Colombia: se consolida el progresismo y se abre la disputa presidencial en Colombia

Por Sharon Figueroa Jaimes

Las elecciones del 8 de marzo de 2026 confirmaron algo que hace pocos años parecía improbable en Colombia: el progresismo se ha convertido en el actor político más grande del Congreso. Sin embargo, ese avance no significa estabilidad ni una mayoría suficiente. El mapa político sigue fragmentado en múltiples partidos, la mayoría ubicados en la derecha, y en ese escenario se abre ahora la contienda presidencial.

La jornada combinó elecciones al Congreso y consultas interpartidistas para definir candidaturas presidenciales. Estas votaciones ofrecen una fotografía clara del momento político del país. Desde 2022 Colombia vive una experiencia inédita con el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez; el primero de izquierda en la historia reciente, resultado del impulso transformador del movimiento social colombiano, del desgaste del sistema político tradicional, y de una creciente demanda por reformas sociales.

Las legislativas de 2026 eran un momento clave para medir si ese cambio político tenía continuidad. Los resultados, muestran que el progresismo se consolida como la principal fuerza en el Congreso. El partido político de Gustavo Petro, el Pacto Histórico, obtuvo cerca de 4,4 millones de votos al Senado, y 25 curules, cinco más que en 2022, convirtiéndose en la mayor bancada. En la Cámara de Representantes, con cerca de 4,3 millones de votos, el Pacto Histórico también encabeza la votación con alrededor de 40 curules, unas 14 más que en 2022, frente a aproximadamente 27 del Centro Democrático, partido político conservador y de derecha liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. El Centro Democrático también obtuvo la curul de colombianos en el exterior.[1]

Carrera de obstáculos. Ricardo Rendón. Vía: Banco de la República.

Además, los resultados dejaron la derrota de varios congresistas de derecha que habían encabezado la oposición a las reformas sociales del gobierno Petro. El intenso protagonismo mediático que mantuvieron en estos últimos tres años, tampoco se tradujo en respaldo electoral, y parte del electorado decidió pasar factura en las urnas.

En perspectiva histórica, estos resultados reflejan un cambio significativo: durante décadas la izquierda tuvo una presencia electoral minoritaria, mientras que hoy se consolida como un actor central en el Congreso.

En las consultas interpartidistas para definir candidaturas presidenciales participaron cerca de 8,3 millones de votantes. En contraste, en la elección al Senado participaron alrededor de 20,4 millones. Esto significa que más del 60 % de quienes acudieron a las urnas no utilizaron el tarjetón de las consultas, lo que indica que una parte importante del electorado estuvo más interesada en las elecciones legislativas o no se sintió representada por las candidaturas presidenciales en competencia.

Entre quienes sí votaron en las consultas, la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático, obtuvo alrededor de 3,2 millones de votos, con el respaldo político explícito del propio expresidente Uribe a su candidatura. Juan Daniel Oviedo, que participó en la misma consulta, obtuvo algo más de un millón de votos y, por su ubicación dentro del espectro de la derecha, podría terminar convergiendo políticamente con la candidatura de Valencia.

Por su parte, quedó definida la candidatura presidencial del Pacto Histórico con el senador Iván Cepeda, reconocido por su defensa de los derechos humanos y por su confrontación política con el expresidente Uribe, en el proceso judicial relacionado con la manipulación de testigos y los presuntos vínculos con el paramilitarismo. Cepeda no participó en la consulta luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) no habilitara su participación.

Su compañera de fórmula será la senadora indígena Aida Quilcué, lideresa histórica del Cauca y una de las voces más representativas del movimiento indígena en el país. La dupla Cepeda–Quilcué tiene un fuerte contenido simbólico: articula la izquierda política con los movimientos sociales indígenas y expresa el desafío a la histórica hegemonía de las élites tradicionales. El reto será convertir convergencia política en una mayoría electoral.

Para el gobierno Petro y el Pacto Histórico, el balance es favorable: consolidar la mayor bancada propia en el congreso fortalece al progresismo. Sin embargo, el resto de partidos, en su mayoría ubicados en la derecha, siguen sumando la mayoría del Congreso, por lo que el avance de las reformas sociales dependerá de la capacidad de construir acuerdos políticos.

Colombia entra ahora en la fase más intensa de la disputa política. La derecha buscará reorganizarse alrededor de una candidatura fuerte para la primera vuelta presidencial el 31 de mayo que, según los resultados de la consulta, muchos identifican hoy en Paloma Valencia, incluso explorando alianzas con sectores del llamado centro político para intentar construir una alternativa más amplia capaz de atraer a ese electorado.

En ese escenario, tampoco sería descartable que, en una eventual segunda vuelta presidencial el 21 de junio, la candidatura de Valencia logre avanzar y reciba el respaldo del también candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, cuyo desempeño en la primera vuelta podría terminar reforzando ese mismo bloque político. La posibilidad de que Valencia llegue a esa instancia no parece lejana si se observa la relativa debilidad de dos candidatos que compiten por el mismo espacio y se presentan como alternativa de centro: Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, quien no participó en las consultas, y la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, que sí lo hizo, pero obtuvo poco más de 500 mil votos. Por ahora, ninguno de los dos aparece como una candidatura particularmente fuerte para disputar el paso a una segunda vuelta.

El resultado del 8 de marzo deja una certeza: el progresismo colombiano, unificado en el Pacto Histórico, se ha convertido en una de las principales fuerzas políticas del país. La apuesta ahora será revalidar ese lugar en las urnas presidenciales con la candidatura de Iván Cepeda y Aida Quilcué, una fórmula que busca dar continuidad y profundizar el proyecto de país iniciado por el gobierno de Gustavo Petro.

El desafío, sin embargo, será convertir esa apuesta política en una mayoría electoral más amplia: ¿cómo tender puentes hacia sectores de centro que, por su tradicional cercanía con el establecimiento político, podrían inclinarse a respaldar una opción de derecha? De esa capacidad de ampliación del apoyo, y de la fuerza de un movimiento social cada vez más organizado y consciente de su propio peso político, dependerá en buena medida el resultado de la próxima elección presidencial.

Después del pacto. Ricardo Rendón. Vía: Banco de la república.

[1] Registraduría Nacional del Estado Civil. Resultados oficiales de las elecciones legislativas 2026. Disponible en: https://resultados.registraduria.gov.co. Consultado el 10 de marzo de 2026. Cabe señalar que, para esa fecha, los escrutinios oficiales continuaban en desarrollo.

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