La Tercera Guerra Mundial y el nuevo orden mundial: acontecimiento, proceso y Apocalipsis

Por Julián Bonet Castillo

“En el principio fue la guerra”.
Subcomandante Insurgente Marcos, Carta Primera del SCI Insurgente Marcos a Don Luis Villoro
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Se ha vuelto tradición en el internet que ante cualquier acontecimiento de relevancia geopolítica se hace viral el Trending Topic “Tercera Guerra Mundial”. La efervescencia de un determinado suceso, así como las dinámica sensacionalista de las redes sociales, lleva a innumerables usuarios, entre los que se encuentran varios analistas, a declarar y decretar la llegada del evento que nos ha tenido a todos a la expectativa en las últimas décadas. Mientras tanto, otros se apresuran a desmentir y desarrollar los motivos por los cuales la interpretación espontánea y efímera es incorrecta y que la situación, a pesar de lo relevante del suceso específico, probablemente no cambie mucho el orden global actual o que por lo menos no es ese acontecimiento tan largamente esperado que desencadene la guerra entre potencias y la inevitable escalada nuclear que conduciría a un hipotético Armagedón. 

Así ha sido el debate cotidiano en los últimos años en las redes sociales. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán no ha sido la excepción, pero ¿cómo podemos caracterizar ese conflicto? ¿Estamos al borde de una escalada que nos lleve a un conflicto mayor ante los intereses y alianzas de los países en conflicto? ¿Nos encontramos al borde de un conflicto mundial de la escala de la Segunda Guerra Mundial? O quizás deberíamos preguntarnos, ¿son nuestras experiencias pasadas un velo para la interpretación de los acontecimientos actuales, a la luz de las expectativas que tenemos de los mismos?

Para responder a las preguntas anteriores y comprender adecuadamente el Presente, es necesario pensar desde algunos elementos que podemos denominar temporales. En el caso de la guerra, también sería pertinente tener en cuenta los cambios que han sido provocados por el desarrollo técnico y el desenvolvimiento de los conflictos derivado de dichos cambios con respecto a los conflictos previos. Con ello se hace posible tener un mejor panorama para saber qué podemos esperar en el futuro próximo y quizás dilucidar cómo sería una nueva Guerra Mundial que quizás ya está en curso desde hace muchos años.

Es pertinente, para una época como la que vivimos, retomar el espíritu reflexivo y, como elemento fundamental, pensar y tener presente la cuestión de cómo interpretamos la realidad, ya que es un elemento nodal para dirigirnos y, a su vez, comprender la manera de nuestro actuar práctico en el mundo.

James Boswell. Sitio bombardeado; uno de los 41 dibujos, acuarelas y linograbados realizados durante la Segunda Guerra Mundial — grupo de Londres, 1941-1942. The British Museum.

Acontecimiento

De manera simplista, las guerras se pueden narrar de tal manera que funjan como un acontecimiento perfecto; es decir, un antes y después claramente delimitado, una temporalidad específica y un suceso particular, modifican el presente, el futuro y también como observamos el pasado, de manera en que nuestra relación con dichas temporalidades se transforma, se altera completamente la narración que teníamos antes de que sucediera el acontecimiento. 

Dependiendo del acontecimiento éste puede ser una modificación simplemente narrativa, psicológico-individual, o de estatutos de algo como por ejemplo una relación afectiva. Pero, en el caso de la guerra esa transformación no es únicamente narrativa, la transformación es completa en los planos político, social y económico, innumerables vidas se han perdido y el mundo para muchos ha sido completamente transformado y en el peor de los casos terminado. Se ha abierto una nueva senda en la historia del mundo y por lo mismo es posible hablar a posteriori de un antes y un después de la guerra. 

Tradicionalmente una guerra se puede fechar fácilmente tanto a su comienzo como en su final. Al principio, una declaración de guerra y una movilización militar, antecedida por un suceso particular, un asesinato, la violación a un tratado o una violencia especifica que desencadenan innumerables combates para resolver la disputa y llegar a solventar lo que la diplomacia no pudo hacer. La guerra también termina muy claramente, la firma de un tratado de paz que decreta el final de la contienda y estipula los acuerdos y fronteras, hay  vencedores y vencidos, reparación de daños, nuevas relaciones económicas y se modifican permanentemente las relaciones de fuerza entre los diferentes agentes del conflicto. Se establecen nuevas instituciones y acuerdos para prevenir un nuevo conflicto y así surge un nuevo status quo.

El futuro  que se abre tras la guerra es completamente distinto a lo que hubiera sido sin ese conflicto, podemos decir que el mundo ha cambiado para siempre. Así la dimensión acontecimiental de la guerra en nuestra experiencia histórica es muy clara, se establece fácilmente un antes y un después, un par de fechas específicas, un antes del asesinato de Sarajevo y un después de Versalles, un antes del ataque a Pearl Harbor y un después de Hiroshima y Nagasaki, así se construye una narrativa y se nos enseña que el mundo ha cambiado por completo, surgen nuevos países y desaparecen otros, se juzgan a los criminales y los perdedores asumen la derrota, los muertos son cuantificados y en el mejor de los casos llorados, y todos inician el letargo de la reconstrucción y así el mundo sigue su curso, la narrativa nos presenta que el conflicto ha terminado.

Pero volvamos a nuestra época en donde los Trending topics de las redes sociales se sustentan en la expectativa de encontrar el acontecimiento que desencadena el conflicto bélico y transforma inmediatamente el mundo en el que vivimos y constituya así uno nuevo, casi que como por arte de magia. Tanto para aquellos con deseos apocalípticos como para quienes la esperar por un mundo distinto los mantiene al filo de la navaja, ese acontecimiento llamado Tercera Guerra Mundial, parece que nunca termina por llegar. Sin embargo, puede ser también que sean nuestras expectativas y sobre todo experiencias las que se encuentran nublándonos el acontecer geopolítico de los últimos años, y si bien nos mantienen a la espera tampoco nos permitan comprender un mundo que ha cambiado más rápidamente que la velocidad en la que incorporamos y comprendemos esos cambios y sus diferencias con las experiencias de antaño.

Durante años, hemos estado expuestos a un sinfín de producciones culturales sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial, en donde observamos en todo su esplendor la guerra como una industria en masa, miles de combatientes marchando, decenas de aviones de combate en formación, así como centenas de taques cargando hacia las posiciones enemigas y un incesante bombardeo de artillería son las constantes de esas imágenes. Esas imágenes  generan en nosotros una expectativa, al menos inconsciente, sobre lo que es la guerra y como debemos de esperar que sea la siguiente. Pero valdría la pena poner a juicio nuestras expectativas que debido a un par de razones puede ser necesario cuestionar, sobre todo si nuestra expectativa sigue basada en la Segunda Guerra Mundial. 

La primera evidentemente tiene que ver con la capacidad nuclear desarrollada en durante dicho conflicto, esta y la constante mejora de su capacidad destructiva a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, derivó en una imposibilidad para sus poseedores de enfrentarse mutuamente en el campo de batalla, aunado al recuerdo de un conflicto impulsado ideológicamente y la destrucción causada, la preocupación porqué el menor malentendido derivara en una destrucción no sólo de los contendientes, sino de toda la humanidad obligó a las potencias poseedoras a contener sus enfrentamientos abiertamente y realizarlos a través de terceros, con el objetivo de obtener esferas de influencia, un conflicto sumamente caliente, pero nunca abiertamente declarado entre, en este caso, la Unión Soviética y los Estados Unidos. En la actualidad esta condición entre las potencias se ha agudizado a lo ancho del planeta, además debe ser de la alerta de todos que los tratados de no proliferación y de restricción al desarrollo de armas nucleares han quedado reglados al olvido ensombreciendo el futuro y la posibilidad de un planeta libre de armas nucleares. 

Una segunda consideración sobre la modificación de las claves para comprender la guerra contemporánea respecto a las de la Segunda Guerra Mundial es la transformación técnica de los armamentos con los cuales se combate. Si la Segunda Guerra Mundial se caracterizó por la posibilidad de producción en masa de millones de equipos y armamentos, eso hoy parece un sueño lejano derivado de la desindustrialización de las principales potencias, pero, sobre todo, por la complejidad técnica de los armamentos y su lento tiempo de producción. De lo anterior se deriva, que las pérdidas de equipo militar no puedan ser remplazadas tan fácilmente como antaño, las existencias de misiles y municiones no toman horas para ser remplazadas, sino días, semanas e incluso varios meses. 

Esa complejidad del armamento, así como la lentitud de su producción tiene también como consecuencia un aumento exorbitante en su costo por lo que la táctica de combate se ve comprometida a reducir la pérdida de vidas y de equipo militar dado su alto costo material y al tiempo para su reposición. Me parece que, como corolario a este segundo punto, vale la pena tener en cuenta que al aumentar la complejidad de los armamentos también ha aumentado la complejidad de la cadena de suministros para poder producirlos, lo que tensa aún más la necesidad por parte de las potencias por controlar diferentes regiones del mundo a través de aliados indirectos y de disputar las cadenas de esos suministros para poder garantizar la producción de esos armamentos tan complejos. La paradoja estriba en que para poder construir un ejército moderno es necesario disputar un sinfín de recursos alrededor del mundo, lo que dinamiza la lógica que lleva a la guerra, aunque sea de manera indirecta. 

Los puntos anteriores me parecen demuestran porque las guerras y sobre todo una hipotética guerra mundial no puede pelearse como la experiencia histórica sugeriría que debería ser peleada de acuerdo a los cánones de la Guerra Mundial anterior. De ahí que sea necesario pensar desde otro lugar como pudiera ser ese, “hipotético” conflicto. En ese sentido la lógica del acontecimiento quizás no sea la mejor manera de leer nuestro tiempo, quizás sería mejor pensar en términos de procesos, la Tercera Guerra Mundial como un proceso.

James Boswell. Segunda Guerra Mundial. Mujeres y niños sentados en el andén, con soldados al fondo. The Britsh Museum.

Proceso

Pensar la guerra como un proceso nos obliga a tener una mirada que vaya más allá de los hechos y acontecimientos cotidianos, de una delimitación determinada por declaraciones y tratados o por un suceso extraordinario anunciado a los cuatro vientos por todos los medios de difusión. Para poder abordar el conflicto de esta manera, tenemos que considerar los hechos a contrapelo, pues es el transcurrir del tiempo el que, con la ventaja de la mirada retrospectiva, nos ayuda a develar cuáles fueron los puntos de quiebre que nos llevan a pensar de otra manera una guerra; en este caso, a considerar la posibilidad de que nos encontremos ya en la Tercera Guerra Mundial.

Para eso hay que considerar cuáles han sido los acontecimientos que más allá de la euforia del momento modificaron la estructura del sistema mundial en donde se está disputando el conflicto, y así poder comprender los cambios en las articulaciones geopolíticas y la correlación de fuerzas del sistema, tales como son  las acciones de todos los implicados en el conflicto, el establecimiento de alianzas y bloques así como las respuestas en los diferentes niveles en los que la guerra se está llevando a cabo. 

Para lo anterior es necesario tener en cuenta lo siguiente: un sistema específico y en particular, la guerra no termina cuando desaparece o deja de existir, (esto sería pensar desde una lógica del acontecimiento), sino que en realidad su último momento es cuando a pesar de no manifestarse abiertamente, las condiciones para su reproducción se han modificado invariablemente, es decir, que, en el siguiente ciclo de su hipotética reproducción a pesar de seguir existiendo, ese sistema ya no es sostenible en el tiempo.

En nuestro caso, lo que buscamos no es cuando comenzó la guerra, sino cuando la paz se volvió insostenible para los beligerantes y que a pesar de que el conflicto no haya estallado directamente todavía, para los diferentes actores geopolíticos la toma de postura y la apuesta por un determinado proyecto político se volvió irrevocable y delineó sus políticas por los siguientes años atandolos en una compleja red en donde dar marcha atrás es cada vez más costoso. 

Antes de continuar con el análisis del proceso de la guerra actual, es necesario considerar un último elemento esencial para la comprensión de la política de nuestro tiempo. El lenguaje político es cada vez menos complejo y, más allá del debate sobre la posverdad, se encuentra altamente cargado de eufemismos, de maneras de decir las cosas sin decirlas. Es un lenguaje incapaz de asumir responsabilidades sobre las acciones que se enuncian a partir de otras palabras y que, por las consecuencias de admitirlas, se encuentra completamente maniatado a inventar nuevas maneras de frasear las cosas. Es incapaz de llamar a las cosas por su nombre para evitar las consecuencias de sus acciones y la posible respuesta tanto de los oponentes políticos internos como de los rivales (por no decir enemigos) externos; además del omnipotente mercado financiero que, ante cualquier declaración, responde inmediatamente sobre las acciones, los bienes, las compañías o los países involucrados.

Así, para evitar admitir los fracasos, errores, mentiras y motivaciones de las decisiones políticas que se toman para favorecer intereses específicos contrarios a los de la mayoría de las poblaciones, suele hablarse de una manera en la que la admisión de una acción se expresa de otra forma, como si eso la convirtiera en otra cosa. De este modo, la discusión se enfoca en si lo que se dijo es o no es, y no en el hecho en sí. Por ejemplo, en el caso de la guerra se habla de la necesidad de una “zona de amortiguación” para el Líbano, de una “guerra preventiva” en el caso de Irán o de una “operación militar especial” para Ucrania.

No se trata de mentir; se trata de que el golpe de realidad se aminore mediáticamente con el transcurrir del tiempo, que no se desencadene una escalada inmediata, acontecimental, ni se afecte en demasía a los mercados financieros. Así, cuando la realidad salga a la luz, será ya una noticia pasada y su relevancia político-mediática habrá quedado en segundo plano.

De lo anterior se deriva la complejidad de entender la política en nuestra época, pues rara vez se concatenan las acciones realizadas con sus caracterizaciones mediáticas. Y, si algo es pertinente recordar, es que, en la mayoría de los casos, hablan e importan más las acciones —sobre todo a lo largo del tiempo— que lo que se dice que supuestamente se está haciendo. Este debe ser un criterio para comprender las verdaderas motivaciones y lo que sucede tras bambalinas del espectáculo mediático de la política.

Comencemos con el momento en el que, en mi opinión, el sostenimiento del orden internacional quedó condenado y los acontecimientos entramparon a las principales potencias en un torbellino del cual no han podido realmente salir y paulatinamente han condenado  la posibilidad de  reproducción de dicho orden; regresemos en el tiempo al inicio de la segunda década del siglo XXI y al desencadenador que fue la Primavera Arabe y a las consecuencias de la misma. 

El caso que nos interesa es el derrocamiento de Muamar Gadafi debido a que parte del colapso de la resistencia ante los rebeldes tiene que ver con la instauración de una zona de exclusión aérea en el territorio libio por parte de la OTAN y al apoyo que recibieron los rebeldes con bombardeos sobre posiciones del ejercito libio por parte de la misma organización. Lo importante aquí es que encontramos el precedente para el hecho que marcará una inevitable tendencia para el sistema internacional y la ruptura con su capacidad de reproducción institucional y producirá la lógica de bloques que es inherente a un conflicto mundial. Esta lógica sólo comenzará a hacerse notar un par de años después con el avance de la Guerra Civil Siria y el sistemático y constante respaldo otorgado por Rusia y China al gobierno de Assad rechazando continuamente todo tipo de resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, salvo la relativa a la destrucción del arsenal químico del país árabe, así como la posibilidad de intervención de una fuerza de coalición liderada por los Estados Unidos.

El aprendizaje de lo ocurrido en Libia, la cercanía con el Cáucaso ruso; los intereses de esta potencia en la región, incluyendo la importante base naval en Tartús; así como la caída de gobiernos afines tanto a China como a Rusia en la región impulsaron una política de respaldo irrestricto a su histórico aliado por parte de ambas potencias, aunque hasta ese momento Siria recibiera escaso apoyo militar por parte de Rusia. Este aprendizaje, consolidó la posición estratégica de ambas potencias, respecto de los Estados Unidos y el orden global de su momento en donde cualquier cambio y posibilidad de pensar en un ordenamiento distinto por parte de una via diplomática se encontraba completamente cerrada.

 En ese sentido los andares estratégicos tanto de China como de Rusia en los años posteriores pueden entenderse como la constitución de un tablero de Go, en donde las piezas se van colocando lentamente con el objetivo de eventualmente controlar y cercar la mayor cantidad de territorio del tablero. Su objetivo no es una confrontación directa sino la constitución de un sistema e instituciones paralelas que eventualmente sean una opción diferente a las instituciones globales conformadas y hegemonizadas por los Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial.  

La Guerra Civil Siria funge entonces como el desencadenador de la imposibilidad de la reproducción del sistema internacional, en específico de la versión unipolar afianzada tras el colapso de la Unión Soviética.  La consolidación de la “Relación especial estratégica” entre Rusia y China, elemento fundamental que con el transcurrir del tiempo generará instituciones internacionales que poco a poco minarán los organismos del mundo unipolar estadounidense y que derivado de la constante hostilidad occidental se vuelven sumamente atractivos como sistemas de gobernanza globales paralelos que no conlleven la imposición de la política imperial estadounidense a sus miembros. Además, la Guerra Civil Siria tiene la particularidad de que no sólo son las grandes potencias se encuentran involucradas, también las potencias regionales están sumamente involucradas, Irán, Israel y Turquía, generando un mosaico sumamente complejo de intereses traslapados que dificultan establecer posiciones de antagonismos claros, al menos en un primer momento pero que conforme se desarrolle el conflicto cada uno de las partes beligerantes se acercará a una posición específica. 

La guerra es también el parteaguas del proceso que nos interesa porque ante la imposibilidad de derrocar al gobierno de Assad, y con el objetivo de seguir debilitando a Rusia y eventualmente fragmentar el país, los Estados Unidos apoyaron un golpe de Estado en Ucrania a finales de 2013  que derivó en la Guerra civil en el Dombás, la anexión de Crimea a Rusia y un lento pero constante distanciamiento entre la Unión Europea y Moscú debido al apoyo de los primeros al nuevo gobierno en Kiev cuyos intereses eran completamente atlantistas. El conflicto durante sus primeros años se estancó en las fronteras del Dombás y a pesar de los diferentes intentos por llegar a una solución pacífica, a través de los acuerdos de Minsk en sus diferentes versiones, al final siempre se mantuvo la hostilidad entre ambos bandos, aunque fuera de baja intensidad. 

Durante la segunda mitad de la década pasada, con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, hubo un estancamiento relativo en esos conflictos: por un lado un desdén hacía la posición europea y de la OTAN respecto de Rusia y por otro un enfoque mayor en la destrucción del llamado Estado Islámico en Siria e Irak, también enemigo de Assad, que una presión sofocante sobre el gobierno de éste. Pero con la llegada de Joe Biden a la presidencia esto terminó, una vez diluidos los efectos de la pandemia de Covid-19, el gobierno de Biden fue mucho más beligerante contra Rusia y Assad y continuó con la presión económica iniciada por Trump hacia China.

Estos conflictos que, en apariencia, están separados,  en mi opinión forman parte  de una misma dinámica, de un mismo proceso de Guerra que dista de nuestras experiencias pasadas, pues se pelea en diferentes campos y niveles con diferentes temporalidades en cada uno de esos niveles. La Tercera Guerra Mundial cuya imbricación en diferentes frentes y en diversos planos; militar, diplomático, informático y económico tiene que ser entendida como una Guerra Mundial Híbrida, si bien los conflictos son paralelos cada vez es más difícil no observar su convergencia en un escenario sumamente complejo donde todas las esferas sociales son parte del campo de batalla a global. 

Esto es un reto de sobremanera para el observador, precisamente porque poder tener certidumbre sobre lo que sucede es sumamente complicado, derivado de que parte de esa guerra se juega en un nivel mediático en donde la censura del establishment mediático del rival es sumamente importante para poder controlar la narrativa interna y seguir legitimando un conflicto que a pesar de que se presenta como ganado, este continua y necesita la constante suma de dinero por parte de todos los beligerantes.  Pero pasemos al último elemento antes de hablar de la actual fase del conflicto y es aquel que temporalmente podemos denominar Apocalipsis.

 Henry Moore. Segunda Guerra Mundial. The British Museum

Apocalipsis

Etimológicamente la palabra Apocalipsis significa revelación y ese es el sentido que le pienso dar aquí. Y es que, derivado de la incursión de Hamás a través de la frontera israelí el 7 de octubre de 2023, se hizo evidente otro elemento que tiene que ver con las instituciones globales. Ante la reacción israelí y el genocidio en Gaza, el respaldo irrestricto a dicho país por parte de los Estados Unidos y otras potencias internacionales, así como la incapacidad de un sinfín de organismos internacionales para denunciar y sancionar a Israel, revelaron su parcialidad e inutilidad.

Esto resulta particularmente evidente a contraluz de las posturas adoptadas por esos mismos organismos y gobiernos ante la intervención directa rusa en la llamada “Operación Militar Especial” en Ucrania. En ese caso, se impusieron un sinfín de sanciones y suspensiones a Rusia, en contraste con lo que todavía ocurre con Israel.

Es cierto que la intervención abierta de Rusia en Ucrania puede presentarse como un parteaguas en la Guerra Mundial, y lo es de una manera particular, sin embargo, no representó un cambio en la lógica del proceso, más bien su intensificación en términos cualitativos ya que finalmente una de las principales potencias entró militarmente en acción de manera abierta. Pero la dinámica de confrontación y la dirección de la Guerra no cambiaron. 

Este contraste entre las posiciones, declaraciones y acciones frente a lo acometido por Rusia e Israel son precisamente la revelación de que las instituciones y fundamentos del sistema internacional se encuentran profundamente desgastados, que desde un determinado punto de vista, son meros elementos retóricos para justificar acciones contra los oponentes estratégicos estadounidenses y que el cumplimiento de las normas así como la labor institucional generalmente tuvieron otro fin que el que anunciaban sus promotores.

Quedan para la posteridad las declaraciones del primer ministro de Canadá Mark Carney en Davos a principios de año en donde dijo cínicamente los siguiente:  

Sabíamos que la historia del orden basado en reglas era parcialmente falsa, que el más fuerte se exentaría cuando lo considerara conveniente, que las reglas de comercio se aplicaban asimétricamente. Y sabíamos que la ley internacional se aplicaba con diferente rigurosidad de acuerdo con la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción fue útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos, canales marítimos abiertos, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y un marco para resolver disputas.

Lo anterior es importante porque, ante las amenazas recibidas por parte del presidente Trump al inicio de su segundo periodo, no le quedó más remedio al primer ministro canadiense que denunciar la lógica del poder del más fuerte, que en este caso ya no lo beneficiaba a él. Durante toda la presidencia de Biden, el orden basado en reglas se esgrimió contra Rusia, China y quien se sumara para ser sujeto de las sanciones estadounidenses, a la par de que Israel cometía —y al día de hoy sigue haciéndolo— un genocidio en Gaza sin ninguna consecuencia por parte de quienes dicen defender dicho orden.

Así, después de lo acontecido en la configuración que hemos descrito, el emperador queda completamente desnudo: ya no puede acudir a su legitimación normativa sin mostrar cuán hipócrita e impotente es a la hora de aplicar, supuestamente, sus sanciones. En ese sentido, el siguiente momento de la Tercera Guerra Mundial es la revelación de que las instituciones existentes no son neutrales, que siempre fueron partidarias no sólo de un orden normativo, sino de un sistema internacional que beneficiaba a unos por encima de otros, y que, cuando la situación va en contra de sus intereses, esas instituciones y reglas simplemente no funcionan.

Volvamos ahora al enfrentamiento militar, en donde Siria sigue siendo el punto nodal de la configuración de la guerra, en este caso por la intensificación de la disputa entre dos poderes regionales, Israel e Irán. Con el ataque del 7 de octubre Israel se volvió un actor clave para los acontecimientos militares de la región de manera abierta, no es que no lo fuera antes, pero desde ese momento su ofensiva y el genocidio en la franja de Gaza, así como la ofensiva en Siria y Líbano han seguido una lógica expansionista solapada por occidente, principalmente los Estados Unidos. Esto intensificó la posición y la intensidad de sus enemigos declarados en particular Irán a través de sus aliados regionales . 

La disputa entre Irán e Israel es vieja, sin embargo, su intensidad ha ido aumentando en los últimos años con el asesinato en los últimos días de la primera administración de Trump de Qasem Soleimani realizado por los Estados Unidos así como el asesinato del líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, realizado por un bombardeo israelí sobre Beirut. El posterior ataque israelí respaldado por la administración de Trump a Irán en 2025 y cuya respuesta por parte de Irán sería un preludio de lo que ocurriría unos meses después en respuesta al asesinato del líder iraní Alí Jameneí y el bombardeo de la escuela en Minab intensificando la Guerra en todos sus frentes.

Al haber sido los Estados Unidos quienes llevaron a cabo el bombardeo y asesinato ellos quedaron maniatados a la respuesta iraní que incluyó el bloqueo a la vital arteria para el comercio mundial del estrecho de Ormuz. En este sentido, podemos observar cómo en efecto nos encontramos en una Guerra Mundial Híbrida precisamente porque además de militar, la respuesta y el golpe mucho más fuerte es a la economía estadounidense anclada en la importación de petróleo de la región así como la venta de seguridad para los países de la misma, seguridad que ha quedado completamente desarmada tras meses de guerra por parte de Irán. Este bloqueo tendrá incalculables consecuencias económicas, ha puesto un peso enorme sobre un sistema financiero global que ya estaba en una situación crítica derivado de la impresión masiva de efectivo derivada de la pandemia de Covid-19 y una economía estadounidense cuyo crecimiento productivo, que no financiero, era ya escasa.   

Otro elemento clave es el hecho de que hasta ahora Irán no ha recibido apoyo militar por parte de Rusia o China, al menos no abiertamente, pero si en el terreno de la inteligencia, así como a través de la venta de recursos para la producción de armamento que a la par China ha prohibido su exportación para fines militares a Estados Unidos. Es cierto que China sigue estado ajeno al conflicto como beligerante, sin embargo, la estrategia iraní no podría funcionar sin su apoyo pues es a través de ellos y su sistema alternativo de pagos es como les será posible cobrar el peaje de la que plantean será la nueva forma para poder cruzar el estrecho de Ormuz y que nos presenta ya una alternativa en términos institucionales y de seguridad en la región gestionada por los Estados Unidos. 

En el caso de Rusia, esta sigue empantanada en la guerra de desgaste con Ucrania y la OTAN, en este sentido tenemos ya a las dos principales potencias del mundo involucradas abiertamente en conflictos militares con “aliados” de las otras potencias, así mismo instituciones globales, principalmente económicas, que bloquean y limitan el acceso a recursos estratégicos de sus oponentes. Pensado en esta lógica podemos observar como en efecto la Guerra es ya Mundial.

Sir Muirhead Bone. Un tanque. 1917. The British Museum.

Conclusiones

Por todo lo comentado hasta aquí es posible observar el proceso de lo que denominamos Tercera Guerra Mundial, no como un acontecimiento definitivo, sino como un encadenamiento de procesos que han generado en el sistema internacional un sistema de bloques y condiciones que nos hacen pensar que el mismo ha llegado a su final y se encuentra en proceso de remplazo por un sistema diferente que apenas está viendo la luz. La Guerra Mundial actual, a diferencia de la pasada, se pelea en diferentes campos y de diferentes maneras. Sus temporalidades son diferentes y responden a diversas dinámicas que se encuentran entrelazadas, dependiendo del campo en el que sea hable, ya sea político, económico, militar, diplomático, logístico entre otros. Derivado de lo anterior es que podemos hablar también de una Guerra Mundial Híbrida que comenzó aproximadamente hace unos 13 años y que su final parece estar todavía lejano. Sin embargo, es posible empezar a vislumbrar algunas cosas para el futuro a partir de lo que he descrito en las páginas anteriores. 

La primera es la utilidad de pensar nuestro presente de diferentes maneras, no únicamente como acontecimientos esporádicos que pueden cambiar el curso de la historia de manera unívoca. Por lo mismo de la importancia de poder pensar desde una mirada más amplia y lenta, quizás muy lenta para los tiempos que corren. La necesidad de mirar procesualmente y de cuestionar si nuestras experiencias y las expectativas basadas en dichas experiencias son pertinentes para comprender nuestro tiempo. La mirada retrospectiva, nos sirve precisamente porque también nos permite ver hacia el pasado y desde nuestra contemporaneidad plantear la cadena de sucesos que nos han llevado hasta donde estamos hoy, sobre todo a la luz de aquello que el mismo proceso ha develado, como la hipocresía institucional y su incapacidad para resolver de manera satisfactoria los conflictos para los que fueron creadas, ya sea por una falta de capacidad institucional o por la propia incapacidad o colaboración de aquellos encargados de ejecutarla. 

Es importante hacer hincapié en el hecho de que la política, en eso que se llama occidente, ha sucumbido a la lógica del espectáculo. La necesidad; ante la incapacidad de solucionar problemas a corto, mediano y largo plazo, de constantemente mentir y fabricar verdades cada vez más grandilocuentes además del uso constante de eufemismos para evitar cualquier tipo de compromiso con algún resultado concreto, los cambios de posición de un día a otro de acuerdo a la conveniencia del mercado accionario son todos síntomas de una política que es incapaz de plantear soluciones, de hecho parece que es incapaz de reconocer los problemas que atraviesan a las sociedades, pero lo que es peor aún es la incapacidad de siquiera presentarse como políticos competentes, como estadistas y personas que son plenamente conscientes de las consecuencias de sus actos y dichos, parece que nos encontramos atrapados en una nave cuyo capitán hace tiempo que dejó de pretender dirigir el barco hacía algún puerto seguro y que incluso ya no pretende siquiera dirigir la nave. 

La segunda es relativa al lenguaje, de importancia capital para la política, el uso actual del mismo es una muestra de los tiempos que corren en dos sentidos, por un lado la sumisión a los efectos del mercado financiero y por lo tanto las idas y venidas dependiendo de los posibles rendimientos en la bolsa de valores, la otra, la prueba de la incultura cada vez más patente en los círculos políticos occidentales, de la que probablemente se desprenda la falta de rumbo en la que parecemos inscritos, pues se deriva de cómo interpretamos las acciones que tomamos en el mundo. Así para comprender lo que sucede no basta con escuchar lo dicho sino insertarlo en en el entrecruzamiento de diferentes planos para dar luz sobre los motivos, las verdades y mentiras que están siendo dichas.

Del texto podemos sacar una última conclusión. Para quienes nacimos y crecimos bajo el unipolar orden estadounidense y su corolario “mundo basado en reglas” podemos estar seguros de que ese mundo y las promesas con las que vivimos y crecimos por varias décadas han llegado a su fin dado que las condiciones que hicieron posible su reproducción por treinta años están completamente erosionadas en diferentes planos. Es cierto que nadie tiene una bola de cristal para saber que sigue, sobre todo en un panorama tan complejo y con una infinidad de actores cuyas posibilidades se van reduciendo a medida que el costo de recular en una iniciativa, decisión o posición se hace más alto, pero también me parece cierto que un orden mundial como aquél que se consolidó tras el colapso de la Unión Soviética no volverá independientemente del resultado del conflicto en el que nos encontramos. Así el mundo está en el interregno entre un paradigma institucional y económico que parece estar llegando a su fin y el surgimiento de uno nuevo. Con el resultado parcial en el frente iraní es posible prever que la arquitectura de seguridad en la región ha cambiado para siempre y que no recuperará la forma que tuvo hasta apenas unos meses. 

Lo que nos resta es actuar para que ese nuevo orden institucional sea en favor de las mayorías globales y no de élites enquistadas en sus privilegios y desmesuras, para que ese tiempo entre el mundo que está terminado y aquél por venir no se llene de monstruos, con la claridad de que es cierto que, sí en el principio fue la guerra, en el final también.

James Boswell. Desierto rojo. The British Museum.

Julián Bonet Castillo es politólogo

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