Corrían los minutos de compensación del España 4-0 Arabia Saudita en el Mundial de 2026, cuando ese controvertido fenómeno de masas, Christian Martinoli, durante una conversación con Jorge Valdano, arremetió contra un peculiar grupo de comunicadores que el popular narrador conoce como “los de las basculaciones” y que Valdano llamó “panenkitas” (en referencia a Panenka, una revista española dirigida a una audiencia supuestamente más conocedora del futbol). La polémica se viralizó con rapidez y amerita profundizar en el análisis de esta peculiar subcultura de las redes sociales, todavía poco conocida por buena parte de la afición mexicana.
Valdano abrió el debate con una crítica a cierta tendencia a complicar deliberadamente la conversación futbolística en los medios de comunicación bajo el pretexto de dotarla de mayor seriedad o sofisticación. “No hace falta inventar palabras nuevas para hacerse interesante”, afirmó el campeón del mundo con Argentina en México 1986, quien, tras colgar los botines, construyó una larga trayectoria en el periodismo escrito y audiovisual de habla hispana. Explosivo y ácido, fiel a su personalidad, Martinoli no desaprovechó el balón que Valdano le dejó servido en el área chica y disparó a quemarropa: “Qué bueno, don Jorge, que es usted quien lo comenta. Yo les mando saludos a los panenkitas, ese círculo rojo de eruditos... que además se sienten catalanes”.

La polémica, a primera vista, parecería reducirse a un mero choque de estilos para comunicar y narrar lo que sucede sobre el césped. En otras palabras, podría interpretarse como una simple cuestión de gustos, donde cada persona elige libremente, dentro de una oferta diversa de comunicadores, a sus favoritos y descarta al resto. Por un lado, se encuentran esas frases de Martinoli ya inscritas en el imaginario popular: “¿De qué te vas a disfrazar?”, “¡Le aventó la lámina, doctor!”, “¡Se lanzó desde la tercera cuerda!” o “¡La bajó como Baryshnikov en el Bolshói!”. Por el otro, aparece un estilo que recurre a neologismos y jerigonzas como “basculaciones” e “hiperactividad”, además de expresiones como “interiorizar” o “transicionar”. Los panenkitas, según Valdano, convierten el futbol en una suerte de física cuántica.
Sin embargo, el fondo de la controversia no es lingüístico ni estilístico, sino cultural y político, pues del debate entre Martinoli y el panenkismo surge una lucha de poder que sólo se percibe sutilmente: es la disyuntiva entre el futbol como un espacio cerrado donde los términos para entenderlo son dictados por quienes tienen acceso a los medios de comunicación, (de arriba para abajo); o si el habla futbolera comprende todo un fenómeno social y popular, un espacio de diálogo circular con mensajes de ida y vuelta (la modernidad desde abajo, como le decía el finado intelectual Carlos Monsiváis.) Así, esa deriva elitista disfrazada de conocimiento futbolístico especializado es justo lo que Martinoli criticó al usar en su charla con Valdano un concepto más bien tomado de la ciencia política y la ciencia de la comunicación: el de círculo rojo.
El mundo moderno, a diferencia de la antigüedad, sostenía un jurista francés llamado Maurice Hauriou, surge cuando la vida privada y la vida pública se separan como resultado del avance de la libertad personal: cada quien tiene soberanía en cuanto a elegir qué ve, qué escucha, qué consume o qué piensa en su pequeño círculo privado. La posterior “privatización” de la vida dentro de ese reducido círculo de relaciones personales entraña un riesgo adicional: que la vida pública y sus instituciones acaben tomadas por un círculo rojo de líderes de opinión, comentaristas, especialistas, eruditos, intelectuales, científicos, académicos y demás figuras dictando qué se ve, qué se escucha, qué se consume y qué se piensa.
Sin reglas transparentes de competencia por las audiencias para determinar el cómo se logra llegar frente a un micrófono para comentar, el riesgo que sigue al de un círculo rojo que se enquista clandestinamente en los medios es que tal grupo se vuelve una camarilla, facción o grupo de interés creado y opuesto al interés general: esto es, que los miembros del círculo rojo desarrollan actitudes hostiles contra sus propias audiencias y viceversa. Evidentemente, el panenkismo mexicano padece este desfase. Por ejemplo, las transmisiones de la UEFA Champions League comúnmente despiertan rechazo por su “chilangocentrismo”, por su “wokismo” y por una hispanofilia muy trasnochada con comentarios descalificando a meseros y taxistas mexicanos por no saber tanto de futbol como sus pares de España y Argentina.
Viéndolo así, el debate Martinoli contra Los de las Basculaciones iba a llegar a un nuevo punto de ebullición en vista de que estos últimos (quizá sin advertirlo) han formado parte de toda una lanzada en redes con cuentas automatizadas durante la justa mundialista intentando ensalzar narradores que son la competencia de Martinoli y elogiando a una selección de la que Martinoli ha sido un crítico vocal. Todo esto, explotando cierta imagen o caricatura del propio Martinoli presentándolo como si fuera un narrador sin seriedad ni conocimiento futbolístico; más bien contador de chistes y sin presupuesto para viajar a narrar los partidos en persona. Así, entendemos la rapidez de Martinoli para empujar al fondo de la red y convertir en gol a su favor la asistencia que le dio Jorge Valdano.
En una Copa Mundial de la FIFA 2026 donde las masas populares y el pueblo humilde han sido marginados de los estadios con precios insultantes por cada boleto, obligados a pagar suscripciones para ver los partidos, (y encima amenazados con sanciones en caso de vender y/o comprar camisetas piratas); la polémica entre quien probablemente es el narrador más popular de México y este nuevo círculo rojo de tan peculiar vocabulario, es más que una cuestión de gustos y estilos: para un futbol mexicano tan urgido de victorias verdaderamente dignas de festejar en calles y plazas, se trata de saber si un espacio crucial de nuestra cultura y vida pública conservará ese statu-quo tan obsoleto en el que las minorías pretenden dictar hasta la forma de hablar y escribir sobre el balón.

César Martínez (@cesarkickoff) es maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.






