Historia de la cultura política en Sinaloa: un libro de Juan Luis Ríos

Por Ricardo Arredondo

Las convenciones historiográficas están para respetarse, y luego superarse. Durante mucho tiempo, la historia del porfiriato en Sinaloa se había construido siguiendo el paradigma de los porfiritos, término acuñado por Daniel Cosío Villegas. Esta idea básicamente planteaba que los poderes locales instaurados en la República mexicana durante la última parte del siglo XIX e inicios del XX eran una reproducción a pequeña escala de las dinámicas de poder nacionales lideradas por el presidente Porfirio Díaz.

Este paradigma caló hondo en la historiografía sinaloense, curiosamente, por la estabilidad del puesto en el estado, pues entre 1877 y 1909 solo hubo dos gobernadores distintos, destacando entre ellos el militar Francisco Cañedo. Aun así, ya desde fines del siglo pasado, la historiografía profesional en Sinaloa había matizado esta idea, partiendo de vertientes de la historia política, la historia de las sociabilidades, la historia económica y la historia social. Se demostraba que el gobernador de Sinaloa no era un hombre todopoderoso, y que tuvo altibajos en su poder, así como la necesidad de negociar con grupos de interés. El caso más destacado es la crisis gubernamental que produjo el asesinato del periodista José Cayetano Valadés en 1879, que la opinión pública achacó al gobernador.

El nuevo libro de Juan Luis Ríos, La construcción de una legitimidad. Cultura política y sociabilidad en Sinaloa, 1877-1911 (UAS, 2024) será, a partir de hoy, un puerto de salida para todos aquellos historiadores que quieran estudiar este periodo en Sinaloa. Partiendo de los avances historiográficos que ya realizaron quienes le antecedieron, Juan Luis operativiza las herramientas teórico-metodológicas que le brinda la historia de lo político (una forma de acerarnos a la Historia Total, deja entrever Jordi Canal en la introducción a esta obra).

Juan Luis matiza esa idea de Don Daniel, de los Porfiritos, pues habla de cómo los dos gobernadores del periodo (a saber: Francisco Cañedo Belmonte y Mariano Martínez de Castro) fueron adaptando los cambios políticos nacionales al escenario sinaloense. Y cómo, además, las diferencias políticas pasaron a atenderse en las sociabilidades, y no ya a través del Pronunciamiento, tan propio de la historia decimonónica mexicana. Ese haya sido, tal vez, el aporte más importante del porfirismo a la cultura política mexicana, una que pasó de balas de cañón a cañonazos de billetes para mantener la tranquilidad pública.

La carrera historiográfica de Juan Luis Ríos le ha permitido además dimensionar el papel propagandístico de los clubes políticos, algo que ya había tratado en trabajos anteriores sobre cultura política (clave, dice el autor, para entender el problema de la acción y el comportamiento político) de Sinaloa y sobre fenómenos electorales (en Mazatlán, por ejemplo, donde la cultura política había sido “más moderna” que en las otras ciudades sinaloenses).

Juan Luis reconstruye las condiciones de posibilidad del cañedismo en Sinaloa (así se le ha llamado en la historiografía al periodo que, mutatis mutandis, es el porfirismo a nivel nacional): desorden, escasez, desempleo, bandidaje. Una vez implantado, el cañedismo brinda la posibilidad de transformación de la cultura política en el estado. La riqueza metodológica de este acercamiento es aprovechada a profundidad por Juan Luis, pues la cultura política no es solo aquella que se realiza por cauces institucionales; el autor busca desentrañar las condiciones históricas del actuar político, así como los mecanismos tan indeterminados por los cuales sucede la acción política. Aquí el autor habla, por ejemplo, del Pronunciamiento como una forma de hacer política en el siglo XIX. Algo no solo mexicano sino latinoamericano. Y algo sinaloense durante la década anterior al porfiriato.

Francisco Cañedo Belmonte, gobernador porfirista de Sinaloa.

Elemental era para esta investigación el estudio a profundidad de los impresos de todo tipo. El rastreo documental hecho por Juan Luis Ríos, especialmente el hemerográfico, es tal vez el más importante realizado en la historiografía reciente de Sinaloa, y marcará la pauta para quienes, en el futuro, se interesen por el periodo en la región. Y es que los impresos eran parte importantísima de la cultura política. En ellos se da el nacimiento de la opinión pública; y de la crítica, clave en la transformación de los regímenes.

También se detiene en el elemento constitucional, un tema que ha interesado sobremanera a Juan Luis, y sobre el que aún tiene mucho qué decir. Entre 1831 y 1877, como anota el autor, Sinaloa había tenido ya 4 constituciones diferentes. Esto demuestra la inestabilidad estructural del estado, algo que no difería de lo que sucedía en otras regiones del país. Lo que se ve a partir de 1877 es, justamente, cómo los preceptos legales se modifican para fortalecer el poder ejecutivo. Las condiciones de posibilidad del cañedismo, entonces, también dependieron de esa inestabilidad constitucional que había caracterizado a Sinaloa desde su nacimiento como un estado separado de Sonora en 1831.

Este reforzamiento legal del ejecutivo, aunado a la creación de redes políticas y lazos de amistad con la élite regional, permitió el afianzamiento del régimen del gobernador Cañedo, que duraría hasta la muerte de este en 1909. Aun con ese fortalecimiento, en Mazatlán siguieron existiendo focos de oposición a los gobiernos establecidos, como quedaría demostrado a la muerte del gobernador.

El autor, sin embargo, matiza la idea del fortalecimiento, distanciándose de una caracterización del cañedismo como un monolito infranqueable. Hace notar, por ejemplo, que, a pesar de la monopolización del poder gubernamental en Sinaloa, en 31 años de régimen nunca dejaron de realizarse elecciones para puestos locales y federales.

Juan Luis Ríos reconstruye un Sinaloa que ya es pasado: un estado minero, con una incipiente industrialización en Mazatlán y Culiacán. La cultura política está atada a su realidad histórica; es, pues, histórica en sí misma. Ese Sinaloa tuvo su cultura política, el de hoy tiene otra. 

El Sinaloa de fines del siglo XIX e inicios del XX se encontraba en pleno proceso de transformación social y cultural, mismo que se vio reflejado en las formas de relacionarse políticamente. El libro de Juan Luis Ríos es un estudio a profundidad de ese proceso. Su valor se encuentra, entonces, no solo en las matizaciones que hace sobre las convenciones historiográficas, sino sobre las vetas investigativas que deja abiertas para futuras investigaciones. La historia de lo político en Sinaloa está por hacerse, y este libro, sin duda, marcará la pauta en el futuro.

El Sr. Gral. Cañedo saliendo del lunch ofrecido por la Cervecería Cuauhtémoc el 27 de septiembre. Ca. 1908. Yáñez y Zazueta. Tomado de Diana María Perea Romo, Cultura visual y fotografía durante la Revolución en Sinaloa (UAS, UMSNH, 2019).

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