La muerte del trabajador de limpieza, Carlos Gurrola, alias ‘Papayita’, entre denuncias de su familia sobre sufrir acoso por sus propios compañeros de trabajo (incluyendo el hurto de su bicicleta, comida y teléfono celular), cuestiona si en México habrá alguna vez paz y justicia mientras las relaciones de camaradería o amistad sigan siendo meras fachadas del abuso de confianza, el interés y el aprovecharse del inocente, del débil o del pobre.
Considerando que la tragedia sucedió en Torreón, Coahuila, resulta inevitable recordar las reflexiones sobre el valor de la amistad sincera y la concordia en las relaciones entre personas, hechas por el coahuilense más importante de la historia de México: el apóstol Francisco I. Madero. Lejos de dedicarse a prédicas o sermones, Madero observó en sus escritos la relación directa entre la crueldad y la violencia, características del trato cotidiano entre mexicanas y mexicanos de a pie, por un lado, y la ausencia de libertad y democracia en el ámbito político bajo la dictadura de Porfirio Díaz, por el otro.

En su único, pero magistral libro, La Sucesión Presidencial en 1910, Madero vierte su educación en París y Versalles y la influencia que en él ejercieron los enciclopedistas y pensadores de la Ilustración francesa. No es que la mano dura, el puño de hierro y las medidas coercitivas del porfirismo no hubieran dado resultados en cuanto al orden y al gobierno, sostiene Madero, sino que el precio de la paz se pagaba con la degradación humana de la sociedad mexicana en su conjunto. Por ello cita las ideas de Charles de Secondat tomadas de El Espíritu de las Leyes.
“Lo que se llama unión en un cuerpo político, es algo muy engañoso”, cita Madero a Secondat, barón de Montesquieu. «La verdadera unión es una armonía, cuyas partes, por más discordes que parezcan, concurren al bien general de la sociedad, como las asonancias en la música, concurren al acorde total.” Las discrepancias y los debates álgidos no son causa de temor, pues el sano diferendo es consustancial a la verdadera paz y a la felicidad, sigue Madero a Montesquieu, pero en el despotismo la división entre personas es una división real: la gente abusa de la gente, de modo que aquello que parece unión y paz en el fondo es el “orden silencioso de los cadáveres enterrados unos cerca de otros.”[1]
Se puede y se debe hacer una oración fúnebre por la vida de ‘Papayita’ como las oraciones fúnebres en la Grecia clásica de Pericles: momentos donde la muerte de un héroe o mártir se transforma en anhelo por una sociedad distinta, mejor y más unida de verdad. La conmoción y los ecos resonados por el viacrucis y el calvario padecido por Gurrola demuestran que él no estuvo solo: es mucha la gente que diariamente sufre en el cuerpo y en el corazón esas “confianzas” que tienen la libertad de tomarse “camaradas” y “amistades” del trabajo, la escuela, la familia y las redes sociales.
Así pues, en el correr de las páginas de La Sucesión Presidencial se aprecia en Madero la figura de un pensador realista de la política, definiendo realismo no como aceptar un estado de guerra por default del que surge la abstracción llamada Estado, sino como la postura según la cual los únicos entes reales de la política son las personas. Observando cómo se tratan mutuamente, (al estilo de las críticas de Madero contra políticos, periodistas, militares y hacendados que acabaron por costarle la vida) es posible saber si en una sociedad prevalece la civilización o la barbarie.
Los rezos y novenarios por Carlos Gurrola trascenderán el círculo de su familia y seres queridos en la medida que los millones de “camaradas” y “amistades” que acosan a los miles de “Papayitas” que sufren a diario en México recuerden que el prójimo también tiene emociones y sentimientos. Pero Madero nos recuerda algo no menos importante: en el martirio de quien no puede defenderse va de por medio la cobardía de quien se cruza de brazos. Por ello el apóstol cita una frase crucial de otro francés, Ernest Beulé: “En los atentados contra los pueblos, hay dos culpables: el que se atreve, y los que permiten… el que emprende y los que abdican.”

[1] Francisco I. Madero, La Sucesión Presidencial en 1919, Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco, México, 2012. p. 158.
César Martínez (@cesar19_87) es maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.







