Los estudiosos del fenómeno fascista han insistido en el papel primordial que juega el control de las elecciones en su implantación. La cooptación del sistema electoral es un paso sine qua non del fascismo, para después pasar a su destrucción. Y el control del sistema puede pasar, primero, por una campaña para su descrédito, para pasar después al control de facto de las instituciones electorales. Un elemento que se repite en los casos italiano y alemán es el de la violencia electoral.
Tanto en la Alemania nazi como en Italia fascista, la participación en elecciones no fue un ejercicio democrático libre, sino que estuvo marcado por la intimidación física para reprimir a los simpatizantes de la oposición. Es el caso de las elecciones alemanas de 1933, donde los “nazis, con el aparato del Estado a su servicio, desplegaron una campaña de terror y violencia. Las tropas de asalto de los camisas pardas boicotearon actos políticos, destrozaron las sedes de los comunistas y los socialdemócratas y apalearon a sus rivales”.[1]

Algo similar sucedió en las elecciones italianas de la década de los veinte, realizadas en “condiciones de extraordinaria violencia”, en un “ambiente de terror y de flagrantes ilegalidades” donde los candidatos fascistas obtuvieron mayoría.[1] Esto fue acompañado por reformas del sistema electoral que beneficiaban al partido fascista garantizando mayorías artificiales en el parlamento, como fue el caso de la Ley Acerbo.
Ante la proximidad de las elecciones intermedias en los Estados Unidos, los ojos están puestos en el gobierno de Donald Trump ante una más que probable derrota. Su comportamiento con las elecciones puede ser el punto de quiebre en su política interior. Walter Olson de Cato Institute ha sido explícito en uno de sus más recientes artículos titulado “Draw the Line Now Against a Trump Election Takeover”.[2] Rumores dentro del trumpismo hablan de la posibilidad de que el presidente declare una emergencia nacional, que le daría poderes extraordinarios para impulsar cambios a las leyes electorales y beneficiar a su movimiento.[3] La conclusión de Walter Olson es concisa: “Todo aquel que se preocupa por el federalismo y la Constitución, especialmente los legisladores, deberían trazar una línea en contra de esta idea ahora mismo”, pues ha sido claro que el segundo mandato de Trump ya ha intentado alterar el sistema electoral a través de órdenes ejecutivas, mismas que cortes federales han detenido.
¿Podrán las cortes detener la avalancha Trump, especialmente en el tema electoral? Rick Hasen ya puso atención sobre este tema en su artículo en Election Law Blog[4]: es el Congreso el último órgano que debe velar por las elecciones, y los mecanismos de Trump, mismos que ya utilizó para la imposición de arancelesde manera discrecional, ya fueron revertidos por las cortes; lo mismo, dice Hausen, aplica para sus posibles órdenes dirigidas a alterar el sistema electoral.
Estas órdenes ejecutivas, en último término, ponen en tensión la relación entre el poder de la federación y el de los estados, pues es jurisdicción de estos últimos organizar las elecciones. Apenas el pasado martes 31 de marzo, Trump firmó una nueva orden ejecutiva para crear una lista nacional de votantes elegibles y para restringir el voto por correo. Esta medida viola directamente la Constitución y, seguramente, será revertida por un juez.[5] Pero desnuda la intención del presidente de interferir directamente en las próximas elecciones, seguramente creando un escenario de crisis institucional similar a la que se vivió el 6 de enero de 2021.
Al momento de escribir esto, grupos activistas del derecho al voto en Estados Unidos ya impusieron una demanda en contra de la orden ejecutiva del presidente Trump del 31 de marzo, alegando que viola explícitamente la Constitución al invadir jurisdicción de los estados en las leyes electorales.[6]
A esto hay que sumarle, además, la variable ICE. Desplegados hace unas semanas en aeropuertos, el propio Steve Bannon dijo que esto era una prueba para después ser utilizados en las elecciones de este año. “Podemos usar esto como una prueba […] para perfeccionar realmente la implicación de ICE en las elecciones intermedias de 2026”, dijo Bannon en su podcast.[7]
A este contexto se sumó la guerra en Irán, misma que también estiró la liga sobre los límites del poder del presidente respecto del Congreso. La guerra, además, es otro de los elementos fundamentales en la implantación del fascismo, como han anotado los autores antes citados. Dice Lozano: “Lo que necesitaba Italia, según Mussolini, era una serie de guerras que habituasen al pueblo a las privaciones. Mussolini continuó despreciando a los burgueses y tomando medidas absurdas para “endurecer a los italianos””.[8] Robert Paxton ve en el fascismo la sustitución de la razón por la sensibilidad y la estética de la guerra, que le dotó de su mayor impulso: “Fue la guerra la que aportó el impulso radicalizador más claro del fascismo. […] Parece ser regla general que la guerra es indispensable para el mantenimiento del tono muscular fascista”.[9] Curiosamente, dice Paxton, también la guerra ha sido el motivo de la defunción de estos sistemas totalitarios (el alemán y el italiano).

No parece, empero, que la guerra sea tan atractiva para el ciudadano promedio estadunidense. Va en contra, además, de la propia agenda trumpista antes de este segundo término (algo que algunos republicanos, entre ellos Marjorie Taylor Greene, no han dejado de recordarle). Sin embargo, la situación es errática (propiciada por el propio discurso incoherente, intestino y superlativo de Trump). De momento, no parece que la guerra en Irán vaya a servir para reforzar el poder del presidente al corto plazo; sin embargo, es posible imaginar escenarios donde se utilice de pretexto para poner en jaque a las instituciones estadunidenses, especialmente durante el escenario electoral del próximo noviembre.
Sin duda, las elecciones intermedias de este año serán unas de las más interesantes de los últimos años, pero también de las más preocupantes para el mundo entero. La historia demuestra la fragilidad de los sistemas electorales; su resquebrajamiento no es producto del arrebato narcisista de un solo hombre, sino el producto de condiciones históricas concretas. La combinación de crisis económicas, tensión internacional, surgimiento de grupos antiliberales que utilizan la propaganda para dinamitar instituciones, son algunos de los elementos que coinciden en los casos de las crisis democráticas occidentales desde el siglo pasado.
El caso debe ser un ejemplo para nuestro país. Desde hace unos años, en México se discuten reformas electorales y políticas que pudieran tener consecuencias a largo plazo. Es un error pensar ahistóricamente; la transformación del escenario político forma parte del desarrollo histórico de las naciones. Crear herramientas institucionales que beneficien al partido en el poder hoy, pero que pudieran ser aprovechadas en el futuro por regímenes radicales de cualquier color político, es no pensar en términos históricos; es no tener conciencia de los futuros posibles.

[1] Tim Bouverie, Apaciguar a Hitler. Chamberlain, Churchill y el camino a la guerra, Barcelona, Debate, 2021.
[2] Álvaro Lozano, Mussolini y el fascismo italiano, Madrid, Marcial Pons, 2013.
[3] https://www.cato.org/blog/draw-line-now-against-trump-election-takeover?utm_source=hootsuite&utm_medium=twitter&utm_term=&utm_content=&utm_campaign=
[4] Según reportó Democracy Docket, que incluye un supuesto documento filtrado al respecto. https://www.democracydocket.com/news-alerts/exclusive-read-the-draft-executive-emergency-order-for-trump-to-take-control-of-elections/
[5] https://electionlawblog.org/?p=154434
[6] https://apnews.com/article/donald-trump-mail-voting-elections-47cc334b1fb7742244a9c4f176b355cd?taid=69cc425d061e480001087118&utm_campaign=TrueAnthem&utm_medium=AP&utm_source=Twitter
[7] https://www.brennancenter.org/our-work/analysis-opinion/voting-rights-groups-challenge-executive-order-mail-ballots-illegal
[8] https://www.democracydocket.com/news-alerts/bannon-trump-ice-airport-deployment-test-run-2026-midterm-elections/
[9] Álvaro Lozano, op. cit., p. 139.
[10] Robert Paxton, Anatomía del Fascismo, Madrid, Capitán Swing, 2019.






