Die Ankunft des mexikanischen Präsidenten Calles in Berlin. Präsident Calles wurde auf dem Lehrter Bahnhof vom Reichspräsidenten Ebert empfangen. Präsident Calles links und Reichspräsident Ebert rechts verlassen den Bahnhof.

Plutarco Elías Calles y el nazismo

Por Ricardo Arredondo Yucupicio

En 1936, un día antes de que Plutarco Elías Calles saliera del país ante la derrota en el ajedrez político frente a Lázaro Cárdenas, el mazatleco José Cayetano Valadés entrevistó al ya impotente Jefe Máximo. Este recibió a Valadés en una finca que se encontraba por la carretera México-Puebla, una “hermosa casa de campo, del tipo que en California llaman spanish style, que posee en su rancho de Santa Bárbara”. Valadés, tan buen periodista como historiador, logró extraer de Calles declaraciones interesantes y, sobra decirlo, polémicas.

Plutarco Elías Calles en la portada de la Revista Time en 1924

¿Qué libro lee?, le pregunta Valadés. Mi Lucha, de Hitler, responde Calles.Es un hombre de valer; creo que con buenas intenciones”, dice Calles del canciller alemán. Lo ve como la consecuencia natural del caos que reinó en la República de Weimar: paralización económica, hiperinflación, desgajamiento territorial, violencia política. “Había un relajamiento en las costumbres; se había perdido el sentido de la nacionalidad; la economía estaba destruida; el judío era dominador. Los judíos estaban llevando a la república alemana al comunismo”. Esto lo decía Calles apenas unos días después de que Hitler ordenara la reocupación de la Renania, poniendo en tensión bélica a Europa al violar uno de los puntos del cuestionado Tratado de Versalles firmado al final de la Gran Guerra. “Un pueblo desesperado se entrega al primer hombre vigoroso que se le presenta”, apuntaba el expresidente. ¿Sentía que él había sido para México ese hombre vigoroso?

Eran los treinta. El nazismo no solo atrajo a buena parte de la población alemana, sino que su influencia se esparció por el mundo, incluyendo la América Latina. El miedo al bolchevismo lanzó hacia los brazos del nazismo y el fascismo a muchos intelectuales y políticos mexicanos. Sobra mencionar el caso de José Vasconcelos o Gerardo Murillo. Visto desde esta perspectiva, el caso de Calles no es paradigmático. El nazismo y el fascismo no influyeron, al parecer, en la política callista. Sin embargo, las palabras de Calles sobre Hitler y el nazismo son síntoma de un fenómeno más amplio: la disputa ideológica entre el camino a seguir en la construcción de la nación.

La consideración de Calles por el nazismo no era nada más por la atracción de la eléctrica figura del canciller alemán, sino por su notable antisemitismo. “¡El judío es el peligro de las nacionalidades!, dice Calles, ¡El judío es el que siembra el caos llevando a los pueblos la semilla comunista! El judío no tiene patria, y sueña en la dominación del mundo, y como esa dominación no la puede realizar ni por el comercio ni por la industria, pretende realizarla por medio de un gobierno universal, de un imperio sin fronteras”.

El general Plutarco Elías Calles, presidente electo, y Frederich Ebert, presidente de la República Alemana, 1924. Tomado del Boletín 51 del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca

El antisemitismo de Calles podría tener sus raíces en su anticomunismo: “Recuerde que los grandes jefes comunistas han sido y son judíos: judío era Marx, judío era Engels, judío era Trotsky; judíos son los dirigentes en el gobierno de la Rusia soviet”; pero sobre todo tiene sus raíces en su xenofobia y en su malentendido nacionalismo. No se puede olvidar la campaña antichinos emprendida por el gobierno callista, aquella que tuvo episodios tan devastadores en distintas regiones del país. Pero también debe tener su origen en su rechazo a las religiones; si lo vemos desde esta perspectiva, Calles no solo sería un anticlerical, sino más bien un antirreligioso consecuente, que intentaba transformar esto en política de estado.

La benevolencia de los comentarios de Calles sobre Hitler podría deberse, empero, no solamente a su antisemitismo, sino a su admiración por la política y la cultura germana, como anota Jürgen Buchenau: “Su admiración por Alemania, aspecto poco conocido en la vida de Calles, encontró su mayor expresión durante su estancia de seis semanas en Berlín, poco antes de iniciar su mandato como Presidente el 30 de noviembre de 1924”. Recién electo, Calles viajó a mediados de ese año a Alemania, acompañado de sus hijos y otros familiares. Fue atendido con honores, como una visita oficial, siendo recibido por figuras políticas de la República de Weimar. Según Buchenau, las consideraciones recibidas conmovieron al presidente. Fue la primera visita de un jefe de gobierno mexicano a Alemania, y también la única vez que Calles viajó al país germano.

Sin embargo, la admiración por Hitler es innegable, y no se debió solamente a su germanofilia. Siguiendo a Buchenau, Calles consideraba a la violencia nazi dentro de Alemania como una respuesta a los excesos de la izquierda alemana. La política exterior alemana de los treinta, que le llevó a la reocupación de Renania, la anexión de Austria y los Sudetes, fue admirada por el presidente sonorense. En 1939, “Calles se refería al Führer como el más grande estadista de todos los tiempos”, apenas unas semanas antes de que Hitler ordenara la invasión de Polonia, iniciando así la Segunda Guerra Mundial. Su nacionalismo, empero, se impuso. Una vez que México se alineó con los Aliados, Calles se posicionó públicamente a favor de la derrota de los nazis.

Estas consideraciones deberían invitarnos a repensar uno de los momentos más cuestionables de la política revolucionaria mexicana: la campaña antichina que se llevó a cabo en las primeras décadas del siglo pasado. La sinofobia fue una política del gobierno callista, y encontró combustible en un discurso racista muy explícito. ¿Hay conexiones entre las simpatías nazis de Calles y la represión china?

Plutarco Elías Calles fue un hombre pragmático, un zorro político que, si bien derrotado por Cárdenas en la palestra política, logró mantenerse con vida, a diferencia de muchos otros. Estos hombres, engendrados por la Revolución, le dieron forma y estabilidad a la vida pública mexicana del siglo XX. De ahí la importancia de revisarles a profundidad, de diseccionar sus discursos y exorcizar sus fantasmas.

La llegada del presidente mexicano Calles a Berlín. El presidente Calles fue recibido en la estación Lehrter por el presidente del Reich, Ebert. El presidente Calles (a la izquierda) y el presidente del Reich, Ebert (a la derecha). Ubicación actual: Aktuelle-Bilder-Centrale, Georg Pahl (Bild 102)

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Ricardo Arredondo Yucupicio. Los Mochis, Sinaloa (1997). Historiador.

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