Ilustración del balón "Crack" utilizado en el Mundial de Chile 1962. Autor: Pablo Toussaint

Chile 1962

Por Jonahan Ferrerira (Alejandro Moreno Hernández, trad.)

El Mundial de Chile 1962 tal vez sea uno de los más reveladores justamente porque no ocupa un lugar central en las conmemoraciones mundialistas. Situada entre la novedad triunfal de 1958 y la monumentalización televisiva de 1970, la edición chilena parece reposar en una zona de transición, de esas que hablan bajo y, por eso mismo, dicen mucho

Su interés radica en la forma en la que permite observar un momento en el que el fútbol, los medios, la política y la identidad nacional se entrelazaron de manera aún más densa. Brasil llegó a Chile para defender el título conquistado cuatro años antes, pero el bicampeonato siguió un camino propio, marcado por las lesiones, el reordenamiento táctico, la heroificación mediática y la proyección simbólica de un país que deseaba ser grande, aunque todavía permaneciese profundamente desigual.1 

Fotografía en blanco y negro que muestra una calle en la ciudad de Valdivia, Chile, en el año 1960, en la que se muestra el daño producido a las casas de madera que se encuentran en ella tras el terremoto y tsunami de 9.5 en la escala de Richter, que tuvo lugar el 22 de mayo de 1960.
Pierre St. Amand, «Valdivia after earthquake, 1960» (fotografía), 1960, vía Wikimedia Commons – National Centers for Environmental Information / National Oceanic and Atmospheric Administration.

Chile, a su vez, tampoco puede considerarse un paño de fondo neutro. El Mundial de 1962 fue disputado en un país todavía devastado por el terremoto de Valdivia en 1960, el de mayor registro, cuyos efectos incluyeron muertes, millones de damnificados y una destrucción material en gran escala.  La insistencia en mantener el Mundial, a pesar de todo esto, le confirió a la competición un sentido particular, porque su realización pasó a expresar un gesto de reconstrucción nacional y un esfuerzo de afirmación ante el mundo. Hay aquí una dimensión política evidente: las Copas del Mundo también funcionan como narrativas sobre la capacidad de los Estados de presentación, de legitimación y de producción de imagen de sí mismos en escala internacional.2

En el caso brasileño, la expectativa era inmensa con la base campeona de 1958 y con Pelé como símbolo de grandeza deportiva. La lesión del 10 en la fase de grupos obligó al equipo a reorganizarse, transformando el torneo en una nueva narrativa en crisis, donde Brasil precisaba sustentar su imagen futbolística.3 Garrincha adquirió una estatura singular como personaje condensador del imaginario nacional, expresando cualidades típicamente brasileiras de improvisación, astucia y soltura. Amarildo también desempeñó un rol decisivo en la difícil tarea de sustituir a Pelé. La cobertura de Jornal dos Sports presentó a Garrincha como héroe del título, convirtiendo su protagonismo técnico en narrativo y ofreciendo al país una imagen condensada de la victoria, demostrando cómo los medios moldearon el significado del bicampeonato.4

El bicampeonato se transformó en la prueba de un estilo singular, casi de una esencia brasileña hecha de belleza, espontaneidad, creatividad y eficiencia.

Esa operación ayuda a comprender la manera en la que el fútbol pasó a funcionar como lenguaje nacional. El bicampeonato se transformó en la prueba de un estilo singular, casi de una esencia brasileña hecha de belleza, espontaneidad, creatividad y eficiencia. Al llamar a Garrincha “héroe”, al dramatizar la ausencia de Pelé, y al convertir el título en la confirmación del “país del fútbol”, la prensa no sólo relataba una campaña victoriosa, sino que colaboraba directamente para organizar su sentido histórico. Champagne recuerda que informar y fabricar el acontecimiento tienen separaciones porosas,5 Machado observa que los medios, al transmitir el espectáculo, también lo transforman.6 En el caso de Chile 1962, esa doble operación aparece con claridad.7 

La cuestión racial se inscribe de manera central en este proceso. El Brasil que se veía representado por Pelé y Garrincha continuaba siendo una sociedad profundamente desigual y racialmente jerarquizada, de modo que la gloria de los jugadores no eliminaba el racismo estructural, solamente lo tornaba más contradictorio a la luz de la exaltación nacional. La imagen de un país mestizo, creativo y alegre, asociado al fútbol, sirvió para sustentar una representación conciliadora de la nación, como si el suceso en el campo suspendiese las violencias sociales. Mario Filho parece incontrovertible aquí, porque su lectura ayuda a comprender cómo la inserción de los jugadores negros fue decisiva para la formación del fútbol brasileño celebrado públicamente, sin que ello significara la superación de las jerarquías raciales; en muchos casos, lo que ocurrió fue una resignificación simbólica en un terreno de gran prestigio popular.8

Manoel Francisco dos Santos, conocido como "Garrincha" (de frente) burla al número 4, Ladislav Novák (izquierda y de espaldas), al número 5, Svatopluk Pluskal (derecha y de espaldas), del equipo nacional de Checoslovaquia, mientras un compañero no identificable del equipo de Brasil bloquea al defensor de la derecha, en la final de la Copa del Mundo de Chile 1962, celebrada en el Estadio Nacional de Santiago, el 17 de junio de 1962. En primer plano, y casi fuera de la imagen, se ve de espaldas al número 3 de Checoslovaquia, Ján Popluhár.
«Garrincha na copa de 1962» (fotografía), 1962, vía Wikimedia Commons / Acervo Arquivo Nacional

A partir de aquí, se torna útil pensar la intersección entre el fútbol y las dictaduras latinoamericanas, siempre y cuando se evite cualquier anacronismo simplista. El Mundial de Chile 1962 no fue, todavía, la Copa de la propaganda autoritaria, pero contribuyó a sedimentar una gramática política que más tarde sería apropiada por regímenes de ese tipo: la identificación entre selección y patria, la fabricación de héroes populares, la elevación de la unidad nacional por encima de los conflictos y la conversión de la victoria deportiva en prueba simbólica de la grandeza del país. En un continente que se aproximaba a sus años más duros, el fútbol ofrecía un lenguaje particularmente eficaz para organizar pertenencias, canalizar emociones colectivas y generar capital político. El interés de 1962 se amplía cuando se observa no sólo aquello que se celebró en el presente, sino también aquello que hizo posible el futuro.9

En un continente que se aproximaba a sus años más duros, el fútbol ofrecía un lenguaje particularmente eficaz para organizar pertenencias, canalizar emociones colectivas y generar capital político.

El fútbol comenzaba a ser organizado como una gran narrativa nacional antes de lograr la saturación audiovisual que caracterizaría el siguiente periodo.

En ese proceso, los medios ocuparon un papel decisivo. El Mundial aún estaba lejos de la saturación televisiva que marcaría las décadas posteriores, y en Brasil la experiencia del torneo continuaba fuertemente mediada por la radio, los diarios y las imágenes que circulaban con retraso. Justamente por eso, vale la pena notar que el espectáculo ya se encontraba en formación. El fútbol comenzaba a ser organizado como una gran narrativa nacional antes de lograr la saturación audiovisual que caracterizaría el siguiente periodo, y ese momento intermediario es precisamente lo que le confiere a Chile 1962 parte de su densidad histórica.10 

Finalmente, Chile 1962 fue la copa en que Brasil se volvió a reconocer en una victoria, a pesar de ser un país fracturado, el Mundial en el que Pelé salió tempranamente, Garrincha ocupó el centro de la escena y el mito nacional apenas cambió de rostro, el Mundial en el que un país devastado por un sismo insistió en recibir al mundo. Fue también un Mundial en que el mundo cabía en una bola, aunque esa bola comenzase a girar de prisa para que el fútbol continuase siendo visto como un simple deporte. Tal vez por eso, la Copa de 1962 sea tan importante: no por haber resuelto alguna cosa, sino por condensar —con una nitidez rara— la distancia entre el país que celebraba y el país que efectivamente existía.11


Textos de Jonathan Ferreira en la Revista Presente


  1. Wagner Lazaretti, Brasil, o país do futebol? Uma construção a partir da Copa do Mundo de 1962 (Monografía – Licenciatura en Historia), Universidade de Passo Fundo, Passo Fundo, 2025. Disponible en https://repositorio.upf.br/handle/123456789/9909. Eduardo Galeano, Futebol ao sol e à sombra, L&PM, Porto Alegre, 2022. ↩︎
  2. Lazaretti, 2025. ↩︎
  3. Thiago Uberreich, 1962 O Brasil É Bi, Letras do Pensamento, São Paulo, 2022. Lazaretti, 2025. ↩︎
  4. Arthur Eduardo Silveira de Souza Fraportti, A imagem de Mané Garrincha na cobertura da Copa do Mundo de 1962 pelo Jornal dos Sports. Monografia (Graduación en Comunicação Social: Especialidad en Periodismo), UFRGS, 2024. Lazaretti, 2025. ↩︎
  5. Patrick Champagne, Formar a opinião: o novo jogo político, Vozes, Petrópolis, 1996. ↩︎
  6.  Arlindo Machado, A televisão levada a sério, Editora Senac, São Paulo, 2019. ↩︎
  7.  Champagne, 1996. Machado, 2019. Lazaretti, 2025. ↩︎
  8.  Mario Filho, O negro no futebol brasileiro, Mauad, Rio de Janeiro, 2003. Gerson Wasen Fraga, “A bola, a nação e a memória”, Revista História: Debates e Tendências, vol. 13, nº. 2, 2013, pp. 328-342. Lazaretti, 2025 ↩︎
  9.  Lazaretti, 2025. Machado, 2019. ↩︎
  10.  Lazaretti, 2025. Machado, 2019. ↩︎
  11.  Fraga, 2013. Fraportti, 2024. Lazaretti, 2025 ↩︎
Ilustración del balón "Crack" utilizado en el Mundial de Chile 1962. Autor: Pablo Toussaint

Ilustración del balón «Crack» utilizado en el Mundial de Chile 1962. Autor: Pablo Toussaint

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