“Quien ama a la gente, ama también la alegría de la gente”
Fiódor Dostoyevski
Muy a menudo el escoger la música para una fiesta involucra sacrificios: dejar de lado gustos personales a fin de armar una playlist cuyo criterio de selección es lo popular, buscando que la gente disfrute. Si en esencia esa misma lógica llevó a la corporación detrás de MTV a anunciar el inicio de su final global el próximo 31 de diciembre, tendremos que géneros como el rock, el pop, el jazz, el house y el R&B perdieron contra favoritos del gran público en México como las baladas, boleros, cumbias, reguetón, el así llamado “regional mexicano” y, desde luego, los corridos.
Pero antes de entrar al análisis de aquello que MTV significó para la cultura en este siglo y el anterior, necesitamos romper con la obsoleta visión “crítica” del pasado. Obsoleta, pues en el ascenso de su popularidad entre los años ochenta y noventa con productos como las Boys Bands (NSYNC, Backstreet Boys o Westlife) o divas del pop (tipo Madonna, Beyonce o Britney Spears), el canal era visto como brazo cultural-propagandístico del consumismo americano/American Way of Life. Si hojeamos, por ejemplo, la clásica biografía El Tigre: Emilio Azcárraga y su Imperio Televisa, hallaremos que sus autores acaban elogiando las telenovelas de Thalía, así como a El Chavo y a la comedia de Eugenio Derbez, en un peculiar nacionalismo según el cual dicha televisora contribuyó a fortalecer “la identidad nacional mexicana” frente al “imperialismo” de la música, el cine y la televisión de Norteamérica y Europa.
No obstante, la vorágine de violencia, impunidad y de aquello que en sociología se llama la “degradación del tejido social y familiar” que nuestro país ha sufrido en las primeras tres décadas del siglo actual ha puesto en el centro del debate, no a la música extranjera que solía cargar con el estigma de lo superficial, sino a géneros “hechos en México” como música cuyas letras hacen apología de conductas antisociales. Siendo justos con los corridos tumbados y el rap o hip-hop del estilo de Peso Pluma o Santa Fe Klan, hay que decir que intérpretes consagrados del bolero, la balada y hasta el mariachi ciertamente han explotado imágenes y narrativas que idealizan el alcoholismo, la misoginia y una masculinidad basada en la adquisición de fama, dinero y poder. Sin ir más lejos,la polémica del “machito proveedor” levantada por el futbolista Javier Hernández declarando que las mujeres deben limpiar la casa es inexplicable sin considerar este rancio ambiente cultural.
De modo que, volviendo a MTV en el contexto de su final definitivo e irreversible, conviene rescatar aquella promesa de una cultura global con valores humanos y de fraternidad universal que existía antes de que la globalización, definida como política económica privatizadora, aumentara la brecha entre ricos y pobres. Como ilustración, esta contradicción entre el ideal de una humanidad universal y la realidad del salvajismo de mercado es abordada dramáticamente por el novelista estadounidense Bret Easton Ellis en su obra American Psycho, (cuya adaptación al cine catapultó al actor galés Christian Bale en su papel del corredor de bolsa Patrick Bateman). Tanto el libro como la película producen una tensión satírica entre las escenas de barbarie y sadomasoquismo, por un lado; y por el otro, la banda sonora con discos de Whitney Houston, Genesis (Phil Collins) y Huey Lewis & The News explicadas por el mismo Bateman antes de lanzarse sobre sus víctimas. Examinando las letras del sencillo The Greatest Love of All de Houston, el perverso personaje de Bale lanza un mensaje de esperanza: “el de un amor propio que triunfa sobre mezquindades y egoísmos, traspasando fronteras.”
“Creo que la niñez es nuestro futuro”, cantaba la diva afroamericana, “es necesario enseñarles la belleza y dignidad en su interior”. En otras palabras, junto al ideal de una cultura humanista universal, en la música popularizada por MTV existía también lo que la filosofía del derecho comprende como el libre desarrollo de la personalidad. Es decir, el derecho a tener y expresar opiniones e inclinaciones particulares por la vía de la música.
Así pues, el cambio de época que nos trae el término de MTV y la transición hacia una escena dominada por ritmos y temáticas más nacionales y regionales nos regresa al debate sobre si esa humanidad común de principios universales que rompe barreras era un mero sueño de pensadores como Aristóteles y Emanuel Kant. Mientras el griego vislumbraba que su communitas perfecta iría progresando en la paz, la igualdad y la libertad para sus habitantes a medida que las virtudes desbordaran la estrechez de las aldeas, los clanes y las tribus, el filósofo de Königsberg sostenía que el derecho y la justicia solo prevalecen como norma de conducta universal (imperativo categórico) y no como norma condicionada localmente (imperativo hipotético). Para aterrizar esto último en cuanto a la influencia creativa que MTV ejerció en México, es evidente que la introducción de propuestas contestatarias venidas de Occidente (pienso en los finados raperos Tupac Shakur o Notorious B.I.G. o el grupo de punk The Clash,por sugerir tres nombres entre docenas) ayudó a crear una escena mexicana de rock original e irreverente. Si en el amanecer de los 2000 había opciones como Control Machete, El Gran Silencio, Plastilina Mosh, Jumbo, Molotov o Celso Piña, a más de 25 años de distancia podría decirse que el rock mexicano es una especie amenazada.
Finalmente, apelar a la nostalgia por MTV, llorar por paraísos perdidos, equivale a continuar postergando y rehuyendo el debate desde abajo sobre la importancia de la música para revertir la espiral de violencia y conductas antisociales que paralizan a México. Lejos de descalificar y menospreciar el mérito de haber conquistado el gusto del gran público a estilos como el reguetón, las baladas, las cumbias, el mariachi, las rancheras y los corridos, valdría recordar un debate surgido en Francia tras la revolución de 1789. Entre los nostálgicos de las bellas artes y la antigua aristocracia, (como el novelista Balzac), y los también aristócratas, pero sabedores que en democracia la cultura de masas llegó para quedarse, (como el ensayista Alexis de Tocqueville) triunfó la necesidad histórica: lograr que la música que surge de los sentimientos de la gente de a pie cante a los principios universales de libertad, igualdad y fraternidad. En la era post-MTV, huelga parafrasear esa sabia máxima de Dostoyevski según la cual quien ama a la gente, ama también la música que brinda alegría a la gente.

César Martínez (@cesar19_87) es maestro en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter y en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol.





