Décimas a la clase política

Por Pablo Toussaint

Dice Lope que espinela

para quejas es el verso

y sea el menor tiempo adverso

excusa de que me duela

sin poner a santo vela,

pues son más sanas las quejas

y aunque el santo tiene orejas

son sordos madera y barro

y no hay jefe de changarro

que no le tema a las rejas.

Que la espinela sea espina

por décima voz yo busco

de Tijuana al Soconusco

para el alcalde en cantina

o presidenta divina;

pues su labor y destino 

es ser del punto más fino 

de la aguja, alfiletero;

dar su sangre y cuerpo entero;

no probar gota de vino.

Si alabanza es lo que espera

o el aplauso, el dirigente,

en lugar de diligente, 

dar el todo que debiera,

mejor que cantante fuera;

que aunque no sea por activa

el que quisiera ser diva

robaría con sus anhelos

y a la audiencia en sus anzuelos

tendría presa cautiva.

Lope de Vega. Anónimo. Museo del prado.

Y si no fuera la fama

del político la meta,

sino alargar con discreta,

bajo el bolsillo de trama,

mano que al dinero es cama,

poco mal a su persona

sería ver que se aficiona

la Catrina, la Calaca

en ver su cuerpo en la estaca

sobre la tierra que abona.

Si en el frío duermen miles

y millones mueren antes

cuando en baños de diamantes

y de perla aguamaniles

se acicalan los ediles

¿qué nación puede primero

afirmar que su dinero

se emplea bien en tirar cohetes

celebrando a los ojetes

por su esencia de agujeros?

Si se reúnen con ausencia

en curules olvidados

diputadas, diputados

a fingir que con conciencia

acotan la presidencia,

cuando a la bandera arrojan

sobre el brillo que despojan

el color de su partido

con juramento bandido

por quien mirar deben, aojan.

¿Es mucho pedir decencia

al electo con el voto?

¿O supone todo roto

hasta incluso la paciencia

la virtud y la inocencia

el que transita cada año

evitando en piedra daño

de un anterior tropezarse,

deseando no equivocarse

con quien ocupa el escaño?

Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre. Ignacio Suárez. Museo del Prado.

No es honor ni honestidad

de la política divorcio

hasta ser esta consorcio

que vende por cantidad 

injusta, oportunidad.

No es política el medrar

si su fin no es acabar

con que el pueblo entero medra:

que sea el político piedra,

pero no para apedrear.

No es leal la democracia

que tener poder confunde

entre el pueblo que la infunde

con muy poca suspicacia,

y hacer lo que viene en gracia;

ni es un sufragio certero

el que olvida que primero

se vota, pero después

su deber exigir es

un servicio verdadero.

Pues es el poema ligero

y como arma insuficiente

si por obra de la gente

no se elige tal sendero

que hace inerme el fuerte acero

del que confiado no espera

que el pueblo vea en la madera

combustible para el fuego

que depone todo el ego

a la esperanza primera.

Lope de Vega en el cementerio. José Uría y Uría. Museo del Prado.
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