Decadencia moral y ceguera voluntaria

Por Gibrán Ramírez

La mayor parte de la gente piensa que morena y su práctica en el gobierno son autoritarios, pero agrega otras evaluaciones: es un partido corrupto, que abusa del poder, que es conservador y de centro-derecha. Mi observación es producto de los datos de un estudio de opinión de Alejandro Moreno para El Financiero y, según lo que vi en el Congreso internacional de Ciencia Política de la semana pasada, esta vez la investigación especializada coincide con esa sensación social.

Publicada el 5 de agosto pasado, la encuesta muestra que 51 por ciento de los participantes percibió a morena como un partido semiautoritario o autoritario, frente al 35 por ciento que lo considera democrático; que el 27 por ciento percibe que su principal prioridad en el gobierno ha sido el desarrollo económico, seguida de cerca por la seguridad e igualdad, con 24 y 23 puntos, respectivamente; por último, la principal falla percibida es la corrupción, con 40 puntos y la segunda es el abuso de poder, con 22.

Por otra parte, esta semana se llevó a cabo el XIII congreso internacional de Ciencia Política de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas. Se trata de un espacio académico en el que concurrimos representantes de diversas universidades y entidades académicas, incluyendo a algunos de los autores más célebres y mejor reputados de México, Nuestra América, Estados Unidos y Europa.

Aunque el tema principal del congreso fue Mujeres y democracia, otro tema que dominó la conversación en diversas mesas, foros y presentaciones de libros fue el de las crisis de la democracia, con especial atención en la crisis de la democracia mexicana. Para mi sorpresa, independientemente de la corriente ideológica o institución, el diagnóstico más frecuente es que asistimos a un proceso de autocratización o que ya hemos pasado a un autoritarismo electoral. De izquierda a derecha, fueran colegas jesuitas, marxistas, pro populistas, liberales o conservadores, la gran mayoría estuvo de acuerdo –al menos en los espacios a los que acudí y las mesas que presencié, e incluyendo a muchos colegas que nos entusiasmamos por el obradorismo en su momento–. Quizá quienes piensan que vivimos un auge democrático se quedaron callados. Si es así, me gustaría conocer su réplica.

Si la mayor parte de la gente considera a morena un partido autoritario, de centro o de derecha, y que a sus gobiernos los caracteriza la corrupción y el abuso de poder –aun simpatizando con dicho partido– y si muchos de los estudiosos de la política coinciden, ¿no será que los únicos que no se dan cuenta, que están alejados de la opinión del pueblo, son ellos, los integrantes de la pequeña cúpula? Parapetados detrás de la cifra de opinión positiva o aprobación de su gobierno y partido, piensan que su ejercicio despótico del poder es invisible para los demás. Sin embargo, la mayoría vemos claramente que se trata de una lucha por más poder y más dinero, a costa de la honra y el honor.

Los datos indican que la legitimidad actual del régimen es de una raíz negativa: los mexicanos atribuyen todos esos rasgos negativos a morena y sus gobiernos, pero el 64 por ciento los evalúan positivamente porque consideran que se trata de la fuerza política menos mala y porque nadie acepta muy pronto el cambio de opinión. Además del papel que juegan las transferencias monetarias en ello, muchos no tienen a la vista una opción que no les signifique pasado. Nuestro trabajo es ese, saber ser no sólo una oposición, sino construir una alternativa para el momento en que el ánimo colectivo esté dispuesto a prestar atención a su existencia. Esos momentos son, típicamente, las campañas electorales. La presidenta también lo ve y, para que eso no signifique un obstáculo en la retención del poder, configura su reforma electoral.

La ceguera guiando a la ceguera. Pintura al óleo inspirada en Pieter Bruegel.

Gibrán Ramírez Reyes es doctor en ciencias políticas y sociales.

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