pasó a ser importado de Colombia y Australia. Sin embargo, como señala Stephan Moitra, el impacto de estos cambios en la vida de los residentes locales  —tanto los positivos, como un aire más limpio, como los negativos, como la inseguridad laboral sólo se pueden evaluar desde una perspectiva situada.

Siempre es importante adoptar un punto de vista local, relevante y en sintonía con las experiencias cotidianas de una comunidad. Y sólo uniendo estas constelaciones de puntos de vista podemos definir los fenómenos a mayor escala.

A pesar de la apuesta por desterrar la mina, en Alemania la urgencia de la descarbonización queda parcialmente suspendida por la narrativa de la inminencia de la guerra.

En 2022, el país anuncio la ampliación de las actividades de extracción de lignito y la reanudación parcial de las de hulla9. Sin embargo, lo que sigue siendo una constante en este juego de las «des-» es la búsqueda neoliberal de rentabilidad.

DES-LOCALIZACIÓN, O EL
EMPOBRECIMIENTO DEL SABER-HACER

Los altibajos de la minería de carbón en Alemania no son novedad ni excepción. Gérard Daguin, antiguo trabajador de la empresa siderúrgica Creusot-Loire  —absorbida por Arcelor Mittal y sindicalista, nos habla de la desindustrialización francesa:

Esta situación fue una tragedia, una tragedia para los que trabajaban, pero también para las regiones que fueron literalmente despojadas de sus industrias. Por ejemplo, en los años setenta, 150.000 personas trabajaban en acerías. Se puede decir que estas plantas fueron vampirizadas por entidades financieras, lo que favoreció la absorción de esta profesión multidisciplinar por grandes grupos como ArcelorMittal. Esto provocó importantes cierres. Hoy en día, sólo quedan entre 20,000 y 25,000 personas en la siderurgia en Francia.

A esta pérdida de empleos hay que añadir las pérdidas indirectas. G. Daguin señala que, por cada puesto de trabajo perdido en la industria siderúrgica, se perdieron en consecuencia entre 3 y 4 empleos inducidos en el servicio público. De ahí el gran número de regiones que «no se recuperan», que parecen «siniestradas»10, donde los complejos industriales diversificados que generaban beneficios y productos de alta calidad fueron drásticamente reducidos.

Empezamos a oír el eslogan «Preservamos el núcleo del oficio», y, por esta vía, hemos perdido lo que solíamos llamar «la nobleza del oficio».

La desindustrialización es la historia de la precarización de los controles de calidad, del saber-hacer y de los derechos sociales, así como del agenciamiento de tales cuestiones a un tiempo pasado. En un contexto en el que aumenta la producción de bienes pero se empobrece el saber-hacer, es esencial comprender las especificidades de un territorio, pero también dibujar el mapa resultante de la constante reconfiguración del planeta en el reparto del saber, la riqueza y los residuos.

Según G. Daguin, aún deben reforzarse las perspectivas de ayuda mutua entre territorios despojados por el afán de «ganancia total». En su opinión, si este horizonte parece complicado, lo es por un tipo de agotamiento que hay que añadir a la larga lista de desapariciones de las que oímos hablar a diario: «demasiado contadas son las luchas que triunfan frente al despojo» . Sin embargo, aunque parezca que la generalización del pensamiento  —o al menos de los eslóganesde inspiración ecológica ha puesto de manifiesto que equilibrio medioambiental, tejido social y memoria colectiva son casi indisociables, la articulación de estas cuestiones hacia una perspectiva política de ayuda mutua no es una consecuencia automática del contexto contemporáneo.

Marion Fontaine respondió así a la petición de pronósticos sobre la posibilidad de articulación de las resistencias: «Como historiadora, me pagan por saber que no es posible establecer oráculos, pero también que, precisamente por ello, los virajes más complejos son siempre posibles

DES-LOCALIZACIÓN, O EL EMPOBRECIMIENTO DEL SABER-HACER

«¿Un crassier [escorial]? » ¡Para el stephanois! [modismos de St. Ettienne]! ¡Estamos en el norte! ¡Se dice te-rri-e! Te-rri-e!» Tras este lapsus linguae, Virginie Malolepszy, directora del Centro de Archivos y Recursos Documentales del Centro Histórico Minero de Lewarde (Nord-Pas-de-Calais), logró transmitirnos la importancia de la minería del carbón para la región (Nord-Pas-de-Calais) en la entrevista que mantuvimos con ella:

La historia de la minería del carbón en el norte de Francia se remonta a 270 años y representa casi dos terceras partes del total de la producción nacional de carbón. Esta historia es inseparable del desarrollo industrial y la influencia internacional del país en la actualidad.

Fue una historia que llegó a su fin, al igual que en Alemania, principalmente por razones políticas vinculadas a la importación barata de carbón de otras partes del mundo. Entonces, la historia de la mina, pilar del sindicalismo y de la lucha por numerosas conquistas sociales en Francia, fue borrada en favor de la energía nuclear. Sin embargo, como en Alemania, la historia de la mina parece abrir un nuevo capítulo con la próxima apertura de una mina de litio cerca de Vichy. Ante la petición de un comentario respecto al impacto de este acontecimiento, Virginie Malolepszy sugiere cautela en nuestras interpretaciones.

CONTRAPRESO

La promesa de una transición de las tecnologías basadas en el carbón a un futuro high tech de almacenamiento de energía e información, requiere de tremendas cantidades de litio y silicio para cumplimentarse. Nuestra investigación termina con Beimar Cruz, antiguo sindicalista de la FRUTCAS en Uyuni, Bolivia. Nos habla de la extracción boliviana de litio, que aún no ha comenzado. Beimar Cruz contrasta el caso de la extracción de litio en Bolivia con el de Chile y Argentina, donde se ha empezado a extraer litio a través de iniciativas privadas

Cruz analiza las perspectivas bolivianas de fortalecimiento de la soberanía energética con precaución, ponderando en su análisis, tanto la posibilidad de mejorar las infraestructuras públicas y privadas con las ganancias derivadas de la extracción de litio, como la destrucción ambiental derivada de tal hipotética explotación. Sopesa también las dificultades que implica construir consenso alrededor de tales proyectos.

Tras la nacionalización del litio en Bolivia, el país tomó muchos más años que sus vecinos para comenzar a explotar el mineral a escala industrial. Desde una perspectiva exclusivamente lucrativa, esto podría verse meramente como una pérdida de ingresos catastrófica. No es el punto de vista de Cruz, quien recalca la importancia de garantizar que «si los recursos van a ser extraídos, que sea en beneficio del conjunto de los bolivianos y las bolivianas». Tal valoración de la lentitud de los procesos de toma de decisiones guarda cierta consonancia con las consignas de múltiples colectivos en defensa de la tierra, que ven en la paciencia y la cautela un estado de ánimo mucho más constructivo y deseable que la carrera por el abastecimiento de los minerales del futuro.

*Actualización

En el curso del año 2023, el gobierno boliviano autorizó inversiones por miles de millones de dólares para extraer litio en Bolivia con la expectativa de alcanzar —de acuerdo con las previsiones de Franklin Molina, ministro de hidrocarburos de Bolivia11— una producción de

100.000 toneladas de carbonato de litio, un 39% más que la producción actual de Australia, mayor productor de litio del mundo en 202212. No es el único país en incrementar su producción a este paso. Según previsiones del World Economic Forum, la producción mundial de litio en 2025 triplicará la de 2021. La de 2030, doblaría la de 202513. Las inversiones más fuertes en Bolivia provendrían de los grupos Contemporary Amperex Technology Co. Limited, CATL (empresa china, numero 1 del mundo en producción de baterías), Guoan Information Industry Co., Ltd, CITIC (empresa pública china de infraestructura informática) y la Sociedad Nacional de la energía atómica de Rusia, ROSATOM (empresa estatal rusa especializada en la energía nuclear).

Actualmente, la cuantía de las regalías que Bolivia recibirá por la explotación del litio de su territorio es un debate abierto. Tanto la propuesta radicada en el senado (10% cuando el precio sea bajo, 20% cuando sea alto) como la contrapropuesta de la cámara de diputados (3% cuando el precio sea bajo, 18% cuando sea muy alto) 14 distan mucho del 100% de regalías para la inversión pública boliviana que fue el estandarte de la política pública de extracción de litio de las últimas décadas.

O U T R O

Nuestro estudio concluye que el empleo de la noción «desmaterialización» en el campo léxico de las industrias digitales guarda poco fundamento. La materialidad de las infraestructuras informáticas no es un asunto arcaico, y la apariencia etérea de las operaciones informáticas concuerda plenamente con la retórica de los planteamientos económicos que, en la búsqueda de beneficio, fragmentan los complejos industriales y aniquilan sus singularidades mediante la abstracción. La concentración de las partes más etéreas de estos procesos de producción en clústeres especializados en alta tecnología, informática o finanzas no debe ocultar el impacto material y medioambiental de estas industrias. Aun si familiarizarse con la infraestructura de las tecnologías de la abstracción es complicado, ello es parte fundamental de vivir en un mundo atravesado por tales entornos tecnológicos. También lo es conocer los efectos del funcionamiento de tales sectores, herederos de una larga historia industrial que es necesario rememorar. La memoria no es meramente el almacenamiento de información abstracta; es también la vinculación estratégica, lógica y sensible de las huellas materiales de las condiciones y los entornos de la vida

Por Emilio Sánchez Galán. Imágenes por Clément Montmea.


Nota del editor: Este texto fue publicado originalmente en francés Numérique investigation. Enquêtes sociophotographiques Université Paris 8- ENS Louis-Lumière. La traducción al español estuvo a cargo de Emilio Sánchez Galán.


Propuesta fotográfica: Sea cual sea el mineral, la zona geográfica o el periodo histórico, las explotaciones mineras desarrollan características similares. Decidimos trabajar con imágenes de archivo de la extracción de carbón en Francia, utilizando un algoritmo para añadir prótesis visuales. Estas modificaciones, cargadas de universalismo y que llevan en sí los atributos mineros más esenciales, crean una fotografía que los contiene a todos. Sin embargo, abstraen nuestra imagen de archivo real y concreta aplicándole, de forma casi incontrolada y no reproducible, un implante ambivalente que es esencialmente universal, pero visualmente singular.

Esta obra cuestiona la dependencia de las herramientas digitales de la minería tanto física como virtual, así como la creación de artefactos abstractos introducidos por lo digital en el mundo real.

Agradecemos al Centre Historique Minier de Lewarde la consulta y el uso de su fototeca, que incluye algunas imágenes utilizadas durante el proceso de creación


  1. Numérique et écologie, Françoise Berthoud, Dans Annales des Mines – Responsabilité et environnement 2017/3 (N° 87), p. 72 a 75. Consulta en Dic. 2022.
  2. Rapports annuels de l’Agence Internationale de l’Énergie. Consulta en Dic. 2022.
  3. Key World Energy Statistics 2021 : les chiffres clés de l’AIE. Connaissance des énergies, Sept. 2022. Consulta en Dic. 2022.
  4.  Impact environnemental du numérique : Tendances à 5 ans et gouvernance de la 5G, The Shift Project. Consulta en Dic. 2022
  5. Véase: York, Richard y Bell, Shannon Elizabeth, «Energy transitions or additions? Why a transition from fossil fuels requires more than the growth of renewable energy», en Energy Research & Social Science, Vol. 51, 2019, pp. 40–43. Si bien el aumento constante del consumo energético planetario responde a políticas económicas orientadas hacia el crecimiento irrestricto, desde un análisis tecnológico e infraestructural la tesis de la adición puede sostenerse a partir de la constatación de la dependencia de las innovaciones tecnológicas de ensamblajes industriales basados en formas de explotación energética precedentes —tesis de la «simbiosis energética» desarrollada por Jean-Baptiste Fressoz en Sans transition (Seuil, 2024), traducido al inglés como More and More and More: An All-Consuming History of Energy (Penguin, 2024)—, análisis que debilita aún más la perspectiva de una inercia depuradora en la evolución de los sistemas tecnológicos.
  6. À propos du concept de monnaie, Bernard Courbis, Éric Froment and Jean-Michel Servet, Cahiers d’économie politique /Papers in Political Economy No. 18, Monnaie métallique et monnaie bancaire (1990), pp. 5-29 (25 pages). Consulta en Dic. 2022
  7. Germany’s energy consumption and power mix in charts. Clean Energy Wire, Août 2022. Consulta en Dic. 2022.
  8. – The end of an era: hard coal in Germany, DW, Avril 2018. Consulta en Dic. 2022.
  9. Germany’s energy U-turn: coal instead of gas, DW, Avril 2022. Consulta en Dic. 2022
  10. – Como nos dice G. Daguin -y como muestra el articulo siguiente-la búsqueda de la maximización del beneficio tiende a implicar a entidades financieras cada vez mayores en un sector determinado. Al mismo tiempo, las grandes entidades
  11. Al mismo tiempo, las grandes entidades financieras buscan invertir en empresas con altas tasas de rentabilidad.
  12. Consultar M. Barthélemy M. Varoudakis. “Intermédiation Financière et Croissance Endogène.” Revue Économique, vol. 45, no. 3, 1994, pp. 737–50. JSTOR. Consulta en Dic. 2022
  13. «Bolivia taps China, Russia in bid to unlock huge lithium riches», Al Jazeera. Consultado en Noviembre 2023.
  14. «Chart, countries per lithium production, World» World Economic Forum. Consultado en Noviembre de 2023.
  15. Ibídem.
  16. «Gobierno de bolivia discute consensos por regalias por el litio en el marco de la f’utura ley». Lithium Triangle South America. Consultado en Noviembre de 2023.
Ilustración del balón "Top-Star" utilizado en el Mundial de Suecia 1958. Autor: Pablo Toussaint
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