Tres poemas

Por Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro

Acerca de madre e hija

Abrazadas durmiendo

Sin brasero ni parafina

Solo una sábana blanca

Apretando el calor

En combate feroz contra la escarcha

Medio sueldo en el bolsillo

Tantas creencias fracturadas

¡Déjame celebrar

Este amor áspero

De madre e hija!

La lluvia cayendo

Desde ese invierno

Que cruje en esa procesión

A crédito que prolonga la odisea

Hasta el trabajo y tu escuela 

De séptimo grado

Taza de té. Marraqueta con mortadela

¡Déjame celebrar

Este amor rústico

De madre e hija!

Palabras sin azúcar

Fuertes como un puñado de árboles

Restregando juramentos incumplidos

Atrincherada en una esquina de la cocina

Botella de vino. Mantel sobre mesa rota

Y desde mis 14 abriles casada a la fuerza

Arranco de un encierro sin voz

¡Déjame celebrar

Este amor rudo

De madre e hija!

No lloraré persiguiendo

Murmullos ni letras

Envasadas como caramelos

De mujeres con apellido

Golpeándose el pecho

Y su discurso empalagoso

De la madrecita tierna

¡Déjame celebrar

Este amor huraño

De madre e hija!

Postrera  independencia

Después de sortear intrigas y laberintos

No hay decálogo que hoy me diga esclava

¡Y tú! querida hija

No me lleves contigo

Desprende el delantal que te ata

A destartalado catecismo añejo

¡Déjame celebrar

Mi adiós apagado

Solo tú y yo: madre e hija!

En esta liturgia de despedida

Tu espíritu rebelde

Sin culpas

De madre a hija

Alzo mi adiós

Testarudo

Y brindo por tu sonrisa de niña

Su cara magullada

Esa noche de abril de un día desconocido

Dijo que tropezó contra un mueble

Antiguo que estaba limpiando

Es lo último que ella recuerda

 

 

Bulle ese fuego rojo desde la tierra

“Nosotros vómito de barcos negreros

Aimé Césaire

 

Bulle ese fuego rojo desde la tierra

Y mi corazón tiene el latido del tiempo

“No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos”

Lo digo ahora venciendo el pánico enfrente

Una ventanilla en la frontera ciega y sorda

Entre la vida y la muerte un camino incierto

Nos hicieron abrir las piernas sin decir nada

Si traíamos droga en la vagina y yo pregunto

Nos hicieron tomar agua con gas sin decir nada

Si traíamos algo en el estómago y yo pregunto

He trabajado de camarera sirviéndote

Hice aseo en tu casa y me gritaste

¡Negra! ¡Negra maraca! Ándate me dijiste

Cuando cayó un plato de mis manos

En el norte sordo y ocre conocí el miedo

No te contrato me decían cuando buscaba trabajo    

Que todas las negras son flojas escuchábamos

No te contrato me decían vienen a quitarnos el marido

Que todas las negras son putas escuchábamos

El amargo del silabario tiñó de tormenta ese día

“Ahí viene la noche” gritaban risas blancas

Arriban del pasado los fantasmas negreros

He de levantar mis ojos después de siglos

En este desierto de palabras aviesas vuelven

A rabiarme los tambores de la esclavitud

 

 

Mermelada de mora sin clavos

(poema-carta)

 

Querida hija

Mientras tú me escribes de ponceos y etiquetas

Besándote de mentira con el primer gandul cibernauta

Atravesado en tu pantalla azul de niña efervescente

Aquí tu padre manda botar a la basura toda la mermelada de mora crucificada

De clavos de olor porque a él que es un macho de pelo en pecho no le gusta

Me cuentas de tus clases de Género

Sí las entiendo

Pero el día a día hija

Yo

Tu madre

Me acuesto sin resolver aquello elemental como decir no quiero y grito

Desde una puerta enrejada entre sábanas mortuorias

Dispuesta a evadir ese hedor insoportable del semen diario y tu padre

Descerraja su bazuca contra mi cara rellenando mi boca

Al estilo RedTube

Espero que nada te pase yo acá revolviendo una y otra vez

Mermelada de mora sin clavos

Buscando una fórmula

Por favor trata de mandarme los apuntes de la profe

Cuando te enseñe

A emanciparte

Besos

Tu madre

PD: no te olvides hija, a las legumbres no debes echarle sal mientras se cuecen

 

 

 

«Mother & Daughter Winter Brooklyn Street 1976 70s – 55th St Boro Park» by Whiskeygonebad is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

 

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