Acúsalo con tu mamá: Messi, las redes y la vigilancia invasiva

Por César Martínez

La polémica imagen de Lionel Messi yendo con el árbitro a acusar a Marc Cucurella y pedir revisión de VAR (en lo que en el argot futbolero se denomina “rajar o ir de chillón”) durante la final de la Copa Mundial de la FIFA resuena el debate actual sobre tecnología, salud mental e invasión a la privacidad. “Vigilancia invasiva”, un término usado por el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, refiere justamente el abuso de plataformas para vigilar a las personas violentando sus derechos.

Contextualizando, la controversia Messi-Cucurella surge por una reforma a la norma que la FIFA instrumentó vía cámaras y repeticiones en monitor a partir de la justa mundialista para combatir la discriminación: es la regla 12 sobre conducta inapropiada, que castiga con expulsión o tarjeta roja por “cubrirse la boca al comunicarse con un rival a manera de provocación, insulto u ofensa.En la práctica, las expulsiones del paraguayo Miguel Almirón y del ecuatoriano Piero Hincapié por llevarse la mano frente a la boca se dieron tras ser acusados por jugadores del equipo contrario. Así, acusando a Cucurella, Messi repitió esta cuestionable dinámica, donde los jugadores se convierten en vigilantes, delatores y/o soplones de sus propios compañeros de profesión.

Cucurrella tapándose la boca frente a Messi

De modo que, aunque las cámaras y las pantallas en cuanto técnicas modernas de vigilancia en efecto aparecen en esta controversia que va más allá del césped, la noción de “vigilancia invasiva” de fondo describe una forma de relación interpersonal a partir de conductas furtivas: acechar, acosar, provocar, emboscar, delatar, escarnecer y lapidar. En suma, vigilar invasivamente describe abusos del poder de la tecnología y de la autoridad para ir cercando al otro, visto con recelo y hostilidad. Puesta en práctica de este modo, la regla 12 crea una atmósfera asfixiante y distópica (al estilo del Gran Hermano de la novela 1984 del prosista inglés George Orwell), donde la gente vive con ansiedad y miedo a la gente.

“Lo que se dice en la cancha se queda en la cancha”, rezaba la máxima futbolera según la cual la mejor réplica y antídoto contra conductas antideportivas era apelar a la virtud, a la paciencia, al temple, y al espíritu de equipo. Que hable el balón.Tal refrán fue recientemente mencionado por el delantero mexicano Santiago Giménez, quien declinó revelar la conversación que sostuvo con Hincapié “para respetar códigos entre jugadores”. No obstante es verdad que Giménez “rajó” del defensa ecuatoriano ante el silbante esloveno Slavko Vinčić, mismo árbitro de la final Argentina-España. Razonablemente, este árbitro no percibió en el gesto de Cucurella llevándose la mano a la boca frente a Messi algún intento de provocación, abuso u ofensa.

Si bien la crítica a la vigilancia invasiva hecha por el pontífice León XIV carga contra los dueños de las plataformas de redes sociales, (que usan algoritmos, inteligencia artificial e incluso personal humano), para vigilar e incrementar el tiempo que la gente consume ante la pantalla generando adicción, la suya es una crítica contra la asimetría de poder entre grandes corporaciones, por un lado, y la gente común, por el otro.

La crítica a la conducta “delatora” promovida por la regla 12 de FIFA es más bien “orwelliana”, en cuanto a que la violencia brota entre personas del mismo rango (y entre quienes debería existir cierta confianza o respeto) como colegas de trabajo, estudiantes en un salón, deportistas en la misma competencia, miembros de una familia o vecinos de la misma calle. «Messi buscó delatar a Cucurella como el niño que va con la miss a echar de cabeza a su compañero en la escuela”, dijo un periodista inglés a la BBC. Y es que, como sostenía el propio Orwell en su ensayo The Lion and the Unicorn, la idea de una policía secreta (como existió en los regímenes fascistas y totalitarios del siglo XX en Europa), era difícil de aceptar entre el pueblo de Inglaterra, cuyo rechazo a los entrometidos, “metiches” y/o “chismosos” se palpa en la clásica expresión inglesa “Nosey Parker”.

Finalmente, la barrera entre lo sucedido en el España 1-0 Argentina y las redes sociales se rompió justamente con un caso viral de vigilancia invasiva. Tras publicar en X una opinión escrita en inglés sosteniendo que “la crisis conductual de [la selección de] Argentina en la final exhibe rasgos comunes en América Latina”, como la incapacidad de controlar las emociones y de reconocer errores propios, el académico chileno César A. Hidalgo dio a conocer que fue increpado y denunciado ante las universidades a las que él pertenece en un intento de cancelación. “Me acusaron con mamá,” escribió exhibiendo la gran paradoja: el ‘bully’ y el ‘rajón/chillón’ frecuentemente son la misma persona.

Acaso la enseñanza más valiosa de la penosa imagen del Messi delator de Cucurella no es la crítica contra “el gran poder anónimo o Big Brother” moviendo los hilos de la tecnología, las plataformas y las pantallas, sino la crítica con rostro humano a la manera de George Orwell: el soplón, el entrometido, el rajón, el alevoso es menos el aparato electrónico que la persona de carne y hueso. Es el mundo tóxico de 1984, donde la gente vive en ansiedad y desconfianza ante la mirada y la lengua de la gente.

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