Argentina, siempre Argentina ¿y hasta cuándo Argentina?

Por Alejandro Moreno Hernández

Durante los últimos años, la selección argentina ha polarizado al mundo futbolístico entre quienes creen este seleccionado ha sido beneficiado por distintos arbitrajes y quienes consideramos que se trata de un equipo que más allá de cualquier polémica ha sido la selección más dominante de esta época. Partamos de la base de que prácticamente ningún campeón del mundo está exento de alguna polémica arbitral; bastaría con ponerse a excavar un poco en el internet para comprobar esto. No me ocuparé aquí de dicha cuestión, simplemente afirmo que la subjetividad arbitral es una parte inherente del juego dado que muchas de sus reglas son de interpretación. Por lo tanto, es imposible prescindir de las discusiones sobre las actuaciones de los jueces. ¿Hay algún error arbitral en este mundial a favor de Argentina? Podría decirse que sí, como también existieron para Inglaterra, Estados Unidos, Francia o Portugal. Sin embargo, en las redes sociales se resaltan mayoritariamente los que beneficiaron a Argentina.

Tras el sorteo, parecía que el camino de Argentina sería complicado. Si la lógica hubiese imperado, Argentina se habría enfrentado a Uruguay en dieciseisavos de final, posteriormente a Turquía o Paraguay y en cuartos de final a Colombia o Portugal para llegar a una eventual semifinal contra Inglaterra o Brasil. Únicamente, ocurrió el cruce de semifinales contra Inglaterra. Uruguay no logró pasar ni como mejor tercero, Turquía nunca llegó al mundial, Portugal no ganó su grupo y Colombia fue eliminada por Suiza. De este modo, el azar jugó a favor de Argentina.

Sin embargo, el país austral no pasó ninguna de las fases de eliminación directa exento de sufrimiento. Se fue a tiempo extra con Cabo Verde, le remontó un 2-0 a Egipto en 15 minutos y cuando el panorama parecía desfavorable contra Suiza, una estupidez de Embolo le allanó el camino que de todas maneras no pudo resolver hasta tiempos extra. Dentro de los medios argentinos, existió un debate hasta ese momento sobre si la selección llegaba con un nivel parecido al de Catar 2022, pues el sufrimiento con selecciones menores parecía indicar lo contrario. Mientras algunos resaltaban el “saber sufrir” del equipo, otros apelaban a que ese sufrimiento debía presentarse con selecciones de mayor calidad.

Finalmente, el miércoles pasado llegó el partido con Inglaterra, un clásico intercontinental. Cualquier persona medianamente familiarizada con la historia argentina sabe que contra Inglaterra no es un juego más. Inglaterra vs Argentina es una disputa cargada de simbolismos. Para los ingleses, están los “animales” que buscan provocar y pegarle al rival todo el tiempo; para los argentinos, están los piratas colonizadores que usurpan un territorio desde hace casi 200 años; para los ingleses, está la frustración de que unos sudacas sean mejores en el deporte que ellos mismos inventaron; para los argentinos, está una guerra humillante. Para los ingleses, está la inaceptable mano de Dios; para los argentinos, está el gol del siglo.

Después de 1986, argentinos e ingleses se enfrentaron dos veces: en octavos de final de Francia 1998 y en fase de grupos de Corea y Japón 2002. En el primer juego, Argentina se clasificó por penales después de que Diego Simeone consiguiese que expulsasen a David Beckham. En 2002, Inglaterra ganó el partido ante el equipo de Marcelo Bielsa.

El partido del miércoles en Atlanta se asemejaba más en el primer tiempo a un partido de Copa Libertadores con muchas faltas y empujones entre ambos bandos tras cada interrupción del partido. En el segundo tiempo, rápidamente Inglaterra se puso en ventaja tras unos primeros minutos nivelados. El gol pareció empeorar a Inglaterra y mejorar a Argentina. Después del 1-0, Argentina fue un vendaval; mostró creatividad para atacar. Cada centro tenía un sentido, no eran ollazos al área. A la vez alternaban con intercambios posicionales de los delanteros y los mediocampistas, además de disparos de media y larga distancia. En suma, si Lionel Scaloni es la síntesis de las dos escuelas futbolísticas de Argentina: el bilardismo y el menottismo, en cada tiempo de la semifinal vimos la expresión de esas dos tradiciones. En el primer tiempo, se impuso el orden, la rigidez, la disciplina táctica y las provocaciones al rival buscando encontrar un espacio en un contragolpe con el Cholito Simeone o con Julián Álvarez: bilardismo. En el segundo, vimos la libertad, la imaginación, el intercambio posicional de un equipo para atacar de las formas más diversas posibles y un manejo envidiable de los tiempos: menottismo.

La nación sudamericana remontó el partido sobre el final con dos asistencias de Messi y goles de Fernández y de Lautaro Martínez. Durante poco más de 40 minutos, Inglaterra parecía un equipo chico defendiendo con todos en su área; un equipo que se mostró sumamente inferior a la calidad individual de su plantel. El segundo tiempo fue el reflejo –como dijo Diego Latorre en la transmisión de ESPN Argentina– de porqué Argentina es lo que es a nivel mundial y de porqué Inglaterra es lo que es. El primero se sienta en la mesa de los cuatro grandes del futbol con Brasil, Alemania e Italia. El segundo tiene la mejor liga del mundo, inventó y le dio reglas a este deporte. Sin embargo, salvo el controversial título de 1966, nunca gana nada porque sus jugadores o su entrenador siempre se achican a la hora de la verdad.

Del otro lado, llega España a la final. Esa selección –que durante el siglo XX acumuló fracasos– ha encontrado su estilo en este siglo. Ya no es la Furia Roja que representaba un estado de ánimo, pero que estaba lejos de ser un estilo futbolístico. La influencia catalana en el juego español es innegable. España ahora desarrolla un futbol de posesión que domina casi a la perfección; frente a la apología del juego físico, España se sitúa en la élite del futbol mundial jugando a uno o dos toques, acumulando pases hasta encontrar espacios. Para algunos, ese estilo puede ser somnífero por momentos pues abusa del pase lateral; para otros, el juego argentino por momentos puede ser marrullero y esa forma canchera rayaría en la violencia y en la trampa. El domingo alguno de los dos se impondrá. De cualquier modo, lo importante es resaltar que ganó el futbol porque ambas selecciones llegaron hasta la final siendo fieles a su estilo; tal vez deban recordar eso Alemania, Brasil e Italia.  

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