Editorial: la vida entre mundial y mundial

Por Alejandro Moreno Hernández y Hugo Garciamarín

Una frase que circula entre futboleros y futboleras sostiene que “la vida es eso que pasa entre Mundial y Mundial”. Este número de Revista Presente recorre la historia de los Mundiales con ese pulso caótico, atravesado por el azar, capaz de alternar júbilo y desazón dentro de la amplia gama de grises que define la vida. La edición prescinde de un eje único y convoca una constelación de miradas, voces y registros. La invitación a las y los autores abrió un margen amplio para decidir qué contar y desde dónde hacerlo, con énfasis en personajes, partidos, culturas, aficiones y escenas del mundo que cada quien consideró significativas. Así, la pluralidad y la libertad creativa de quienes escriben establecen el hilo que articula el conjunto.

El número reúne a autoras y autores de Argentina, Brasil, España, Italia y México, formados en disciplinas como geografía, ciencia política, teoría política, economía, historia y relaciones internacionales. Cada texto se ocupa de un Mundial específico y construye una entrada situada en su tiempo y en sus tensiones. El conjunto incluye una reflexión sobre los doce años sin torneos entre 1938 y 1950, un intervalo que marca una fractura histórica y que permite observar la relación entre la guerra, la reorganización del orden internacional y el retorno del deporte como espacio de encuentro.

Tres Mundiales reciben un tratamiento doble: Italia 1934, Argentina 1978 y México–Estados Unidos–Canadá 2026. Este énfasis abre la mirada hacia elementos políticos que atraviesan el juego y que adquieren densidad en esos casos: el uso instrumental del espectáculo de masas, la proximidad con coyunturas bélicas y su procesamiento simbólico a través del deporte, así como la articulación entre escalas nacionales y regionales. La estructura de lado A y lado B ofrece dos aproximaciones para cada uno de estos torneos y expone la complejidad de sus contextos y significados.

Pelé. Ilustración realizada por Pablo Toussaint

Así, iniciamos nuestro recorrido con un texto provocador de Jacob Weiner, quien delinea una paradoja entre las misiones de la FIFA de unión y fraternidad y la creación de megaeventos deportivos pensados como mero entretenimiento; pues, en su opinión, estos últimos no generarían unión. De esta forma, la incipiente profesionalización del fútbol exponenciada a partir de Uruguay 1930 sitúa a las masas en un lugar de pasividad, que impide el establecimiento de lazos comunitarios. 

En Italia 1934, Luis Alfonso Gómez establece que para el fascismo los deportistas eran “héroes” y la “encarnación del hombre nuevo”. Quizás, por eso, Benito Mussolini ocupó todos los medios (legales e ilegales) para garantizar la obtención del título italiano.  De igual manera, Antonio Nájera desarrolla la ineludible relación del fascismo con este mundial, inclusive en cómo en los estadios se entonaban las marchas e himnos fascistas. 

Patricio Urruchua distingue al juego y a la guerra como lógicas antitéticas, pero nos recuerda que, durante Francia 1938, estuvieron imbricadas, especialmente en la final bajo la amenaza de Benito Mussolini al seleccionado italiano.  Ricardo Arredondo nos sitúa en un periodo poco reconocible para el fútbol: la Segunda Guerra Mundial. Rememora los usos que el autoritarismo (en este caso alemán) le ha dado al deporte, sirviendo, por un lado, como entretenimiento, y por el otro, como  “pegamento social”.

Ricardo Arredondo aborda, entonces, cómo la Segunda Guerra Mundial interrumpió el curso regular del fútbol internacional y evidenció su estrecha relación con el poder político, que lo utilizó como instrumento de propaganda, cohesión social y control simbólico. No obstante, a partir de episodios como la cancelación de los Mundiales de 1942 y 1946, los partidos en contextos de ocupación y las estrategias de los regímenes totalitarios, expone cómo el fútbol también funcionó como espacio de catarsis. La guerra produjo una ruptura histórica que dejó una generación sin Mundial y abrió interrogantes sobre los posibles campeones ausentes, al tiempo que preparó el terreno para el regreso del torneo en 1950 como signo de recomposición del orden internacional.

Beckenbauer. Ilustración realizada por Pablo Toussaint.

En Brasil 1950, Iztcoátl Jacinto, a través de un cuento, narra el famoso Maracanazo. El día que Brasil sería campeón del mundo, en el regreso de la competencia mundial luego de la guerra, fue arruinado por un puñado de uruguayos, que se sintieron humillados por la prensa y la afición brasileña que consideraban tener el partido ganado aún antes de jugarlo. Jonathan Montero, posteriormente, resalta Suiza 1954, remarca que el primer título alemán no sólo significó el inicio de la grandeza de la selección alemana (al final siempre gana Alemania, parafraseando a Gary Lineker), sino que reformuló un nacionalismo alemán, señalado, dividido y golpeado tras la Segunda Guerra Mundial.

En Suecia 1958, Brasil por fin sería campeón del mundo, pero no sólo eso: cambió la manera de entender el juego, en opinión de David Prado. El juego brasileño destacó el amague, el regate, la finta y toda una serie de recursos técnicos y estéticos utilizados para “engañar” al rival, que eran hasta ese momento poco conocidos. Jonathan Ferreira, por otra parte, caracteriza a Chile 1962 como un momento bisagra, pues se sitúa en la historia de Brasil entre el primer campeonato de 1958 y la consagración de Pelé en México 1970. Además, Chile 1962 fomentó la caracterización de Brasil como “el país del fútbol”. 

Para Inglaterra 1966, Rodrigo Salido Mulinié destaca historias poco conocidas acerca del trofeo y sus desapariciones, que tal vez guardan paralelismos con aquel gol fantasma de Geoff Hurst que definiría la final a favor de los ingleses. Uno de nosotros, en México 1970, destaca a dos selecciones: la mexicana y la brasileña, y las maneras en que la suerte y el destino definen el resultado del juego (y de la vida). Así, la historia de México desde 1970 parece estar marcada por la mala suerte, que le impide dar un paso para inscribirse –al menos– dentro de los 8 mejores del torneo. La historia de Pelé, en cambio, parecía predestinada a la inmortalidad: la presión política y popular para jugar su última copa, las imágenes del mundial transmitiéndose alrededor del globo, el Estadio Azteca como escenario de su heroificación y un rival tan grande como Italia daban el contexto perfecto para abrirse paso dentro de las leyendas del juego. 

Sebastián Alarcón presenta el Mundial de Alemania 1974 como un escenario en el que la política y el miedo marcaron cada fase del torneo, desde la organización bajo estrictas medidas de seguridad tras el atentado de Múnich hasta la presencia de selecciones vinculadas a regímenes autoritarios y conflictos ideológicos de la Guerra Fría. En ese contexto, el fútbol operó como un espacio donde se proyectaron tensiones globales, como el enfrentamiento entre las dos Alemanias o los episodios que involucraron a Chile, Zaire y Haití. 

Rainer Matos, en tanto, muestra el ambiente de Argentina 1978, bajo el contexto de una dictadura militar, que desapareció alrededor de 30 mil personas. Así la relación del fútbol con el autoritarismo volvió a estar latente como en la Segunda Guerra Mundial o como en Italia 1934. Javier Franzé, por su parte, observa la manera en la que la contingencia y la fortuna son factores cruciales del juego y de la política. En Argentina 1978 la dictadura, que politizó el juego en aras de apuntalar su imagen, terminó por abrirle una puerta a las Madres de Plaza de Mayo y dar la imagen contraria que la dictadura pretendía. 

Como intermedio, Pablo Toussaint analiza el simbolismo e historia de las mascotas de los mundiales, desde World Cup Willie para el Mundial de Inglaterra 1966, hasta la triple pro- puesta del Mundial de 2026 con Maple, Clutch y Zayu.

Dante Guillermo Celis también desarrolla la relación del fútbol con el autoritarismo, pues la elección de España como sede del Mundial 1982 fue efectuada durante el régimen franquista. Sin embargo, paradójicamente el evento —al ser realizado en la época de la transición española— promovió la imagen de una España libre y democrática. Por otra parte, Gibrán Ramírez explica que en México 1986, pese al agotamiento del régimen que cuenta la historia de la transición a la democracia, el anfitrión todavía contaba con un proyecto de país, con un horizonte colectivo que podía verse a través de la arquitectura, los estadios y el crecimiento de las ciudades. 

Maradona. Ilustración realizada por Pablo Toussaint.

Para Italia 1990, Julián Melo se centra en la figura de Diego Armando Maradona, para discutir un concepto tan polémico como el de la (in)justicia tanto en el juego como en la política. Agostina Saracino plantea que Estados Unidos 1994 fue un punto de inflexión en el que la globalización del fútbol se consolidó bajo una lógica comercial que transformó su sentido cultural y político. A partir de la caída de Maradona, convertida en símbolo del fin de una forma de entender el juego y el estrellato, se describe un torneo atravesado por el avance del consenso neoliberal, la expansión del negocio futbolístico impulsado por la FIFA y la progresiva desvinculación entre el espectáculo y las identidades populares.

En Francia 1998, César Martínez contrapone dos modelos de modernidad, de nación y de fútbol. Por un lado, aparecía una Francia que abrazaba su diversidad racial y religiosa a través de figuras como Patrick Vieira o Zinedine Zidane. Por el otro, el exacerbado nacionalismo mexicano promovido por la televisión “desde arriba”, donde fomentan hacerle creer a la sociedad que el país (futbolísticamente) es mejor de lo querealmente es.

Gastón Souroujon aborda el primer mundial del siglo XXI, Mundial Corea-Japón 2002, con una dinámica espacial que va de lo global a lo más local: para ese Mundial, Argentina llegaba como máximo favorito con un equipo plagado de figuras; no obstante, fracasó estrepitosamente en la primera ronda y no consiguió otorgarle una alegría a su pueblo, ni ser un salvavidas para varios comercios pequeños que sobrevivían con préstamos usureros como consecuencia del famoso corralito.  

Para Alemania 2006, Jacques Coste realiza un paralelismo entre la selección mexicana y su política. A través de cuestionamientos contrafácticos, nos invita a reflexionar sobre otros cursos posibles en aquel verano de 2006. ¿Qué hubiese pasado si Maxi Rodríguez no hubiera metido ese gol? ¿Qué hubiera pasado si La Volpe hubiese continuado por 4 años más al frente de la selección? ¿Qué destino hubiese tenido la democracia mexicana si en 2006 la clase política se hubiese mostrado capaz de sostener una alternancia con la izquierda? ¿Qué hubiera ocurrido si López Obrador hubiera sido presidente en 2006 y no en 2018? 

Franco Bavoni, por su parte, examina los costos de largo plazo que implica para las naciones emergentes organizar un Mundial. Sudáfrica 2010 proyectó la imagen de una nación arcoíris, multicolor, que buscaba dejar atrás el rezago económico. Sin embargo, los costos del torneo resultaron desproporcionados y recayeron en el país anfitrión, sin una distribución equivalente con la FIFA. Esta carga derivó en déficits financieros significativos para la nación africana y no logró integrar plenamente a las comunidades históricamente relegadas por el apartheid. 

Para Brasil 2014, Daniel de Mendonça describe un clima político convulso, marcado por el deterioro económico y por una reconfiguración de la protesta. Sectores que se asumían como “ciudadanos de bien” salieron a las calles para cuestionar el gasto del Mundial y el impacto del caso Lava Jato. El torneo se disputó en un entorno de polarización profunda que se ha prolongado hasta el presente.

En Rusia 2018, Alessandro di Mattia se centra en el momento de masificación de los datos como herramienta para entender el juego. No sólo estamos hablando del VAR, sino de la intención de cuantificar cualquier movimiento dentro del campo en aras de prever cualquier escenario. Sin embargo, el autor recuerda que el juego es irremediablemente azaroso.  Diana Plaza, en tanto, observa en Catar 2022 un caso claro de statecraft, donde el deporte sirve como herramienta al Estado para ganar influencia y reconocimiento internacional. Además, el Estado busca ampliar su poder a diferentes escalas. Así, mediante este magno evento, Catar logró en poco tiempo posicionarse en el imaginario global. 

Por último, Mónica Nuño se centra en la tragedia persistente de los desaparecidos en México, y subraya que mientras los visitantes verán un atractivo España vs Uruguay en Guadalajara, a pocos kilómetros del Estadio Omnilife existen fosas clandestinas. El espectáculo seguirá, los turistas mirarán sólo el verde césped al igual que el gobierno local como el federal y la misma FIFA.  Finalmente, en México-EUA-Canadá, otro de nosotros se enfoca en una coincidencia temporal de la política y del fútbol: la transición hacia algo desconocido y el agotamiento del orden que se exaltó en Estados Unidos 1994.

En resumen, la persona lectora encontrará en este número una diversidad de textos que resaltan la relación entre política y el “más popular de los deportes”. No encontrará datos, ni estadísticas de los mundiales, ni resúmenes de los torneos. Todo eso es de fácil consulta en internet. En cambio, hallará metáforas, paralelismos, imbricaciones, articulaciones impensadas, retratos de distintas épocas, y sobre todo una invitación a imaginar los mundiales desde la experiencia de la vida misma.

Menotii. Ilustración realizada por Pablo Toussaint.

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