Dice Lope que espinela
para quejas es el verso
y sea el menor tiempo adverso
excusa de que me duela
sin poner a santo vela,
pues son más sanas las quejas
y aunque el santo tiene orejas
son sordos madera y barro
y no hay jefe de changarro
que no le tema a las rejas.
Que la espinela sea espina
por décima voz yo busco
de Tijuana al Soconusco
para el alcalde en cantina
o presidenta divina;
pues su labor y destino
es ser del punto más fino
de la aguja, alfiletero;
dar su sangre y cuerpo entero;
no probar gota de vino.
Si alabanza es lo que espera
o el aplauso, el dirigente,
en lugar de diligente,
dar el todo que debiera,
mejor que cantante fuera;
que aunque no sea por activa
el que quisiera ser diva
robaría con sus anhelos
y a la audiencia en sus anzuelos
tendría presa cautiva.

Y si no fuera la fama
del político la meta,
sino alargar con discreta,
bajo el bolsillo de trama,
mano que al dinero es cama,
poco mal a su persona
sería ver que se aficiona
la Catrina, la Calaca
en ver su cuerpo en la estaca
sobre la tierra que abona.
Si en el frío duermen miles
y millones mueren antes
cuando en baños de diamantes
y de perla aguamaniles
se acicalan los ediles
¿qué nación puede primero
afirmar que su dinero
se emplea bien en tirar cohetes
celebrando a los ojetes
por su esencia de agujeros?
Si se reúnen con ausencia
en curules olvidados
diputadas, diputados
a fingir que con conciencia
acotan la presidencia,
cuando a la bandera arrojan
sobre el brillo que despojan
el color de su partido
con juramento bandido
por quien mirar deben, aojan.
¿Es mucho pedir decencia
al electo con el voto?
¿O supone todo roto
hasta incluso la paciencia
la virtud y la inocencia
el que transita cada año
evitando en piedra daño
de un anterior tropezarse,
deseando no equivocarse
con quien ocupa el escaño?

No es honor ni honestidad
de la política divorcio
hasta ser esta consorcio
que vende por cantidad
injusta, oportunidad.
No es política el medrar
si su fin no es acabar
con que el pueblo entero medra:
que sea el político piedra,
pero no para apedrear.
No es leal la democracia
que tener poder confunde
entre el pueblo que la infunde
con muy poca suspicacia,
y hacer lo que viene en gracia;
ni es un sufragio certero
el que olvida que primero
se vota, pero después
su deber exigir es
un servicio verdadero.
Pues es el poema ligero
y como arma insuficiente
si por obra de la gente
no se elige tal sendero
que hace inerme el fuerte acero
del que confiado no espera
que el pueblo vea en la madera
combustible para el fuego
que depone todo el ego
a la esperanza primera.








