"Manifestación de periodistas a fuera de la Secretaría de Gobernación de los EE. UU. Mexicanos" by Adrián Fenrir Ikaro is licensed under CC BY 2.0.

Desaparición, homicidio y actos de fe: una respuesta a Clark y Pérez Ricart

Por Gibrán Ramírez Reyes

Ante las reacciones de Eduardo Clark García Dobarganes y Carlos A. Pérez Ricart a mi columna Desaparición y homicidio: el engaño del gobierno de la CDMX, publicada este lunes en Milenio, gloso a continuación sus argumentos y les contesto. Adelanto al lector que la prisa y la precariedad con que se respondió a mi columna evidencian la falta de explicaciones creíbles del gobierno de la Ciudad de México y el entorno de los gobernantes sobre qué está pasando en materia de desaparición involuntaria en la Ciudad de México.

 

  1. Dicen que con Claudia se denuncia más y se registra mejor porque hay voluntad política

Como hace siempre el poder, se ataca al dato y, en este caso, a la base de datos. Los argumentos que se esgrimen son varios. El primero, de llamar la atención, es de orden moral. Se dice que en el pasado no se reportó bien y se da por obvio que con Mancera hubo más desaparecidos de los que dice la estadística, al mismo tiempo que se invita a creer en el buen actuar del gobierno de Claudia Sheinbaum. No es extraño. Típicamente, cuando aumenta la incidencia delictiva, las autoridades tienden a decir que es porque ahora se denuncia más debido a la confianza que se tiene en la autoridad. Dice Eduardo Clark: “El crecimiento de los registros se relaciona a una voluntad política mayor a no subreportar y por lo tanto construir una estrategia real de búsqueda”.[1]  Los encargados de los datos de hoy descansan en suposiciones morales. En este caso, el problema reside en que Mancera era malo y Claudia es buena (o tiene “voluntad política”, lo que eso quiera decir). No parece un argumento ni siquiera digno de llamarse así.

Pérez Ricart, por su parte, invita también a la intuición y se pregunta: “¿Es posible creer que en 2017 hubo sólo 24 casos de personas desaparecidas o no localizadas?”.[2] No sé cómo hizo su búsqueda. La mía en el Registro Nacional arroja que en ese año hubo en la capital 74 personas desaparecidas de las cuales, a la postre, 30 fueron localizadas con vida, una sin vida y 43 se mantienen en calidad de desaparecidos o no localizados. ¿Es posible creerlo? Sí, si consideramos que la Ciudad tiene grandes capacidades de gobierno y que es además una metrópoli sumamente poblada y comunicada, de modo que la gente no suele desaparecer sin dejar rastro.  Para el mismo Eduardo Clark, los datos están depurados, por tanto tienen que ser confiables. Escribió: “De hecho es importante notar que los datos de la administración de 2012-18 ya están depurados como parte de un proceso de identificación de personas en el registro que fueron ya ubicadas”.[3] Para Pérez Ricart, al contrario, el aumento inusitado de las desapariciones sería muestra de que antes de 2017 no “había procedimientos ni mecanismos de actualización cotidiana. Los datos no eran abiertos; cada estado hacía y medía lo que quería”.[4] Supone, entonces, que ya había una realidad monumental de desapariciones, pero que nadie la veía y nadie la registraba porque se podía no hacerlo y porque en el gobierno no les daba la gana. Así, la narrativa manda y hay que interpretar los datos a partir de la creencia previa: el gobierno de Mancera fue malo, perverso y mentiroso; el gobierno de Claudia es bueno, apegado a la verdad y a la nueva ley. Es una fe que no comparto. Si se hace caso a Pérez Ricart, la depuración de la que habla Clark no sólo no habría existido, sino que sería imposible y el pasado sería, sin remedio, un territorio de puras tinieblas.

 

  1. Dicen que el incremento inusitado de las desapariciones lo explica un cambio legal y metodológico en el registro

Cito a Pérez Ricart:

“Antes de 2017 no existía el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). Tampoco había procedimientos ni mecanismos de actualización cotidiana. Los datos no eran abiertos; cada estado hacía y medía lo que quería”.[5]

“En 2019, además, se modificó en CDMX la Ley de Búsqueda de Personas. Antes tenían que pasar 72 horas desde que la persona fue vista por última vez para considerarla como desaparecida; a partir de 2019 se hace inmediatamente. En una frase: crecen los números porque se busca más”.[6]

Este argumento de Pérez Ricart tiene varios problemas. El primero es que descalifica por completo el RNPDNO. Antes de 2017 no habría nada válido. La cifra de 100 mil desaparecidos que tenemos hoy y que ha sido tan referida sería una ocurrencia anecdótica. El subregistro podría ser de la dimensión que cada estado quisiera. En la Ciudad de México, suficiente para multiplicar por trece el dato del sexenio previo sin que en la realidad nada significativo se hubiera movido. Pérez Ricart es parte de la Comisión de la Verdad del gobierno de México. Ojalá haya comunicado ya a la Secretaría de Gobernación que los datos de su Registro previos a 2017 no sirven para nada.

El segundo problema del argumento, que es peor para la discusión que nos ocupa, es que las fechas de los cambios metodológicos no son explicativas del crecimiento de las desapariciones según los datos disponibles. Magda Ramírez lo ha mostrado en un trabajo donde examina los datos de homicidio y desaparición entre el primer cuatrimestre de 2021 y de 2022, ya con las nuevas condiciones de registro descritas por Pérez Ricart. Al mismo tiempo en que los registros de homicidio bajan 30%, las desapariciones incrementan ¡393%! Mientras se registraron 95 personas desaparecidas y no localizadas entre enero y abril de 2021, hubo 373 en el mismo periodo de este año. Es decir, el incremento se da años después, ya con los cambios de circunstancias y condiciones, a más de un año de su implementación y no a raíz de ellos. Suponiendo sin conceder que los gobiernos de Mancera y Sheinbaum sean incomparables por motivos morales y técnicos, ¿tampoco es comparable 2021 con 2022? De verdad, ¿siguen sin querer ver el problema?

El tercero es que el cambio en la Ley de Búsqueda de Personas en efecto pudo tener un impacto masivo en los reportes de desapariciones, pero lo habría tenido también en los reportes de localización. Suponer o validar, como Pérez Ricart, que las personas “sí son localizadas días o años después. Sin embargo, que la familia sepa dónde están, no implica que la autoridad lo sepa o que el Registro lo contemple”[7] conlleva afirmar que, a raíz del cambio legal, la autoridad capitalina anota todas las desapariciones pero no les da ningún seguimiento y la gente bien puede seguir desaparecida o estar ya en contacto y normalidad con su familia –Pérez Ricart elige pensar que están bien, pero lo suyo no es un argumento, sino una elección. Lo que hace es tomar la suposición más tranquilizante para la conciencia, lo mismo que los malos funcionarios cuando estiman que las desaparecidas se fueron con el novio o los desaparecidos se fueron de parranda. Aun peor, se supone que los capitalinos reportan desapariciones a la menor provocación y luego no avisan cuando sus familiares aparecen. Así, el problema radicaría en la gente.

 

  1. Dicen que comparo peras con manzanas

Dice Clark: “Otro error metodológico: para Gibrán, una persona desaparecida es igual que un homicidio. En la CDMX el 39% de las personas no localizadas se localizan en menos de un año. De estos el 46% es localizado con vida. De los que son localizados sin vida el 33% no murió por violencia”.[8]

Deliberadamente y sin citar la fuente de sus datos, Clark enreda la discusión mezclando personas que permanecen en calidad de desaparecidos y no localizados con los datos de los que fueron localizados. En mi artículo me refiero solamente a los que permanecen como desaparecidos y no localizados. En otra circunstancia, esa sería toda mi respuesta, pero el argumento de Clark puede ser muy revelador en varios sentidos. Primero, si lo validáramos, la única propuesta sería esperar. Para hacer análisis hay que esperar, porque seguramente muchas de las personas aparecerán. Para el momento presente estamos ciegos. Sobre la desaparición, entonces, podrá siempre hacerse historia, pero no política.

Si lo que Clark dice es cierto, si esos datos existen, la administración capitalina tiene una base muy distinta a la del Registro Nacional, que presenta porcentajes distintos, y se sabe con precisión cuántos de los reportados como desaparecidos y localizados están realmente muertos, por lo menos respecto de los primeros años de la administración. Las cifras no sólo serían diferentes, sino bastante superiores a las del Registro Nacional. ¿Puede Clark hacer públicos esos datos?

Usemos sus porcentajes con los datos disponibles. El universo total de las desapariciones durante este sexenio en la Ciudad de México, según el Registro, es de 6 mil 716. Si los números son como dice Clark, podríamos proyectar que 2 mil 619 (39%) habrían sido o serán localizadas en menos de un año. De ellos, 1 mil 204 (el 46%) serían localizados con vida. De los 1 mil 415 que serían localizados sin vida debería restarse el 33%, y “sólo” 948 habrían perdido la vida por violencia. Si este ha sido el caso, esos homicidios están debidamente registrados como tales por las autoridades.

El problema es que los datos que ha manejado la Fiscalía de la Ciudad de México son muy distintos.[9] En conferencia de prensa, Ulises Lara anunció que en lo que va de este sexenio han sido localizadas 10 mil 146 personas reportadas como desaparecidas, un dato que es de por sí alarmante porque es muy superior al del Registro Nacional. De ellos, dicho por Clark, 4 mil 667 (46%) habría sido localizado con vida. Del resto (5 mil 478), el 33% (1 mil 807) no habría muerto por violencia. O sea que 3 mil 671 sí habrían muerto con violencia. El mayor problema de aplicar los porcentajes de Clark es que estos homicidios integrarían, por sí mismos, la amplia mayoría de los 4 mil 36 homicidios registrados durante este sexenio. ¿Están integrados esos 3 mil 671 en la cuenta de homicidios que presume este gobierno? Si están, entonces hay una modalidad masiva de homicidio con ocultamiento de cuerpo, por lo que cabe esperar que muchos de quienes han permanecido en calidad de desaparecidos y no localizados estén en la misma condición; si no están, la cifra de homicidios que presume el gobierno es del todo falsa.

Debo reiterar que, de ser cierto al mismo tiempo lo que dice la Fiscalía y lo que dice Clark sin evocar fuentes, el porcentaje de personas sin vida entre los localizados es mucho mayor al que presenta el Registro Nacional y a ello habría que sumar las muertes de entre quienes permanecen desaparecidos y no localizados. Eso sólo agrava el problema. De verdad, ¿no lo quieren ver?

Finalmente: aunque lo haga de buena fe, Pérez Ricart distorsiona mi argumento. Dice que acuso al gobierno de “hacer pasar homicidios por desapariciones”,[10] cuando, lo que dije, a la letra es lo siguiente:

“Los gobiernos local y federal han celebrado repetidamente que los homicidios han disminuido en Ciudad de México y que esta es, actualmente, más segura que metrópolis de su calado. Según se presume, el homicidio en la Ciudad de México disminuyó en más de 60 por ciento. El promedio diario sería de 1.9 casos y se trataría de un éxito irrefutable de la administración capitalina. Creerlo es el riesgo que se corre al mirar un dato y desentenderse del contexto. Si se toma perspectiva, la mentira y el manejo engañoso y doloso de la estadística son evidentes. La clave está en el incremento fuera de toda proporción de las desapariciones durante este sexenio en la capital del país”.

Es evidente que, al igual que entre los localizados que describe Eduardo Clark, hay mucha gente sin vida entre quienes permanecen en calidad de desaparecidos y no localizados, seguramente más que entre quienes sí han sido localizados. ¿O qué es lo que suponen que pasa con quienes llevan años en calidad de desaparecidos y no localizados? Hasta que no se estime correctamente la magnitud de ese dato, en un contexto de miles de desapariciones, la supuesta reducción en homicidios dolosos y feminicidios es un dato frívolo, anecdótico, carente de credibilidad, igual que las conclusiones que el poder extrae de dicho dato.

Si bien homicidio y desaparición involuntaria son fenómenos diferentes, están muy relacionados. No son peras y manzanas. Clark, que se dedica a los datos, no lo sabe, pero seguramente sí lo sabe Pérez Ricart, un destacado científico social. Lo remito a los textos que refiere Magda Ramírez en Animal Político y con hincapié al de Carlos Carcach y Evelyn Artola, que seguramente conoce.[11]

Con un tono sermonero que caracteriza a un oficialismo de un pensamiento mucho menos sofisticado que el suyo, me dice Pérez Ricart:

“Hay que tener cuidado cuando hablamos de este tema. Gibrán manda una señal equivocada a las familias al sugerir que sus desaparecidos están muertos. Eso me parece irresponsable. Ojalá se haga cargo de ello; se lo digo de buena fe”.

Aunque coincido plenamente en que hay que tener cuidado cuando hablamos de este tema, la señal negativa no es mía. Quienes tienen familiares desaparecidos saben que hay una alta probabilidad de que no estén vivos. Las madres buscadoras buscan, frecuentemente, entre restos humanos. Mala señal envía quien, como Pérez Ricart, debería velar por la verdad para las víctimas y vela, en cambio y oficiosamente, por la integridad reputacional de un gobierno anteponiendo suposiciones (informadas, pero suposiciones) a la exploración de todas las hipótesis.

Eso me parece irresponsable. Ojalá se haga cargo de ello. Se lo digo de buena fe.

 

***

Dejo para el lector tres verdades que no se han refutado ni por asomo:

  • Según los datos del SESNSP, el promedio diario de homicidios durante el gobierno pasado fue de 2.5 diarios. Durante el gobierno actual es de 3.11.
  • Según el RNPD, el mismo tiempo en que se registra, ya después de 2019, un descenso en los homicidios, hay un incremento masivo en las desapariciones involuntarias.

Sin contar a los desaparecidos, no se puede contar la historia del homicidio ni la seguridad de la capital de México.

 

El autor es Doctor en ciencias políticas y sociales por la UNAM.

 

[1] Eduardo Clark @EduardoClark, Twitter, 27 de junio de 2022. https://twitter.com/EduardoClark/status/1541523131944386560?s=20&t=0mrk6ZAd2fPtNBTmxEa7ZQ (Consultado el 29 de junio de 2022).

[2] Carlos Pérez Ricart @perezricart Twitter 27 de junio de 2022 https://twitter.com/perezricart/status/1541580317944856580?s=20&t=mdFVCccdq_FOigSK1BFXDA (Consultado el 29 de junio de 2022).

[3] Eduardo Clark.  @EduardoClark, Twitter, 27 de junio de 2022. .https://twitter.com/EduardoClark/status/1541523128483979265?s=20&t=0mrk6ZAd2fPtNBTmxEa7ZQ (Consultado el 29 de junio de 2022).

[4] Carlos Pérez Ricart @perezricart Twitter 27 de junio de 2022, https://twitter.com/perezricart/status/1541580313867984902?s=20&t=mdFVCccdq_FOigSK1BFXDA (Consultado el 29 de junio de 2022).

[5] Idem.

[6]Carlos Pérez Ricart @perezricart Twitter 27 de junio de 2022.   https://twitter.com/perezricart/status/1541580320406966272?s=20&t=mdFVCccdq_FOigSK1BFXDA (Consultado el 29 de junio de 2022).

[7]Carlos Pérez Ricart @perezricart Twitter 27 de junio de 2022. https://twitter.com/perezricart/status/1541580322483191808?s=20&t=mdFVCccdq_FOigSK1BFXDA (Consultado el 29 de junio de 2022)

[8] Eduardo Clark.  @EduardoClark, Twitter, 27 de junio de 2022 https://twitter.com/EduardoClark/status/1541523130761580547?s=20&t=0mrk6ZAd2fPtNBTmxEa7ZQ (Consultado el 29 de junio de 2022).

[9] Laura Gómez Flores, “Fiscalía de la CDMX ha localizado a más de 10 mil personas en 3 años y medio”, La Jornada, Ciudad de México. Disponible en:  https://www.jornada.com.mx/notas/2022/06/20/capital/fiscalia-de-cdmx-ha-localizado-mas-de-10-mil-personas-tres-anos-y-medio/(Consultado el 29 de junio de 2022).

[10]Carlos Pérez Ricart @perezricart Twitter 27 de junio de 2022. https://twitter.com/perezricart/status/1541580308822228992?s=20&t=mdFVCccdq_FOigSK1BFXDA (Consultado el 29 de junio de 2022).

[11] Carlos Carcach y Evelyn Artola, “Disappeared persons and homicide in El Salvador”, Crimen Science, vol. 5, núm. 1, 2016, pp 1-11.

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