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La larga sombra de Pinochet: Elecciones Presidenciales en Chile

Por César Canales

Chile recientemente ha celebrado elecciones presidenciales en medio de un proceso político social crucial en su historia, para comprender este escenario hay que contemplar sus antecedentes. Considerado por muchos un modelo para la región por sus avances en crecimiento e Índice de Desarrollo Humano, el país austral experimentó en 2019 intensas movilizaciones sociales de descontento respecto su sistema político, las cuales decantaron en un proceso constituyente inédito en su historia. En efecto, las élites políticas se vieron forzadas a construir un acuerdo transversal para así morigerar la conflictividad social. De esta manera, se ofreció una instancia constituyente, abriendo un cauce institucional a los agravios expuestos en la protesta callejera.

Posteriormente en 2020, a través de un plebiscito, el 78% de los electores aprobaron la creación de un órgano compuesto por miembros plenamente escogidos por votación popular denominado Convención Constitucional, la cual se basa en reglas de paridad de género y escaños reservados para pueblos originarios, coherente con un espíritu de representatividad y pluralismo. Actualmente hay 155 delegados encomendados a redactar una nueva Carta Magna, la cual deberá ser plebiscitada en 2022. Sin lugar a dudas el proceso que experimenta el país está dotado de amplio simbolismo pues la actual Constitución entró en vigencia en 1981 en plena dictadura de Augusto Pinochet, inspirada fuertemente en el neoliberalismo y en un rol estatal subsidiario.

Ahora bien, los comicios del pasado domingo 21 de noviembre han dejado resultados dignos de interés. En primer lugar y luego de tres décadas, han quedado fuera de competencia los candidatos representantes de las dos grandes coaliciones políticas que alternaron el poder desde el retorno a la democracia en 1990, el conglomerado de partidos de centro derecha y la coalición de centro izquierda. Al ballotage (segunda vuelta) a realizarse el 19 de diciembre de 2021 han avanzado dos candidatos con proyectos políticos diferentes entre sí; por un lado, el novel candidato de izquierda Gabriel Boric, más próximo a representar y canalizar las demandas sociales exhibidas desde 2019 y el ultraderechista José Antonio Kast, un candidato del recientemente creado Partido Republicano, pero con trayectoria política precedente en el partido Unión Demócrata Independiente, situado en el ala derecha del espectro político chileno.

¿Quién es José Antonio Kast? hijo del teniente de la Wehrmarcht Michael Kast llegado a Chile a fines de la década de 1940, es miembro perteneciente a una familia que apoyó y colaboró con la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet. De hecho, el hermano de José Antonio Kast, Miguel Kast, fue ministro de Estado durante el régimen. No hay que dejar de mencionar el rol que cumplieron los civiles en el Estado Burocrático-Autoritario – bajo la tipificación de Guillermo O´Donnell – como lo fue Chile entre 1973 y 1990.

José Antonio Kast representa lo comprendido como pinochetismo, pues apela al liberalismo económico, a un orden social, a la reducción del Estado, el conservadurismo valórico y al anticomunismo. Su programa da cuenta de ello; por ejemplo el punto 33 propone crear una “Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda”, mientras que el punto 46 versa sobre la “Ampliación en las atribuciones del Estado de Emergencia”, el cual específicamente busca facultar al presidente para restringir libertades de tránsito y reunión, para interceptar y registrar toda clase de comunicaciones, así como para arrestar a las personas en sus propias moradas o en lugares que no sean cárceles ni estén destinados a la detención. Otro elemento que hace recordar el régimen de Pinochet – en particular respecto una votación convocada en 1978 ante los cuestionamientos de la ONU – es el punto número 82 del programa de Kast el cual señala: Retirar a Chile del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, pues considera que esta última “ataca a Chile con diversas políticas y falsas acusaciones”.

Asimismo, el candidato José Antonio Kast propone exenciones tributarias al empresariado, la privatización de empresas estratégicas para el Estado como la Corporación Nacional del Cobre de Chile (CODELCO), pilar de la gran minería del cobre. A su vez que busca reversar los avances en normativas de aborto, suprimir el ministerio de la Mujer y se posiciona en contra del matrimonio igualitario y de la educación superior gratuita. Cabe consignar a modo de contexto que Kast pertenece al movimiento católico de Schoenstatt y que forma parte de una organización internacional conservadora que se opone a la OEA[1].

En el plano discursivo ha llegado a declarar que Pinochet votaría por él en caso de estar vivo[2] y recientemente ha negado en un medio internacional que la dictadura chilena haya encerrado a opositores políticos[3], provocando la reacción de ciertos grupos que lo tildan de negacionista respecto los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el Estado durante el régimen autoritario.

Su política consiste en perpetuar el statu quo y reivindicar el espíritu de la Constitución de 1981 lo que lo sitúa en una postura contrarrevolucionaria respecto del ánimo expresado en las recientes manifestaciones sociales en Chile, movimientos que fueron ratificados en las urnas dando origen a la asamblea constituyente. De hecho, la composición de la asamblea -elegida el pasado 15 y 16 de mayo 2021- configuró una mayoría de 2/3 partes con ideas cercanas al progresismo, incorporando idearios indigenistas, feministas, etc., mientras que la derecha quedó reducida a 37 de 155 escaños, sin poder de veto ni con los escaños suficientes para frenar una votación de quorum reforzado (2/3). En virtud de lo anterior, parece contraintuitivo que la primera mayoría presidencial la obtuviera el candidato José Antonio Kast dado que el discurso hegemónico de la Convención adhiere a la instauración de un Estado solidario de derechos.

Dicho lo anterior, ¿qué explica la adhesión de Kast?, ¿cómo entender este fenómeno que parece contraintuitivo? En primer lugar, hay que focalizarnos en el trabajo de la Convención Constitucional, cuya aprobación ha caído paulatinamente de acuerdo a las encuestas de opinión, sobre todo a raíz de dos escándalos mediáticos al interior de un colectivo con presencia importante como lo es la “lista del pueblo” y por la constante exhibición de los gastos de mantención del órgano en los medios de comunicación. El descrédito del proceso constituyente -maximizado por los actores políticos de derecha tanto al interior como al exterior de la Convención incluyendo al gobierno- ha deteriorado la legitimidad representativa del órgano, lo cual ha sido aprovechado por Kast, quien también se ha sumado a las críticas.

Otro elemento que explica lo acaecido en las elecciones se puede visualizar a la luz de la teoría del voto económico propuesta por Anthony Downs.[4] El actual gobierno de centro derecha representado por Sebastián Piñera dispuso una serie de transferencias a gran parte de las familias chilenas durante varios meses de pandemia, entregando 230 dólares mensuales per cápita. De hecho, el denominado Ingreso Familiar de Emergencia ha sido uno de los factores que han sobrecalentado la economía, la cual ha presentado un crecimiento importante durante 2021. Bajo una mirada racional e individual, el elector evalúa su bienestar económico y si lo percibe favorable, procurará darle continuidad al partido del gobierno o de su sector ideológico, tornándose menos propenso a grandes transformaciones.

Ligado a lo anterior, el elemento emocional en la psicología del votante cobra relieve, la presente hipótesis radica en que gran parte de los electores no están dispuestos a profundas ingenierías sociales luego de una larga pandemia, centrando su interés en el consumo y disfrute de bienes y servicios, actividades restringidas por la crisis. Además, se hace patente un agotamiento emocional que se percibe en amplios grupos de personas, lo que obsta escenarios de grandes movilizaciones sociales propugnando por cambios que traen aparejada la incertidumbre. Por último, el escenario de aislamiento ha debilitado el tejido y el capital social, configurando un votante en mayor medida egoísta.

Por otra parte, el candidato opositor a Kast, Gabriel Boric, apunta principalmente a políticas de género, medioambiente, educación gratuita -esgrimiendo valores considerados postmateriales bajo el concepto de Ronal Inglehart- que no necesariamente son prioritarios para un grupo importante de la ciudadanía. De hecho, para las capas menos privilegiadas de la sociedad hay menos interés en que se legisle sobre el matrimonio homosexual versus un programa que priorice la seguridad en los barrios o apunta combatir el desempleo con mayor énfasis, puntos fuertes del discurso programático de Kast.

Por último, cabe consignar el uso del discurso populista por parte de José Antonio Kast, cuya candidatura presenta elementos visibles de populismo. En primer lugar, se erige como un líder personalista, candidato de un partido sin representación en el poder legislativo hasta la elección, en la cual alcanzó el Partido Republicano un 2% de representación en la cámara alta y un 9.7% de la cámara baja aún por asumir, sin figuras de contrapeso en el partido respecto a su líder. Este personalismo se refleja en su franja política, en la que se plantea haber recibido el llamado de un país para asumir el desafío presidencial, erigiéndose en el portavoz.

Kast asimismo plantea una visión de la sociedad dividida entre dos campos homogéneos y antagónicos.[5] De hecho, en su discurso tras los resultados se representaba a sí mismo como la opción de la libertad versus el comunismo del contrincante[6]. Según Cristóbal Rovira, el Partido Republicano de Kast no es de extrema derecha, es derecha populista radical[7], posición que rechaza la igualdad social, la integración de grupos marginalizados y apela a la xenofobia. El neoliberalismo es la dimensión económica de esta ideología mientras que el nativismo forma el componente cultural. El nativismo de Kast se observa en su crítica a la inmigración, sin asumir que Chile es una sociedad multicultural. Se define con la idea de que existe solo una nación y que no hay cabida para esa plurinacionalidad. Asimismo, esgrime la idea de que se necesita un orden al interior de la sociedad y que se necesitan jerarquías, esto también se vincula, por ejemplo, con la temática de género a la cual está muy opuesta el Partido Republicano, el cual propone un modelo de familia deseable. Por último, el populismo se expresa en un ataque a “élite corrupta”, la cual estaría representada fundamentalmente por el mundo progresista, a quienes lo seguidores de Kast le atribuyen degeneración valórica, ante lo cual Kast propone “recuperar el sentido común perdido”. Sin duda se ha hecho patente el éxito electoral de la estrategia populista a lo largo del mundo, con fenómenos nítidos como fue el ascenso de Jair Bolsonaro y Donald Trump, quienes al igual que Kast, han sido críticos con los medios de comunicación y explotan el uso de sus redes sociales.

El hecho de que haya alcanzado la primera mayoría y tener posibilidades reales de asumir la presidencia un candidato que representa los valores del pinochetismo, a tan sólo cinco meses de una expresión política de la ciudadanía tan opuesta en los comicios para definir constituyentes parece contraintuitivo. Sin embargo, la utilización de la estrategia populista, el descrédito de la Convención, el foco en problemas tangibles de la ciudadanía y una menor disposición a las transformaciones por parte de la misma son posibles factores que elevaron la candidatura de Kast, aspectos que se suman a la velocidad de las comunicaciones en redes sociales, las cuales imprimen un ritmo de variabilidad a la intención de voto, así como a la decreciente adhesión partidaria y disciplinada del elector. Estos son elementos de un fenómeno multicausal, ante el cual en el presente artículo he intentado explicar lo contraintuitivo de una carrera presidencial cruzada por un proceso constituyente y movimientos sociales progresistas que, sin embargo, ha abierto las puertas al fantasma de la derecha pinochetista.

 

  • El autor es politólogo de la Universidad Diego Portales.
Foto: @joseantoniokast

 

[1] El desconocido rol estelar de J.A. Kast en la “guerra santa” contra la OEA – CIPER Chile

[2] Chile | «Si Augusto Pinochet estuviera vivo votaría por mí»: ¿quién es José Antonio Kast el ultraderechista que reputan en las encuestas? | Jair Bolsonaro | MUNDO | EL COMERCIO PERÚ

[3] “No se encerró a los opositores políticos”: Kast defendió la dictadura de Pinochet ante medios extranjeros (cnnchile.com)

[4] Anthony Downs. “An economic theory of political action in a democracy. Journal of political economy”, 1957, vol. 65, no 2, p. 135-150.

[5] Cas Mudde y Cristóbal Rovira. Populismo: una breve introducción. Alianza Editorial, 2019.

[6] Kast: Vamos a elegir entre libertad y comunismo (ambito.com)

[7] ¿Hay partidos en Chile de extrema derecha y extrema izquierda? (pauta.cl)

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