Rafael Nadal y la lucha contra el cuerpo

Por Ricardo Arredondo

Cuando era niño/adolescente yo quería ser dos personas: Ronaldinho, astro brasileño, genial en el Barcelona; y Rafael Nadal. Aun está en mi memoria el comercial de ESPN que empezaba tal que así: “Rafael Nadal, Roger Federer, Novak Djokovic: son la nueva generación del tenis”. De los tres, el español siempre fue mi favorito. Tal vez porque la elegancia de Federer era muy perfumada, su estilo danzante en el que casi flotaba con cada golpe era algo inimitable; mientras que el español era desparpajado, intenso. Para traerlo al fútbol, era Beckham contra Ronaldinho y, como ya lo dije, yo quería ser Ronaldinho.

Apenas en mayo de este año el documental salió a la luz. Lo que nos mostró fue una faceta de Nadal que, si bien uno podía entrever por las formas en que se desarrolló su carrera, no se alcanzaba a dimensionar. El nivel de abstracción mental y estrés físico que el tenista mallorquín vivió en los más de 20 años que jugó a su deporte lo convirtieron casi en un Sísifo del tenis.

La serie es una gran obra narrativa contada a dos tiempos: por un lado, 2024: la vida de un Nadal avejentado, con una calvicie cada vez más difícil de ocultar, sometido a un estrés permanente y a una frustración insufrible por su incapacidad de controlar el cuerpo; en otra línea narrativa se encuentra la carrera de Nadal desde su niñez, naciendo con una raqueta en la mano y en una familia extendida, siendo el niño maravilla del tenis mallorquín primero, y español después.

La carrera de Nadal fue una constante batalla física. La exigencia por jugar al tenis desde pequeño, cuando aun su cuerpo no terminaba de formarse, le hizo generar una enfermedad en el pie que arrastrará a lo largo de su vida. Esta lesión le provocaba un dolor intenso en uno de sus pies, por lo que jugó con plantillas casi toda su carrera. Nadal ganó todos sus trofeos sufriendo una agonía, forzando su mente a olvidar las punzadas para poder arrastrarse por la arcilla como si estuviera en una pista de hielo. Cuando las plantillas no fueron suficientes, Nadal recurrió a la aguja. En Indian Wells 2013, Nadal venció en la final a Del Potro jugando el torneo con infiltraciones.

La constante lucha de Nadal contra su pie primero, y contra su rodilla después, es uno de los elementos que tejen la trama de este documental. Su eterna rivalidad, primero con Federer, y después con Djokovic, es otra. La aparición del tenista suizo al final del primer episodio se siente como una descarga de adrenalina: la historia del niño maravilla que se dirige en ascenso sin pelea se enfrenta a uno de sus némesis.

Para muchos, la mayor rivalidad deportiva de la historia fue esta. Se enfrentaron en 40 ocasiones, con 24 victorias para Nadal y 16 para Federer. En finales de Grand Slam, 6 a 3 para el español. El rey de Roland Garros contra el rey de Wimbledon. La imponencia de Federer se ve en la frustración del joven Nadal que, en sus propias palabras, veía al suizo como superior. Su propio tío, Toni Nadal, creía que Federer era superior a Rafa.

Y es justamente Toni Nadal el otro gran protagonista de esta historia. Toni entrenó a Rafa desde que este apenas pudo sostener una raqueta, y juntos llegaron a ganar Grand Slams. El respeto, miedo y admiración que Rafa tenía a Toni se deja entrever cada vez que habla sobre él. Una relación tensa a la vez que amorosa. Toni fue realmente la figura paterna más relevante en la vida de Rafa, aun cuando la relación de este con su padre fuera sana.

La intensidad que Toni ponía en los entrenamientos del joven Rafa, buscando llevarlo a su límite, generaba una sensación de inseguridad en él. Quería ser cada vez mejor, no por ego, sino para satisfacer a su tío, para no decepcionarlo. Fue su ángel y su demonio.

Las lesiones mermaron la carrera de Rafa. La utilización de plantillas terminó por generarle muy pronto problemas en sus rodillas. La necesidad constante de analgésicos; la búsqueda de médicos que hicieran milagros; el pensamiento que se asomaba sobre el retiro; todo esto hizo que la calidad de Nadal no llegara a cosechar todos los frutos que, en otras condiciones, pudo haber obtenido. Aun así, Nadal se convirtió en el segundo tenista con más títulos de Grand Slam en la historia.

Nadal, el rey de Roland Garros y de la superficie de la arcilla se volvía temible aun en esos últimos días de carrera, donde arrastraba su cuerpo a la pista sin saber si ese sería su último partido. Las estadísticas de Rafa en Roland Garros son impresionantes. Perdió cuatro veces. Ojo, no cuatro finales: cuatro partidos en toda su carrera. Ganó este torneo 14 veces; un récord de dominio incomparable, que parece imposible de romper: en este y en cualquier otro Grand Slam.

Después de ver esta docuserie valoré mucho más a Rafa, el que yo quería ser de niño. Cuando Rafa ganó su primer Roland Garros yo tenía 8 años; cuando ganó el último ya contaba 25. Los amantes del tenis la disfrutarán como nadie; los amantes del deporte tienen acá una historia que te permite meterte en las mentes de esos grandes campeones, entender su idiosincrasia, sus retos y la vida de sacrificio, algo que ya han hecho otras series, como No tenéis ni p*** idea, que sigue a Luis Enrique en su primera temporada como entrenador del Paris Saint-Germain; o la ya clásica The Last Dance sobre Jordan y los Chicago Bulls.

Nadal se volvió esclavo del tenis; por ello nos dejó a un prototipo de atleta que difícilmente volveremos a ver en este deporte. La serie de Netflix humaniza su historia, lo que lo vuelve más loable.

Nadal en la pista de Roland Garros. MARCA.

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