Gobierno de México

¿Militarización o desmilitarización? La elección de 2024

Por Hugo Garciamarín

Después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declarara inconstitucional trasladar el control de la Guardia Nacional (GN) a la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA), el presidente anunció que enviará una nueva iniciativa de reforma apenas pase la elección de 2024, es decir, una vez que se haya conformado un nuevo Congreso y cuando le quede sólo un mes de gobierno. Con ello, la militarización puede convertirse en el centro de una elección que parecía encaminarse hacia un simple referéndum de continuar o no con “la Transformación”. Pienso que la declaración del presidente no debe tomarse a la ligera y hay que establecer posibles implicaciones. En este texto esbozo algunas ideas (1).

Riesgos antidemocráticos

Que la militarización sea el centro del debate electoral supone varios riesgos. En primer lugar, unas Fuerzas Armadas fortalecidas a lo largo del sexenio y que han perdido el rubor para participar políticamente, tendrían un interés directo en los resultados electorales. Recordemos que fueron las mismas fuerzas armadas las que cabildearon en el Congreso para, primero, extender el período de tiempo en que se mantendrían ejerciendo tareas de seguridad pública y, segundo, para cambiar el carácter civil de la Guardia Nacional a uno militar. Se puede suponer que las Fuerzas Armadas buscarán apoyar —mediante recursos formales e informales— a quien les garantice que su interés estará cabalmente representado, en este caso, la coalición lopezobradorista. 

En segundo lugar, puede provocar una peligrosa ruptura dentro de las Fuerzas Armadas. El gobierno ha favorecido a la élite militar con contratos e impunidad, pero no ha sido igual para mandos medios y mucho menos para los soldados rasos; de hecho, hace unas semanas hubo una manifestación de familiares de militares denunciando esta situación. A su vez, según destacó el propio presidente, la Marina y el Ejército se encuentran enfrentados, lo que le parece muy normal. Así se puede suponer que el apoyo a cierta coalición no necesariamente será homogéneo y podría implicar una división en las Fuerzas Armadas no vista en mucho tiempo.

Por último, puede aumentar la relevancia, de por sí ya grande, del crimen organizado en la elección. Está ampliamente documentada la influencia de grupos criminales en los partidos y las elecciones, así como su relación con ciertos elementos de las Fuerzas Armadas, tal como ha mostrado la investigación sobre Ayotzinapa. Con los militares interesados y participando directamente en la elección, ¿cómo actuará el crimen organizado? ¿A quién apoyará? ¿Se puede desatar un clima todavía más grave de violencia?

Oportunidades democráticas

Pese a que los riesgos son preocupantes, también hay varios espacios de oportunidad. Uno de ellos es que si los partidos opositores, intelectuales y organizaciones comunitarias y de la sociedad civil se toman en serio la declaración del presidente, pueden trabajar en propuestas y denuncias contundentes sobre el fracaso de la militarización y de la estrategia de seguridad de este sexenio. 

Para ello habría que sortear varias complicaciones: los partidos e intelectuales de la transición deberían hacer un mea culpa y reconocer que ellos empezaron con la militarización y que la estrategia ha sido un fracaso en todas sus versiones. Después, exigiría imaginar y proponer un horizonte fuera del marco de referencia de todos los actores. Transformacionistas y opositores han planteado en diferentes momentos su rechazo a la militarización, pero también la han implementado y abrazado. ¿Qué mejor que empezar a proponer una alternativa que con el pretexto de la elección? Desde luego, esto no tendrá ningún avance si las oposiciones se empantanan en el discurso antilopezobradorista, como ha pasado a lo largo del sexenio.

Por otra parte, puede ser una coyuntura propicia para que colectivos y organizaciones civiles pongan sus demandas en el centro de la conversación. El lopezobradorismo, que se dice de izquierda, tendría que justificar su iniciativa frente a, por ejemplo, organizaciones de madres buscadoras, el Congreso Nacional Indígena (CNI), los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa (2) y demás organizaciones antimilitaristas y de defensa de los derechos humanos. Estas organizaciones no caminarían de ninguna forma con los partidos opositores, pero con sus denuncias y legitimidad moral podrían cambiar los marcos ideológicos del debate, incidir en la elaboración programática y hasta cambiar la iniciativa que finalmente proponga el presidente.

Otro espacio de oportunidad está en el peso específico que adquirirá la elección de diputados y senadores, a diferencia de lo que suele ocurrir durante las campañas presidenciales. Las oposiciones, principalmente, tendrían que determinar sus alianzas y candidatos con mucho mayor cuidado, para que éstos no terminen apoyando una visión ajena a la que buscan representar. Además, se requeriría de voceros con las suficientes tablas políticas y discursivas para participar en el debate e influir en el cambio de preferencias de la elección. De este modo, existe la posibilidad de que la conversación no gire sólo alrededor de la corcholata y sus adversarios, sino de la discusión de una alternativa de país.

Finalmente, puede ser el inicio de un diálogo más serio en materia de seguridad. Las elecciones son muy rápidas e impiden la discusión a fondo de las cosas, pero si se trabaja desde ahora en abrir un espacio de reflexión y de denuncia, y se logra que la elección en efecto sea un debate entre militarización y desmilitarización, se podría caminar hacia lugares de encuentro, independientemente de quién termine ganando.

Por todo esto, la propuesta del presidente encarna riesgos antidemocráticos, pero también oportunidades democráticas. La única forma de enfrentar a los primeros es aprovechando los segundos. Eso ya no depende del presidente, sino de las oposiciones. El balón está en su cancha. 

Gobierno de México

(1) Agradezco a Gibrán Ramírez y Jacques Coste por compartirme sus impresiones al respecto, las cuales influyeron en varias de las ideas que expongo en este artículo.

(2) Cfr. Hugo Garciamarín, “Ayotzinapa: Ruptura, continuidad y cambio”, Nexos, 10 de septiembre de 2022. Disponible en línea: https://redaccion.nexos.com.mx/ayotzinapa-ruptura-continuidad-y-cambio/ 

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