Ilustración del balón "Tango Durlast" utilizado en el Mundial de Argentina 1978. Autor: Pablo Toussaint

Argentina 1978. Lado A

Por Rainer Matos Franco

Es sabido que a Perón no le apasionaba el fútbol. Lo suyo era el box: esas noches en Luna Park —en una de ellas conoció a Eva Duarte— cuando Pascualito Pérez se sonaba a Quiroga o a Shirai. Con todo, en su última presidencia (1973-1974) iniciaron los preparativos para el Mundial de 1978, asignado doce años atrás a la Argentina luego de que México optara por el de 1970. El logo de Leonardo Buschi mostraba un balón levantado por dos brazos albicelestes. No era coincidencia: eran los brazos de Perón, recién fallecido, en su gesto más reconocible cuando salía al balcón de la Casa Rosada a hablar al pueblo.

Logo del Mundial de Argentina 1978
José López Rega & Hilario Vázquez, Logo del Mundial Argentina 1978, vía Wikimedia Commons

En marzo de 1976 la Junta militar de Jorge Rafael Videla destronó a la viuda de Perón, “Isabelita”. De inmediato el almirante Massera recalcó a la Junta la conveniencia política de proseguir la planificación mundialista. A Videla tampoco le interesaba el fútbol sino el básquet, que jugó de niño —desde luego— en un colegio católico. El almirante Lacoste se encargó del Mundial, no sin meter mano en River: con la pistola sobre la mesa amenazó a Ubaldo Fillol, cancerbero nacional, para no dejar el club.1

Lacoste tuvo dos reveses: tolerar el logo peronista para evitar batallas legales, y tragarse un bocado de raison d’État para mantener a César Luis Menotti, comunista, como entrenador. Al “Flaco” le llovía por doquier: la izquierda (proscrita) le reclamaba dirigir la “selección de la dictadura” —pocos sabían que escondió a una perseguida en su casa—,2 mientras la prensa lo tundía por no convocar un Maradona de 17 años.

Las Madres de Plaza de Mayo aprovecharon para exponer los millares de desaparecidos a la prensa internacional. El astro bávaro Paul Breitner boicoteó el evento. Países Bajos declaró que “podría” no participar, pero acabó disputando —y perdiendo— la final contra el anfitrión, el 25 de junio de 1978. Eso sí: no salieron a recibir la medalla de plata de manos de Videla. Hasta Suecia acudió a la justa pese a que los militares argentinos torturaron y mataron “por error” a Dagmar Hagelin en 1977; evidentemente Olof Palme ya no gobernaba en Estocolmo.

A Hebe de Bonafini, líder de las Madres, le desaparecieron dos hijos y una nuera. Durante el Mundial “lloraba como loca en la cocina mientras Humberto miraba los partidos y festejaba los goles. Y él era un tipo que estaba sufriendo horrores la desaparición de sus hijos”. Estela de Carlotto, con una hija —embarazada— desaparecida, se reunía con su familia y, “mientras el matrimonio mayor lloraba en una de las piezas, el living era un loquero de gritos celebrando los goles de Kempes”.3

Argentina 1978 fue eso: tapadera para unos, consuelo para otros

Argentina 1978 fue eso: tapadera para unos, consuelo para otros, incluidos los presos políticos en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), que festejaban recién torturados cuando escuchaban “GOL” en la radio de los guardias, a sólo diez cuadras del Estadio Monumental.4

***

Entonces se jugaban dos fases de grupos y una final. En la primera, Argentina venció a Hungría y Francia —previo penal dudosísimo que Passarella convirtió—, pero perdió con Italia. El anfitrión jugaba horrible pero hacía goles; Kempes se botaba tremendo pero no anotaba. En segunda ronda, Menotti le sugirió rasurarse el bigote como cábala.5 El “Flaco” sabía cosas: Kempes vacunó con doblete a Polonia y hasta evitó un gol de un manotazo que no ameritó expulsión. Luego la albiceleste empató a ceros con Brasil en un partido iracundo.

Para jugar la final, Argentina tenía que golear al Perú de Teófilo Cubillas. Según David Yallop, Lacoste acomodó los partidos con João Havelange, cacique de FIFA, para que, al derrotar la verde-amarela 3-1 a Polonia, los argentinos ya supieran cuántos goles debían meter: cuatro.6 Cosa rara: los últimos dos partidos del Grupo A sí se habían jugado a la misma hora.

En la cancha de Rosario, con luna llena, sucedió lo extraordinario: Argentina ganó 6-0 el “partido más largo de la historia”.

¿Metió mano la dictadura? El delantero peruano Juan Carlos Oblitas declaró en 1986 que “cuatro o cinco jugadores peruanos recibieron dinero”; José Velásquez dijo en 2024 que seis.7 Antes del partido, flanqueado por Henry Kissinger, Videla bajó a intimidar al vestidor rojiblanco (“que las cosas se desarrollen bien”), lo cual no hizo con ninguna otra selección rival. El técnico andino, Marcos Calderón, dejó en la banca jugadorazos como Sotil y La Rosa, y alineó a lesionados (Manzo, Velásquez) y debutantes (Rojas, Gorriti). Calderón denunció dos goles en offside, validados por el línea italiano, Gonella, a quien Havelange impondría en la final de último minuto como árbitro.8 Según Yallop, tras el Mundial, Perú obtuvo un crédito argentino de 50 millones de dólares (Decreto N° 1463/78) y 35,000 toneladas de grano pampero,9 aunque esto último llevaba años presupuestado.10

En el vestuario, después de haber ganado el partido contra Perú, Alberto Tarantini, en pantalones cortos y sin camiseta, da la mano recién sacada del calzón a Rafael Videla, que se encuentra de espaldas y vestido de traje. Sentado en el banco, en primer plano, el capitán Daniel Passarella, también sin camiseta y con cara de extenuación, mientras una persona cuya cara no se ve se agacha para recoger algo del suelo.
El Gráfico, “Alberto Tarantini da la mano recién sacada del calzón a Rafael Videla tras el 6-0 sobre Perú. Sentado en el banco, el capitán Daniel Passarella” (fotografía), 1978, vía Wikimedia Commons

Al revisar el partido queda otra impresión. Perú, abatido físicamente, empezó dominando: casi mete dos —un remate de Muñante, figura en Pumas, fue al poste— y hasta le perdonaron dos penales clarísimos.11

Desnudo, Tarantini le jugó una apuesta a Passarella: “¡Ahora me agarro bien los huevos y le doy la mano a Videla!”

Como fuera, alguien supo ponerle huevos —literalmente— a la resistencia civil desde el vestidor. Tras vencer a Perú, Videla bajó a las duchas a felicitar a los pibes. El dictador, de traje, saludaba a los jugadores. Desnudo, Tarantini le jugó una apuesta a Passarella: “¡Ahora me agarro bien los huevos y le doy la mano a Videla!”.12


Textos de Rainer Matos Franco en la Revista Presente


[1] DEPORTV, Argentina 1978: fútbol y dictadura, (documental), 2018, min. 2:04. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=UPBoJPzigQs

[2] Ibid., min. 13:16.

[3] Pablo Llonto, La vergüenza de todos. El dedo en la llaga del Mundial 78, Asociación Madres de Plaza de Mayo, 2005, pp. 175-176.

[4] Gonzalo Bonadeo, et al.,Mundial ’78, la historia paralela (documental), 2003, min. 29:47. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=tTyMCif-dT0.

[5] Iosu Andía y Laura Cano, Argentina 1978: dictadura y fútbol (documental), 2018, min. 16:00. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=HSDKTgPRLAk.

[6] David Yallop, How They Stole the Game (edición digital), Constable & Robinson, 2011.

[7] Lucas Bucci y Tomás Sposato, Argentina ’78, 2024, min. 1:38:41. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=I-iqknsVfrA.

[8] Llonto, 2005,  pp. 137-166.

[9] Yallop, 2011.

[10] Lucas Bucci y Tomás Sposato, Argentina ’78 (documental), 2024, min. 1:44:08.  Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=I-iqknsVfrA.

[11] Footbal Flashback 6 (@FootballFlashback6), “Argentina 6-0 Peru World Cup 1978”, Youtube, 4 de julio de 2023, en https://www.youtube.com/watch?v=eaL3U4IRUm8 (consultado el 11 de abril de 2026).

[12] “2012. Tarantini 100×100”, El Gráfico, 3 de diciembre de 2021, en  https://www.elgrafico.com.ar/articulo/las-entrevistas-de-el-grafico/4546/2012tarantini-100×100 (consultado el 11 de abril de 2026).

Ilustración del balón "Tango Durlast" utilizado en el Mundial de Argentina 1978. Autor: Pablo Toussaint

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