Los cuidados socioambientales: apuntes para la educación ambiental

Por Itzcóatl Jacinto

El presente ensayo consiste en una reflexión conceptual sobre los cuidados socioambientales, con el fin de contribuir a marcos de comprensión de las crisis ambientales. Parte de una explicación sobre los escenarios adversos que se viven en la actualidad por consecuencia del cambio ambiental global, pero con expresiones particulares conforme a cada región, tanto por sus características ecosistémicas específicas como por los contextos socioeconómicos, políticos y culturales. Se apunta que los efectos negativos del cambio climático y la degradación ambiental dependen de las desventajas que presentan los diversos sectores que componen a las comunidades; es decir que están sujetos a la vulnerabilidad de las personas, individual y colectivamente, lo cual es resultado del modelo de desarrollo socioeconómico que también ha ocasionado el deterioro de la naturaleza. Ante este panorama, surge la perspectiva de cuidados como una alternativa de análisis y transformación práctica, que permite rebasar las nociones de un bienestar individualizado, fundamentado en la acumulación de beneficios y oportunidades por algunos estratos sociales mientras que el grueso de la población acusa la suma de daños y perjuicios. Con base en esto, se exploran algunos elementos teóricos y conceptuales de los cuidados para visibilizar sus aportes analíticos.

I

El cambio ambiental global representa una de las mayores crisis para el sostenimiento de la vida. No sólo se trata del cambio climático y el aumento en frecuencia e intensidad de eventos hidrometeorológicos extremos, sino de la conjugación de procesos de degradación ambiental que se retroalimentan entre sí y que acentúan las condiciones ambientales adversas para el bienestar social: la erosión y la declinación de la calidad de suelos, la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos, el agotamiento de las reservas de agua dulce, entre otras problemáticas. Todo ello es inducido y, al mismo tiempo, favorece la reproducción de un fenómeno planetario con repercusiones regionales diversas. Por tanto, la degradación generalizada de la naturaleza repercute de manera diferenciada en los diversos sectores que componen a las sociedades. Conlleva por igual riesgos socioambientales para el sostenimiento de la vida y de los sistemas o medios de subsistencia, por lo que pone en entredicho la posibilidad de que las personas accedan al bienestar, al desarrollo integral o que incluso puedan sobrevivir.

La tierra. Museo del Prado.

En esta crisis sobresale la influencia del modo capitalista de apropiación de la naturaleza, basado en la explotación para generar riqueza. No puede soslayarse que el enfoque de mercantilización de recursos naturales y las dinámicas extractivistas, ambos expresados en la minería, la producción agroalimentaria industrial, los megaproyectos turísticos, la extracción de combustibles fósiles y demás similares, son la causa principal del deterioro de las condiciones y los procesos ambientales. Con este esquema de uso se crean grandes beneficios económicos a costa de la degradación de los sistemas naturales, que se acumulan en élites reducidas mientras los efectos negativos se resienten en grupos sociales cada vez más populosos. Sin embargo, las consecuencias de este modelo de producción no se limitan a la destrucción de territorios naturales, pues está ligado a la precarización de la vida humana.

El paradigma de desarrollo socioeconómico que cimienta a este sistema uniforma las expectativas y los medios para lograr un ideal de bienestar individualizado, que apunta al crecimiento económico y al consumo. En otras palabras, se trata de una “neoliberalización” de la economía, la vida en sociedad y del Estado, que se ha operado con base en desregulación del aparato estatal, privatización de servicios públicos, internacionalización de las agendas públicas nacionales o locales y, entre algunos ejemplos más, legalización de actividades con altos costos sociales, económicos, políticos y ambientales. Asimismo, lejos de ser un modelo que favorezca la erradicación de las desventajas sociales, las ha acentuado con repercusiones directas en la reproducción de la vulnerabilidad social, inhibiendo la autonomía de las sociedades para construir opciones de desarrollo que respondan a sus necesidades, contextos y trayectorias históricas.

El escenario que se ha producido de forma gradual a nivel mundial, pero con expresiones locales particulares, obliga a desarrollar esquemas de acción que incidan en la recuperación y el sostenimiento de las condiciones y funciones clave de los sistemas naturales. A su vez, se requiere garantizar el bienestar y la participación de las comunidades, que, en muchos casos, se han encargado de mantener o restaurar los territorios y ecosistemas de los que dependen no sólo para emprender actividades productivas, sino para vivir con dignidad. No obstante, a la par de trabajar en modelos de intervención de las manifestaciones materiales del cambio ambiental, es relevante entender los contextos en que se suscitan sus repercusiones negativas y las causas por las que las personas sufren de ellas.

II

Tanto en el ámbito internacional como en México, existen desde hace varios años marcos institucionalizados de acción enfocados en revertir, detener o prevenir los procesos de degradación ambiental. Ejemplos claros de ello, en el plano de la cooperación multilateral, son los acuerdos sobre cambio climático, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, los convenios sobre diversidad biológica o los marcos de gestión integral de riesgos de desastres. A nivel nacional se cuenta con leyes e instrumentos de política pública que dictan los términos, objetivos y estrategias para actuar en materia de mitigación y adaptación al cambio climático, conservación de la biodiversidad, combate a la deforestación, regulación de emisiones contaminantes, gestión de recursos hídricos y demás similares. En este sentido, puede considerarse a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente piedra angular de la gestión ambiental, pues da cauce de cumplimiento al derecho humano al medio ambiente sano, reconocido en el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Entre el contexto mundial de crisis ambiental y las respuestas institucionales, sobresale el rol de los cuidados como conjunto de prácticas integrales que ayudan, por un lado, a entender las causas de las problemáticas en función de los modos de apropiación de la naturaleza que implican un potencial de destrucción y despojo, y, por el otro, permiten construir medidas basadas en la protección y la restauración ambiental. Además, los cuidados son relevantes con relación a la reducción de los riesgos y vulnerabilidades de las personas expuestas a amenazas del tipo de los eventos hidrometereológicos extremos o agentes contaminantes, por mencionar algunos.

Los cuidados abarcan una amplia gama de acciones que hacen posible el mantenimiento de condiciones favorables para el bienestar. Desde la conservación de ecosistemas que llevan a cabo comunidades mediante un uso no extractivo, sino que incluso contribuye a la redundancia de la diversidad biológica, hasta la colaboración entre individuos o grupos sociales para construir capacidades de respuesta ante impactos de eventos extremos, los cuidados se revelan en tanto modo de actuación cotidiana con efectos profundos y de largo plazo en la vida de las personas, así como en beneficio de sus entornos. Aunque los cuidados parecen estar en el centro de la gestión ambiental, pensando en los constantes discursos sobre cuidado del agua y de otros bienes comunes naturales, no se cuenta con medidas que reconozcan, analicen, escalen y transformen las formas de apropiación de la naturaleza, la gestión integral de los riesgos o la transición a fuentes de energía bajas en carbono con base en los valores de este esquema. En este punto se abre la oportunidad de reflexionar y trazar rutas de comprensión que posibiliten el reposicionamiento de los cuidados en la administración de acciones frente al cambio ambiental global.

III

Los cuidados son toda práctica que permite mantener y reparar el mundo que habitamos para vivir del mejor modo posible. Esta noción va en contrasentido del paradigma de desarrollo afincado en la generación y acumulación de la riqueza, porque deja de lado la perspectiva de aprovechar el entorno para obtener los mayores rendimientos posibles sin pensar o actuar en el amortiguamiento y el resarcimiento de los impactos de las actividades productivas. En cambio, los cuidados se orientan a la satisfacción de necesidades y a la construcción de condiciones que beneficien tanto a la comunidad como a las fuentes de los satisfactores. De este modo, la producción de alimentos no se dirige a la ganancia económica, sino a cubrir la necesidad cotidiana de alimentarse o a evitar el hambre, por sugerir un ejemplo.

Por otra parte, la definición de los cuidados alude a dinámicas de intercambio y cooperación que es necesario sostener para crear condiciones de bienestar, pero no únicamente entre individuos o grupos poblacionales, pues también existe corresponsabilidad con los medios naturales de los que se obtienen elementos básicos para la vida. “El cuidado es relacional y admite que las personas –los demás seres– y el entorno son interdependientes”. Si bien este argumento no suprime la importancia de la individualidad y de la capacidad de agencia de cada persona, destaca que la vida se forma en procesos sociales diarios, que las decisiones de los individuos afectan y se delinean por su vinculación con el otro y que la hechura de la personalidad depende de la integración en contextos socializados. Cabe agregar que los cuidados son dinámicas de ida y vuelta: las personas pueden ser receptoras y proveedoras de cuidados en sus diferentes etapas, lo cual evidencia que, para que uno se desarrolle, es indispensable contar con el otro, ya sea otra persona, el medio natural, la diversidad biológica y demás elementos constitutivos del entorno.

La agricultura. Francisco de Goya. Museo del Prado.

La interdependencia habla de igual manera de la vulnerabilidad, que, en el enfoque de los cuidados, no es obligatoriamente una condición negativa. Refleja la necesidad de contar con condiciones regulares de bienestar para desarrollarse en lo individual y lo colectivo. Reconocer la vulnerabilidad propia de nueva cuenta muestra los vínculos indispensables para lograr la satisfacción de las necesidades y la posibilidad de participar en la vida pública. Incluso, aceptar las vulnerabilidades individuales y las compartidas constituye una fortaleza respecto a la comprensión de qué aspectos resulta necesario atender para construir las capacidades que permitan afrontar, prevenir o mitigar las consecuencias negativas, en este caso, del cambio ambiental global.

Las perspectivas de los cuidados acerca de la interdependencia y la vulnerabilidad suponen en sí una transformación del entendimiento de las problemáticas asociadas a las crisis socioambientales. Los cuidados ponen al descubierto las prácticas, los procesos y actores que, en la cotidianidad, mantienen y reparan las condiciones de bienestar en territorios que son afectados por actividades que degradan la vida, en beneficio de la generación de riqueza. Con ello, se hace viable el replanteamiento del actuar humano en el mundo, favoreciendo aquellas acciones que cumplen con lo que las personas, otras manifestaciones de vida y los entornos necesitan.

IV

Puesta de relieve la vinculación entre las crisis socioambientales y los cuidados se hace necesaria una definición que permita enmarcar las nociones hasta ahora discutidas. Para esto, se propone el término cuidados socioambientales, que, en relación con la conceptualización precedente sobre cuidado, se refiere a las prácticas y acciones que ayudan a mantener y reparar las condiciones y los procesos ambientales que favorecen el bienestar, no sólo para la satisfacción de necesidades de las comunidades humanas, sino también para garantizar la redundancia de la vida no humana y los diversos elementos que componen a la naturaleza. Los cuidados socioambientales denotan la interdependencia de las sociedades respecto de sus entornos, pues no se trata exclusivamente de que las personas se valgan de los bienes y servicios de la naturaleza o de que se busque la preservación a ultranza de los ecosistemas y sus funciones, toda vez que es indispensable registrar las formas de integración socioambiental, es decir, del desarrollo histórico de las comunidades en contextos ambientales específicos y cómo esos mismos espacios se han beneficiado de la intervención humana para estimular o conservar la diversidad biológica, como ha sucedido con la agrobiodiversidad o con especies animales y vegetales, además de paisajes. De igual modo, es primordial visibilizar la participación de cada sector social en los cuidados socioambientales, debido a que en ese ámbito no puede omitirse el peso que han tenido las mujeres, los pueblos originarios y la población ocupada en actividades primarias para generar conocimientos, estrategias e instrumentos, que contribuyen al bienestar de las sociedades a partir del aprovechamiento de los entornos naturales y al sostenimiento o la restauración de ellos.

Por otro lado, los cuidados socioambientales se conectan con la siguiente idea: aunque los procesos, dinámicas y funciones de la naturaleza no pueden analizarse ni tratarse de la misma forma que aquellos propios de las sociedades (relativos a lo político, económico y cultural), tampoco es posible desligarlos, pues se encuentran en constante interacción y se afectan mutuamente. En consecuencia, los cuidados socioambientales son un quehacer cotidiano que propicia el bienestar de las personas y las comunidades, que depende del cuidado de la naturaleza, pero, a su vez, de comprender que la vida en sociedad está situada en la naturaleza y su desenvolvimiento está en relación con ella. Si bien este tipo de prácticas se ubica en una escala micro, más propia del acontecer diario de las comunidades o localidades, incluso, de los hogares, su aporte a la sostenibilidad de la vida es alto por su impacto de largo aliento en la formación de una regularidad para el mantenimiento de las condiciones ambientales. Por ende, representan tareas complementarias a las grandes intervenciones que se plantean mediante políticas públicas, programas de gobierno o proyectos internacionales para las crisis ambientales del presente y el futuro.

No obstante, esto no significa que sean responsabilidad única de los individuos o comunidades, porque se requiere del acompañamiento y el fortalecimiento de otros actores, como el Estado, para reconocer su valor público y social, y se establezcan los mecanismos que aseguren su continuidad y el trabajo de quienes los llevan a cabo. La participación del Estado es importante sobre todo en la atención de las desventajas con que viven individuos y comunidades para prevenir, afrontar o sobreponerse de las adversidades provocadas por el cambio climático o la degradación ambiental, y que se ligan con la vulnerabilidad social. Aun con la realización de los cuidados socioambientales, pueden existir carencias materiales y organizacionales que impiden a algunos sectores sociales desarrollar o implementar capacidades adecuadas para reducir riesgos por amenazas ambientales.

V

Finalmente, queda asentar que hablar de cuidados socioambientales sirve para resaltar su importancia en la producción y la restauración diaria del bienestar social en relación con la naturaleza, pero también involucra la posibilidad de transformar el entendimiento de las crisis vinculadas con el cambio climático y la degradación de los ecosistemas. Aunque esta segunda cuestión es esencial para aterrizar de mejor manera los modelos de actuación gubernamental conforme a los contextos y las realidades de las comunidades, es aún más transcendental incorporarlo en aquellos campos que inciden en los cambios estructurales de las sociedades y sus dinámicas culturales y políticas, como el de la educación. Al respecto, no se trata sólo de concientizar o sensibilizar a la población acerca de estos asuntos, pues la educación es un ámbito de formación académica, de socialización, generación de conocimientos, construcción de capacidades y perpetuación o modificación de los arreglos que ordenan a las sociedades. La influencia que tiene a lo largo de la vida de cada persona y la que tienen los centros escolares en sus entornos particulares es crucial para crear esquemas que refuercen a ese nivel lo que ya se hace en materia de cuidados o que produzcan las condiciones para la implicación de las comunidades y los individuos en ello.

La premisa de cuidar de la naturaleza y de cuidarse en y con la naturaleza es un punto de partida para trazar las rutas de diseño, consolidación y ejecución de marcos educativos que revaloren la vida en todas sus manifestaciones, así como la dignidad, la corresponsabilidad y el bien común.

Ceres y Pan. Museo del Prado.

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