José C. Valadés vivió la montaña rusa de emociones que fue el inicio del siglo XX. Joven encantando por Ramón F. Iturbe y Rafael Buelna como por Vladimir Lenin y sus bolcheviques. Su vida lo llevó del ímpetu revolucionario —y del revolucionario del mundo, no solo del mexicano— al del desencantado de la Revolución, junto con aquellos que, como Ireneo Paz, creían que lo único que había cambiado era el despotismo de uno —Porfirio Díaz— por el de muchos que se alternaban la silla presidencial. Valadés dedicó obras monumentales, desde la historiografía y el periodismo, a la Revolución mexicana; pero también fue partícipe del auge del horizonte de expectativas que se abrió después de la Revolución rusa, donde la llegada de la Revolución mundial parecía estar a la vuelta de la esquina.
Como historiador, José C. Valadés fue de los más prolíficos a la hora de escribir la Revolución mexicana. Si bien sus temas se movieron entre la historia del movimiento obrero, la historia militar y política del siglo XIX, la Revolución mexicana ocupó un lugar central en su producción intelectual. No en vano se le reconoció como uno de los principales historiadores del fenómeno. John Womack Jr., por ejemplo, dice de la Historia General de la Revolución Mexicana de Valadés: “su obra de diez volúmenes […] constituye la historia general más completa sobre la Revolución, en cualquier idioma”.[1] Por su parte, si bien caracterizando a la Historia General de Valadés como unificadora y favorable a la Revolución, Javier Garciadiego considera a esta como la “obra más ambiciosa del género”.[2]. Paco Ignacio Taibo II, él mismo un rescatador de la obra historiográfica de Valadés, así como de su papel en el movimiento obrero mexicano, revalora su carrera, colocándolo como “uno de los mejores historiadores que ha tenido este país, y sin duda el mejor recolector y divulgador de la historia del primer tercio del siglo XX”.[3]
Friedrich Katz, él mismo uno de los grandes historiadores de la Revolución, decía: “José C. Valadés es, sin duda, uno de los historiadores más distinguidos de México, así como uno de los más prolíficos”.[4] Sin embargo, Valadés no ha sido siempre reconocido como tal, ni siquiera durante su vida. Si bien impartía clases de Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México, Valadés se vio, en más de una ocasión, ajeno de la valoración como historiador por parte de los “historiadores profesionales”. Enrique Krauze, por ejemplo, dice de Valadés que era “un viejo historiador de la Revolución no académico pero muy sólido”. Este “no académico” viene, seguramente, porque Valadés era reacio a la inserción de grandes citas y notas al pie de página.[5] Asimismo, el rechazo venía por la cantidad de obras que Valadés dedicó a la biografía, en un momento en que esta era vista como ajena por la historiografía profesional, entendida más como un género literario que historiográfico. A su vez, el propio Valadés reconoció que el hecho de haber dedicado obras a personajes polémicos de la historiografía mexicana le granjeó no pocas reticencias por parte de otros historiadores.

El joven Valadés fue testigo privilegiado de la construcción de un nuevo orden social revolucionario. Nacido en los últimos momentos del siglo XIX, el 1 de diciembre de 1899 en Mazatlán, Valadés vive –y sufre– una Revolución como niño-adolescente. La familia radicada en el puerto, se había ganado un respetable nombre como críticos al régimen porfirista. El tío abuelo de Valadés, que llevaba su mismo nombre, había sido asesinado por su labor periodística crítica del gobernador Francisco Cañedo. A su vez, su padre, Francisco Valadés, fue uno de los principales promotores de la candidatura de José Ferrel a la gubernatura de Sinaloa frente al preferido de Porfirio Díaz, Diego Redo.
Los Valadés, asentados en el puerto de Mazatlán, se contaban entre las familias más influyentes de Sinaloa. Así, el origen de José C. Valadés no se encuentra en el de la clase obrera ni en la campesina. Los familiares de Valadés, tanto del lado de su padre como de su madre[6], eran familias acomodadas en Mazatlán. Los Valadés Rocha nacen, crecen y se desarrollan en un puerto muy activo, donde las actividades comerciales extranjeras habían creado una economía que giraba en torno a las exportaciones de metales.
El puerto de Mazatlán había presenciado un auge comercial en el siglo XIX. Su centralidad en el comercio marítimo del Pacífico había hecho, además, que numerosas familias de extranjeros se establecieran en el puerto, dándole un tono cosmopolita a una población de apenas unos cuantos miles. Con gran diferencia era Mazatlán la región en Sinaloa donde habitaban más extranjeros, especialmente alemanes, españoles, chinos y estadunidenses. Algunas familias extranjeras adquirieron gran relevancia política y, sobre todo, económica. Familias como los Claussen —alemanes— o los Somellera —españoles— estaban cerca de la familia Valadés, y el joven José Cayetano creció junto a ellos.
José C. Valadés era nieto de Juan Jacobo Valadés, médico radicado en Mazatlán, e hijo de Francisco Valadés Félix, farmacéutico, político y periodista de gran relevancia en la vida cultural de Sinaloa. No en vano los Valadés se sentían parte y formadores de Mazatlán. Tanto Juan Jacobo, como Francisco, habían sido hombres activos social y políticamente en el puerto. Desde su niñez, el nieto estuvo en un contacto directo con la Revolución. Primero, con un padre maderista; después, codeándose con algunos de los líderes revolucionarios de la región. Sin embargo, sus tendencias hacia el anarquismo y el anarcosindicalismo llevaron al joven Valadés a participar activamente en un momento álgido de la organización obrera en México.
La organización obrera fue un tema en la vida y obra de Valadés. A la vez que participó en la organización obrera y en los inicios del comunismo en México, también le dedicó páginas a la escritura de la historia del movimiento obrero mexicano. Valadés vive en un momento álgido para las revoluciones en el mundo, especialmente después del aliciente de la Revolución de Octubre en Rusia. El incipiente marxismo mexicano creció, en buena medida, bajo la sombra del bolchevismo y la Tercera Internacional, con la que Valadés estuvo fuertemente involucrado en México. Los jóvenes marxistas mexicanos adoptaron el modelo soviético en la búsqueda de trasplantarlo a México, como apunta Carlos Illades: “Prácticamente no criticó el modelo soviético, antes bien lo asumió como horizonte deseable para superar el capitalismo y la condición semicolonial de los países atrasados”.[7]
Valadés se inserta en una generación que comienza a conocer el marxismo y la acción de izquierda con el telón de fondo de la revolución mundial. Con la expansión del comunismo a través de la Tercera Internacional, se abre un horizonte de acción político a una escala que entusiasmó a los jóvenes como Valadés. Rememoraba sobre aquellos años: “Tanto de hermosura poseían esas horas políticas de México, puesto que estaban cubiertas con ideas, libertades, proyectos y esperanzas”[8]
Las bases ideológicas sobre las que el joven Valadés basó su actuar político se encuentran difuminadas tanto en sus palabras como en sus acciones. La tradición marxista en México era mínima, por no decir inexistente, como bien daría cuenta el propio Valadés a la hora de historiar al movimiento obrero. De ahí que los referentes locales apelaran a un liberalismo radical, mismo que devendría posteriormente en anarquismo, como apunta Illades: “Quizá ante la virtual ausencia del referente socialista, el anarquismo germina en un liberalismo radicalizado (opuesto al liberal-conservadurismo del régimen) y no en la elaboración precedente, la cual incluso desconoce”.[9] Si bien de forma retrospectiva, Jean Meyer ubicaba a Valadés en la estela del liberalismo clásico mexicano: “Valadés es al mismo tiempo liberal, liberal en el sentido histórico de la palabra, y nacionalista”.
El propio joven Valadés decía haberse negado anarquista, diciendo que más bien era “igualitario”, lo que sea que eso significara. El momento que le tocó vivir, sin embargo, lo vinculó con el comunismo internacional a través de los trabajos de la Komintern en México. De ahí la influencia sobre Valadés de figuras como Alfred Stirner, Sen Katayama, Nath Roy entre otros. Si bien ya desde 1911 Paul Zierold había fundado al Partido Socialista Mexicano (PSM), no fue hasta 1919 cuando se llevó a cabo el Primer Congreso Nacional Socialista en la Ciudad de México. El director del órgano de prensa del PSM, El Socialista, era justamente Narendra Nath Bhatacharya, Nath Roy. De este, decía José Valadés:
La figura de Nath Roy, su palabra persuasiva y su clarísimo talento convencían. Remiraba con mucha sencillez la filosofía india, para en seguida hacerla influencia sobre la vida en Oriente, pero especialmente en Rusia. Así ligaba lo oriental con lo eslavo; después lo ruso a lo occidental. Finalmente hacía esplender una existencia universal sin dominio imperial, una India libre, una Rusia libre, un mundo libre. Delhumeau y yo salíamos gozando las palabras de Nath Roy. Ahora, casi sin quererlo, estábamos más allá de la teosofía y del vegetarianismo. Empezamos a pensar en una sociedad libre. Pero, ¿cómo alcanzarla?
En 1920 Valadés fundó un grupo llamado Juventud Igualitaria, mismo que surgió como rechazo al incipiente régimen de la Revolución. Reivindicaba a la juventud como agente del cambio histórico a través de la negación del poder del Estado, así como del caudillismo que ya se dejaba ver con el obregonismo. Según el manifiesto publicado, no creían “que los caudillos revolucionarios fuesen capaces de instaurar una sociedad en la que no existiesen pobres y ricos”.
El mundo del liberalismo decimonónico se enfrentaba a las nuevas experiencias del joven Valadés. Sus tendencias hacia la izquierda comunista afectaron su vida familiar, especialmente con su madre. Pero el futuro es de la juventud y por lo tanto a ella le correspondía la construcción de ese futuro desde el presente. El pasado –lo viejo– debía ser superado por lo futuro –lo joven–. La familia Valadés era una clara exponente de la clase media mexicana de la primera mitad del siglo. Asentados en la colonia Roma, Valadés venía de una familia “que educaba a sus hijos con la imposición pragmática de lo que lo importante en la vida era conquistar un sitio de seguridad y bienestar económico y social, y de ser fieles a los viejos tiempos, en que era clara la distinción entre las llamadas “familias decentes” y lo que designaban como “los pelados””. La madre de Valadés, además, seguramente tenía en su memoria la vida de su difunto esposo, muerto lejos de su tierra y su familia debido a su actividad política.
Era la colonia Roma una embajada mazatleca de la familia Valadés en la ciudad de México, como recuerda Edmundo Valadés:
[L]as familias Valadés que vivían en la calle de Puebla, desde luego con la de la viuda del mazatleco don Francisco Valadés, doña Inés [Madre de José C. Valadés]; la de don Manuel Elenes Gaxiola, que moraba enfrente, casado con doña Emilia Valadés y con quienes vivían sus hermanas María y Rodrigo Valadés; la de don Juan Jacobo Valadés, habitando una residencia imitando un castillo, en la esquina de esa calle y la avenida de los Insurgentes, o la emparentada con don Nicolás Ceceña, que vivía en la esquina inmediata, casado con Rosario Peralta, ya que con su hermano Arnulfo se veían como hermanos de varios Valadés, todos ellos procedentes de Sinaloa o Baja California.
En ese contexto, el joven Valadés salió para integrarse a un movimiento contrario a su origen. Llovieron los pésames a la familia por un talento desperdiciado ante su transformación en, decían, un bolchevique que se movía “entre mugrosos obreros”. Valadés, sin embargo, ponía su vista al futuro, y miraba a su madre y a sus ideas como el pasado.
José C. Valadés cayó en el sentimiento melancólico ante un movimiento obrero independiente totalmente derrotado por el oficialismo; asimismo, su expulsión del comunismo mexicano hizo que su fe en la Revolución mundial fuera desapareciendo. Ni hablar de su total pérdida de ilusión frente a una Revolución mexicana que, si bien en su adolescencia-primera juventud ya había rechazado frente al referente ruso, en su edad madura declara como muerta, inexistente e innecesaria.
El camino seguido fue el de la una apuesta por la libertad que lo llevó a apreciar el liberalismo, situación nada anormal en quienes se sintieron decepcionados del marxismo, como declara Traverso: “Como las utopías han llegado a su fin, un duelo logrado podría significar asimismo la identificación con el enemigo: el reemplazo del socialismo perdido por el capitalismo aceptado. Si no existe una alternativa socialista, el rechazo del socialismo real se convierte inevitablemente en una aceptación desencantada del capitalismo de mercado”. Fue el camino natural para muchos después de lo que Hannah Arendt llamó “el funesto fracaso de la revolución en nuestro siglo”.
Una vez dado ese paso, la Revolución existe solo en el pasado. Se ha convertido en memoria negativa, en melancolía; ahora es, siguiendo a Nora, un lugar de la memoria, no más un proyecto de futuro.
José Cayetano Valadés Rocha falleció hace 50 años, el 24 de enero de 1976 en la Ciudad de México. Sobre él podrían citarse los siguientes versos de Bertol Brecht:
Olvidada toda su juventud pero no sus sueños,
olvidado ya hace tiempo el techo, pero no el cielo encima de él

[1] John Womack Jr., “La economía de México durante la Revolución, 1910-1920: historiografía y análisis” en Argumentos, México, vol. 25., núm. 69, mayo-agosto 2012, p. 20. La Historia General de la Revolución Mexicana se reeditó en 5 volúmenes. José C. Valadés, Historia General de la Revolución Mexicana, 5v., México, Miguel Ángel Porrúa/H. Cámara de Diputados, LXII Legislatura, 2013.
[2] Javier Garciadiego, “La revolución mexicana: el reto de la historia reciente” en Historia Mexicana, México, vol. 71, núm. 1, julio-septiembre 2021, p. 253.
[3] José C. Valadés, Lázaro Cárdenas: el poder moral, México, Para Leer en Libertad A.C., 2014.
[4] Friedrich Katz, “Introducción” en José C. Valadés, La Revolución y los revolucionarios, 8t., Tomo I, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México/Secretaría de Educación Pública, 2013, p. 9.
[5] Enrique Krauze, Spinoza en el Parque México. Conversaciones con José María Lasalle, México, Tusquets, 2022, p. 136. Edición electrónica.
[6] Su abuelo materno, Remigio Rocha, participó en la construcción del camino de diligencias entre Mazatlán y Cosalá, uno de los centros mineros más importantes de Occidente. José C. Valadés dice que, gracias a sus actividades en la minería, “aumentó su fortuna con un negocio para el beneficio de metales”. José C. Valadés, Mis Confesiones (Vida de un huérfano), México, Editores Mexicanos Unidos, 1966, p. 14.
[7] Carlos Illades, El marxismo en México. Una historia intelectual, México, Taurus, 2018, p. 7.
[3] José C. Valadés, Memorias de un joven rebelde, Culiacán, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1985, p. 68.
[8] Carlos Illades, El marxismo…, op. cit., p. 20.
[5] Jean Meyer, “José C. Valadés: anticonformista libertario” en Patricia Galeana, José C. Valadés…,op. cit., p. 59.
[9] Carlos Illades, El marxismo…, op. cit., p. 75.






