Irán y la política del fuera de lugar

Por Armando Luna Franco

Uno de los tantos motivos por los que el futbol es el deporte preferido a nivel mundial es su simpleza. Cualquier persona puede jugarlo, cualquier espacio sirve de cancha, a veces no hace falta ni un balón, sólo algo qué patear. Incluso no necesitas a mucha gente: ya sea que juegues contra tu sombra practicando tiros y gambetas, o que simplemente sean dos personas. En el momento donde existe una oposición, existe el futbol.

Sus reglas son igualmente simples: sólo el portero puede jugar el balón con las manos dentro de la cancha, en el área asignada para él. Si el esférico sale por las bandas laterales, puede regresar con un saque de manos. Si hay una falta, se reinicia el juego con un tiro libre directo o indirecto (es decir, si puedes tirar a portería o debes pasar primero para que sea posible). Si la falta ocurre en el área, se tira un penal: un mano a mano entre el portero y el tirador donde sólo el azar tiene la última palabra. Si la falta pone en riesgo la integridad física de los jugadores, puede amonestarse o, incluso expulsar al agresor.

La simpleza del futbol es motivo de pasión y controversias. No hay paradoja más bella que esa: por su simpleza, las reglas son motivos de acaloradas discusiones y arrebatos cuando intervienen en el resultado de un partido. Si, contra Gramsci, existe el sentido común, sólo existe en el futbol: todas y todos tenemos clarísimas las reglas hasta que se usan en nuestra contra. Pero si son futboleros y azuzados, habrán notado que no mencioné la que es, tal vez, la regla central del futbol: el fuera de juego, también llamado fuera de lugar.

Fuera de lugar. Irán. Captura de pantalla. Excelsior.

A veces pienso que el fuera de juego es, más que una regla, un acto de fe. Es la regla que divide a los advenedizos de los iniciados. Mientras uno ve un partido y el árbitro central pita un fuera de lugar, habrá quienes dicen sin titubear “fue clarísimo”, mientras que otros refutan con un “árbitro ciego”. También llamado posición adelantada, su enunciación suele ser simple, como establece la International Football Association Board[IFAB] (el cuerpo que determina las reglas del futbol):

Un jugador incurre en fuera de juego cuando se encuentra en una posición en la que no tiene permitido recibir el balón de un compañero de equipo si con ello gana una ventaja inmerecida. Un jugador comete una infracción si participa en el juego de forma activa desde una posición de fuera de juego cuando un compañero de equipo ha tocado o jugado el balón (de manera voluntaria o involuntaria).

A pesar de la relativa claridad de la regla (fuera de juego es tener una posición ventajosa e indefendible en la cancha para anotar), parte de la polémica y la mística que encierra está en cómo se entiende dicha claridad. La lista de campeonatos, carreras y destinos que han cambiado por considerar si un jugador estaba o no fuera de lugar es demasiado larga, bien podríamos hacer una enciclopedia. Al final, si una regla queda a discreción del silbante es esta. El fuera de lugar es hasta metafórico: es fácil saber qué es, pero es muy difícil señalarlo, como lo que ocurre con las reglas y las normas en la vida.

La definición oficial en las reglas del juego del IFAB establece que las partes del cuerpo que constituyen el fuera de lugar son la cabeza, el tronco o la pierna (incluido el píe), sin contar manos o brazos. No existe ambigüedades en su redacción: dado el plano de la línea invisible que se forma entre el penúltimo defensor y el portero, ninguna de esas partes del cuerpo puede estar delante de la línea o aplica la regla 11. La implementación del VAR y del SAOT (siglas en inglés de Tecnología Semiautomatizada para la detección del fuera de juego) transformó sustancialmente la dinámica del fútbol, y el fuera de juego no fue la excepción.

Como nos ha mostrado este Mundial, hay jugadas que a simple vista no parecen fuera de juego, pero que tras la detección por el sistema y la revisión arbitral se convierten en uno. Hay casos donde el sistema aclara una decisión que, a primera vista, parecía sospechosa. En otras, que son las que me interesan por motivos futbolísticos y extrafutbolísticos, la activación del sistema se da en dimensiones milimétricas que llevan a dudar de la supuesta automatización del SAOT.

Previo al inicio del torneo se introdujeron reglas y modificaciones a probar, y entre ellas está el ajuste el SAOT. Como reporta esta nota, el sistema envía una alerta sonora si un jugador parece claramente fuera de juego por más de 10 centímetros tras la línea. El sistema, como explica la nota, también genera reproducciones digitales en 3D de los jugadores para ofrecer evidencia, como hemos visto en la transmisión de los partidos. La fase de grupos del mundial estuvo repleta de ejemplos del uso de esta tecnología para anular goles que, a simple vista, no parecían estar fuera de juego, pero la selección que enfrentó las consecuencias más severas fue Irán.

Al final del partido contra Egipto, los iraníes tenían la oportunidad de clasificar sin depender de otros al vencer a la escuadra comandada por Mo Salah. Con el marcador empatado a 1, Mohanad Lasheen cometió una falta y dio oportunidad de un tiro libre para Irán. Tras el tiro de Ramin Rezaeian al área hubo dos intentos de remate sin éxito, pero el tercer intento de Shojae Khalizadeh entró. La euforia persa no se hizo esperar, pero la alegría fue cortada tras anunciar que el gol era anulado por un fuera de lugar.

Aunque buscaron la victoria, la derrota anímica era clara y el partido terminó empatado. Tras los partidos finales de la fase de grupos, Irán fue eliminado al quedar fuera de los mejores terceros lugares. Además de ese gol, Irán tuvo dos goles más anulados por fuera de juego, uno contra Nueva Zelanda que fue claro en la transmisión y otro contra Bélgica en un tiro libre que también causó dudas. Tanto en ese gol, como en el de Egipto, el SAOT mostró que se rompía el plano del fuera de juego por fracciones del cuerpo, en posiciones que difícilmente aducían ventaja táctica.

Sin embargo, dado que el sistema detectó un fuera de lugar, los árbitros validaron ambas decisiones. En un mundial donde Irán enfrentó adversidades extracancha fue un clavo más a un doloroso ataúd. No sobre recordar lo que la guerra entre Irán y Estados Unidos significó para la selección: desde el sorteo, el gobierno estadounidense negó las visas a directivos de su federación. La negativa de visas para que la selección instalara su concentración, previo al mundial, casi causa que se retiraran del torneo, hasta que México intervino para recibirlos en Tijuana.

La intervención estadounidense con el favor de Gianni Infantino, que no maquilló su política de apaciguamiento hacia Donald Trump, creó un entorno hostil para la selección iraní. A pesar de las adversidades, tener que ir y venir el mismo día del partido desde México hacia la costa oeste estadounidense, fueron una selección competitiva en los tres partidos. Su eliminación no quedó en la cancha, sino fuera de ella y eso es lo que la hace tan desgarradora. Que además recayera en una de las reglas más polémicas del futbol, aplicada con un rigorismo basado en la tecnología y no en el criterio final del árbitro, es una tragedia.

Si tu futuro y tu éxito dependen de que una computadora, mediante una reproducción en 3 dimensiones, dictamine que estabas fuera de juego, ¿dónde queda la humanidad del futbol? La regla 11 parte de un criterio de oportunidad, de un juicio necesariamente humano: ¿la posición de este jugador en la cancha es ventajosa para él y desfavorable a la defensa para prevenir un gol? Un juego de ritmo, de reacción, donde la velocidad desafía la propia vista humana, no puede depender de un aparato que sólo aplica un criterio arbitrario y no es capaz de contextualizar. Es un sensor que entra en juego cuando se cumple un condicional.

Aunque Irán no ha sido el único equipo perjudicado por la aplicación draconiana de un fuera de juego, sin duda es el más representativo por lo que perdió con ella. A pesar de seguir las reglas, de mantener las cuestiones extracancha al margen, el esfuerzo por declarar a Irán fuera de lugar era claro. Contra todo obstáculo, llegaron al último partido con posibilidades reales de avanzar, e incluso tras su empate no todo estaba perdido (las circunstancias del partido entre Austria y Argelia merecen otro texto). Y al final, sólo una computadora pudo declarar a Irán fuera de lugar.

Offside. Wikipedia Commons.

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