Ilustración del balón "Tango Durlast" utilizado en el Mundial de Argentina 1978. Autor: Pablo Toussaint

Argentina 1978. Lado B

Por Javier Franzé

De los Mundiales “modernos”, el de 1978 es seguramente en el que más pesa el contexto político nacional y de época. Cabría decir que el Mundial ‘78 es el de la Guerra Fría en las periferias del mundo. Aunque con importantes condimentos nacionales, este campeonato viene determinado por la dictadura de Videla y su “lucha contra el comunismo internacional”. Así, por trágicas razones, esta Copa del Mundo sobresalió más en lo político que en lo futbolístico.

En efecto, en el plano futbolístico fue un Mundial de transición, sin innovaciones en el estilo de juego ni la aparición de jugadores o equipos que marcaran una época. Atrás habían quedado dos grandes hitos que no volverían a repetirse. Por un lado, la consagración de la escuela brasileña en México ‘70, con un Pelé rutilante, maduro e inmejorablemente, acompañado por cracks como Tostão, Jairzinho, Rivelino y Gerson, que se juntaban para tocar al ritmo de samba, lento y constante, suave y penetrante. El otro hito había sido marcado por Países Bajos en Alemania ‘74, comandado por el entonces mejor jugador del mundo, un cerebro y todocampista a la manera de Di Stéfano, Johann Cruyff, acompañado también por cracks como Neeskens, Krol o Rep, que no tenían un puesto fijo sino el que les marcaba la jugada, siempre guiada por la posesión de la pelota y el achique hacia adelante.

Si el Brasil del ‘74 siguió viviendo de la magia y el brillo menguantes de México, la canarinha de Argentina ‘78 —dirigida por Coutinho— será el primer scratch especulativo de la historia. Países Bajos mantuvo en 1978 la idea de juego de 1974, pero ya sin la brillantez que aportaba Cruyff.

La Selección Argentina antes del comienzo de su partido contra Perú el 21 de junio de 1978 en el Estadio Gigante de Arroyito, en Rosario. De izquierda a derecha, de pie: Passarella, Bertoni, Olguín, Tarantini, Kempes, Fillol. En cuclillas: Gallego, Ardiles, Luque, Ortiz, Luis Galván.
El Gráfico, «Argentina 1978» (fotografía), 21 de junio de 1978, vía Wikimedia Commons

El equipo argentino recuperó el estilo de juego histórico, de toque y asociación, ofensivo, con wings y laterales al ataque. Curiosamente, no tuvo un diez clásico que hiciera jugar el resto; el volante derecho, Ardiles, cumplió ese rol. Menotti empezó con su preferido, Valencia, de diez, pero en la segunda fase terminó de encontrar el equipo retrasando a Kempes de once a diez-nueve y manteniendo a Luque de centrodelantero. El juego argentino fue importante más para la lucha de escuelas futboleras nacionales que para el mundo del fútbol. Menotti se propuso recuperar “la nuestra”, y lo logró en gran medida,  pues la presión de la localía por momentos atenazó al equipo. Así hizo frente al creciente auge de la línea Geronazzo-Zubeldía-Bilardo, basada en el control del juego a partir del orden táctico y la adaptación al rival. Menotti abogaba por el “orden más aventura”, sustentado en la creatividad individual. Menotti consiguió, sobre todo, que el equipo jugara con garra y determinación, pero sin las mañas tradicionales del fútbol argentino (fingir, hacer tiempo, provocar a los rivales, etc.). El propio Bilardo llegó a decir que los jugadores del ‘78 parecían, por su temperamento, todos defensores. El Mundial del ‘78 consagró internacionalmente a Fillol, Passarella, Ardiles y Kempes. También a Galván, el gran olvidado.

En términos de historia del fútbol y de los Mundiales, el del ‘78 comenzó a colocar a Argentina entre los cuatro grandes, junto a Brasil, Alemania e Italia. No sólo por ser campeón, sino por iniciar la institucionalización de la selección con el nombramiento de técnicos para ocho años. Antes, se cambiaba de técnico a menudo y no había un plantel estable. Hasta el ‘78, Argentina destacaba por los éxitos internacionales de sus jugadores y equipos, pero eso no se trasladaba a la selección, salvo en el ámbito sudamericano.

El Mundial del ‘78 suele ser mostrado como prueba concluyente del fútbol como opio de los pueblos merced a la manipulación que la dictadura hizo del torneo.

El Mundial del ‘78 suele ser mostrado como prueba concluyente del fútbol como opio de los pueblos merced a la manipulación que la dictadura hizo del torneo. En este relato, el fútbol aparece como algo constitutivamente separado de la política, que de esa manera lo puede instrumentalizar para sus fines, y las masas son retratadas como actor pasivo y adormecido por su golosina favorita.

La dictadura buscó sacar provecho del Mundial para ganar popularidad. Para ello, eligió a la selección nacional como su equipo. Además, la dictadura, la selección y el Mundial ofrecían la posibilidad de construir un relato regeneracionista apoyado en la idea de reorganización como base de un éxito indebidamente postergado. Así como la dictadura se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”[1] para dejar atrás años de populismo irresponsable y extirpar del cuerpo nacional al enemigo comunista internacional,[2] la selección nacional —como señalamos— había iniciado con Menotti en 1974 su institucionalización. Finalmente, para este relato la organización del Mundial brindaba la posibilidad de demostrar “al mundo”, pero también “a los propios argentinos”[3] que el país era capaz de organizar un evento internacional igual que los países “avanzados”.[4]

En el centro de la imagen, el general Rafael Videla, detrás de un escrtorio con seis micrófonos, con una hoja de papel en la mano, jura su cargo como presidente de la República Argentina en el Salón Blanco de la Casa Rosada (Buenos Aires), dando comienzo a la dictadura cívico-militar encabezada por este. Detrás de Videla, se encuentran los demás miembros de la Junta Militar.
«Juramento de Jorge Rafael Videla como presidente de Argentina» (fotografía), 29 de marzo de 1976, vía Wikimedia Commons

La dictadura usó el Mundial para responder a lo que llamaba la “campaña anti-Argentina”,[5] supuestamente emprendida por los “subversivos” huidos del país que, habiendo perdido la “guerra irregular” pretendían —con el apoyo entre cómplice e ingenuo de la prensa, algunos gobiernos occidentales y organismos de Derechos Humanos internacionales— ganar ahora la “guerra de propaganda”, acusando a la Junta Militar de violar los derechos humanos. Para esto la dictadura contó con el apoyo férreo de la gran mayoría de los medios, salvo el diario Buenos Aires Herald y la revista Humor Registrado.

Sin embargo, ese monopolio informativo de facto, apoyado en el terror estatal, no pudo dominar completamente la situación. El Mundial se inauguró el 1 de junio, jueves, día que las Madres de Plaza de Mayo hacían desde 1977 su ronda semanal. El periodista de televisión neerlandés Jan Van der Putten fue a entrevistarlas en medio de una ciudad vacía, pues la dictadura había decretado feriado. Esa entrevista resultaría clave para difundir lo que la dictadura quería tapar. En medio de la zozobra y la angustia, una madre enunció el reclamo de mayor valor ético-político imaginable sobre los desaparecidos: “No queremos a uno, a mi hijo. Yo quiero a todos los hijos de todas las madres”. [6]

Un año más tarde, cuando la Selección juvenil obtuvo el Mundial en Japón liderada por Maradona, la dictadura volvió a tropezar con otra coincidencia que entorpecía sus propósitos unanimistas. El 7 de septiembre de 1979, la Selección le ganó la final a la URSS, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,[7] que por  presión internacional había logrado entrar en el país, recogía testimonios del terror estatal (más de 5000) a pocos metros de una plaza de Mayo en la que Videla saludaba a los que allí festejaban, mientras desde Casa Rosada arrojaban stickers con el lema “Los argentinos somos Derechos y Humanos”. José María Muñoz, el principal relator de fútbol, arengaba a la gente a pasar por donde estaba la CIDH para mostrarles la “verdadera imagen del país”.

La represión de la dictadura —reforzada por su clandestinidad— fue inédita aun en un país acostumbrado a décadas de golpes de Estado. Esto debe ser considerado cuando se muestran los festejos callejeros masivos —en un país especialmente futbolero y que disfrutaba su primer Mundial— como prueba indiscutible del éxito de la manipulación de la dictadura. El éxito deportivo no alteró los apoyos ni los detractores que la dictadura tenía. La distinción entre correlación y causalidad ha de ser considerada.

Si la dictadura quería mostrar “la verdadera cara del país”, en buena medida, y a su pesar, lo logró

El fútbol no fue mero instrumento de la política porque le brindó a la dictadura una posibilidad única, vinculada a su específica popularidad internacional: la de recibir en el país a esos periodistas extranjeros que “distorsionaban” la imagen de Argentina. La dictadura, que venía a terminar con la política y los partidos, debió politizar el fútbol para poder utilizarlo. Pero ese uso necesariamente activaba a esos que quería manipular. Y esa tentativa de aprovechamiento se vio desbordada por la contingencia y la Fortuna. Si la dictadura creía que el poder era un instrumento, y que por tanto ella sola lo tenía, se le reveló como una relación: las Madres de Plaza de Mayo le dijeron (otra vez) que no, y un solitario e inerme periodista extranjero las registró y difundió su testimonio. Sólo el palo de Rensenbrink compensó algo semejante infortunio.[8] Si la dictadura quería mostrar “la verdadera cara del país”, en buena medida, y a su pesar, lo logró: la entrevista de la televisión neerlandesa abrió una poderosa válvula por la que se coló al mundo, ahora con revelaciones de primera mano, las consecuencias del terrorismo de Estado. Lo político sonrió.


Textos de Javier Franzé en la Revista Presente


[1] Archivo Raro VHS (@ArchivoRaroVHS), “Propaganda dictadura 76: Segundo aniversario del Proceso (1978)”, YouTube, 22 de febrero de 2012, en https://www.youtube.com/watch?v=k7WSTN1aoRc (consultado el 11 de abril de 2026).

[2] Dante Rolando Silva Gutiérrez (@DanteRolandoSilvaGutiérrez), “Propaganda dictadura argentina 1977, versión para televisión en blanco y negro”, YouTube, 5 de mayo de 2012, en https://www.youtube.com/watch?v=c5s0zMlhaLQ (consultado el 11 de abril de 2026).

[3] Archivo Raro VHS (@ArchivoRaroVHS), “Carlitos Balá propaganda Mundial 78 “Mostremos al mundo cómo son los argentinos.””, YouTube, 27 de diciembre de 2016, en https://www.youtube.com/watch?v=ztVCAXnpZSM (consultado el 11 de abril de 2026).

[4] Archivo Raro VHS (@ArchivoRaroVHS), “Mundial Argentina 78 (Propaganda dictadura)”, YouTube, 22 de febrero de 2014, en https://www.youtube.com/watch?v=604-JfFquus (consultado el 11 de abril de 2026).

[5] Almorzando con Mirtha Legrand (programa de TV), 21 de septiembre de 1978, min. 48:02. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=D8e3iaD5WMU&t=2882s.

[6] Juan José Ianni (@JuanJoseIanni), “Entrevista a Madres de Plaza de Mayo en 1978”, YouTube, 24 de marzo de 2021. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=UVSLEwG_h98.

[7] SDHArgentina (@SDHArgentina), “42 años de la visita de la CIDH a Argentina”, YouTube, 6 de septiembre de 2021. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=loZdhU-Wl4s.

[8] Voetbal van Oranje – Football of Orange (@footballoforange), “The Cruelest Miss in World Cup History”, Youtube, 14 de junio de 2016, en https://www.youtube.com/watch?v=N35FMLJkF58 (consultado el 11 de abril de 2026).

Ilustración del balón "Tango Durlast" utilizado en el Mundial de Argentina 1978. Autor: Pablo Toussaint

Ilustración del balón «Tango Durlast» utilizado en el Mundial de Argentina 1978. Autor: Pablo Toussaint

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