Cacofonías. El lenguaje de la guerra fría redivivo.

Por Ricardo Arredondo

Estamos frente a un discurso que trae ecos del pasado. Resuenan en nuestra mente cacofonías de un lenguaje que, o creíamos ido, o realmente nunca se fue: el de la guerra fría. Los conceptos contienen experiencias pasadas contenidas en ellos. Sus significados se transforman constantemente, pero mantienen sedimentos del pasado, mismos que pueden ser reactualizados en otros momentos y espacios. Asimismo, los conceptos son vectores para la acción; lo pensable es nombrable, y luego posible. El uso de las palabras, en política, nunca es inocente; mucho menos en política internacional.

El año ha iniciado de forma caótica. Después de los insólitos bombardeos sobre Caracas, y la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el gobierno estadunidense ha lanzado una verborrea imparable, compuesta de reivindicaciones, amenazas y promesas de futuro. Los límites de lo decible desaparecen; la puesta en palabras es un paso anterior a la acción, y las amenazas a distintas naciones americanas realizadas por el presidente de los Estados Unidos no pueden ya tomarse como mera fantochada propia de un hombre de su tipo.

“Este es nuestro hemisferio”, dice Donald Trump. Reivindica la Doctrina Monroe, aquella que impulsaba el dominio de los Estados Unidos en el continente, especialmente frente a la presencia europea en América, y que durante la Guerra Fría buscó limitar la influencia soviética en el continente. No recuerdo a alguno de los últimos presidentes estadunidenses hacer una reivindicación tan explícita de la Doctrina Monroe. No es algo que deba pasar desapercibido pues, como ya lo dije, decirlo es un paso anterior para hacerlo. Lo pensable es posible. Ahora hablan de la Doctrina Donroe, pues Trump ofrece su propia interpretación del dominio estadunidense en el continente.

Imagen publicada por el Departamento de Estado en X.

Pero, decía, en el discurso trumpiano se escuchan cacofonías de la guerra fría. El Secretario Rubio, por ejemplo, se refiere a Latinoamérica como “our backyard”: “nuestro patio trasero”. Declara que los días de debilidad se han terminado, y que los Estados Unidos tienen un compromiso férreo en “erradicar” los peligros en su patio trasero. Y por peligros se refiere al tráfico de drogas, la presencia iraní o la existencia de regímenes “hostiles” a los intereses nacionales de los Estados Unidos.

¿A qué se referirá Rubio con regímenes hostiles a los intereses nacionales de EE. UU.? La ambigüedad es peligrosa; especialmente cuando ha sido acompañada de amenazas explícitas a Colombia, Cuba y México. A los que se suman las realizadas a Dinamarca por el interés de Trump en la posesión de Groenlandia, atendiendo al discurso de la seguridad nacional. Un discurso que legitima violencias: violencia simbólica, violencia a las instituciones internacionales, y violencia material.

“Este es el Hemisferio Occidental. Aquí es donde vivimos, y no vamos a permitir que el Hemisferio Occidental sea una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de los Estados Unidos”, dice Marco Rubio. Esa es la esencia de la Doctrina Monroe actualizada por el trumpismo.

Pero, además, han sido explícitos en su interés por los recursos naturales del continente. Como dice el propio Marco Rubio: “Hemos visto cómo nuestros adversarios en todo el mundo están explotando y extrayendo recursos de África, de todos los países. No lo harán en el Hemisferio Occidental. Eso no sucederá con el Presidente Trump. Lean nuestra estrategia de seguridad nacional”.

El que avisa no es traidor: ya en su National Security Strategy, a la que hacía referencia Marco Rubio, Trump decía: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadunidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio.”Ahí mismo decía: “Establecer o ampliar el acceso en ubicaciones estratégicamente importantes”.

Publicación del Departamento de Estado en X.

En un apartado habla de “Expandir” su presencia en el hemisferio: “Queremos que otras naciones nos vean como su socio de primera elección, y (por diversos medios) desalentaremos su colaboración con otros”. ¿Qué significa “Por diversos medios”? Ya lo vimos, ya lo estamos viendo en Groenlandia. Pero, si en el National Security Strategy hablaba de “Vecinos”, ahora dice “Patio trasero”.

Y el lenguaje de la guerra fría, del enfrentamiento entre bloques, se deja notar cuando dice: “La elección que todos los países deberían tener es si quieren vivir en un mundo liderado por Estados Unidos, con países soberanos y economías libres, o en uno paralelo en el que estén influenciados por países al otro lado del mundo”.

Esta es una cacofonía clara, por ejemplo, de la Doctrina Truman, dictada en 1947 por el presidente responsable del bombardeo nuclear en Japón: “Creo que la política de los Estados Unidos debe ser la de apoyar a los pueblos libres que se resisten a los intentos de subyugación por parte de minorías armadas o por presiones externa […]. Si flaqueamos en nuestro liderazgo, podemos poner en peligro la paz del mundo y, seguramente, pondremos en peligro el bienestar de nuestra propia nación”.

El propio Trump dice: «Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental NUNCA será cuestionado de nuevo.» Habla de DOMINIO, no de INFLUENCIA o algo similar. Ya durante la Segunda Guerra Mundial, en 1941, el empresario estadunidense Henry Luce, dueño de las revistas Time y Life, decía que los Estados Unidos debían aceptar su “deber y nuestra oportunidad como la nación más poderosa y vital del mundo y, en consecuencia, ejercer sobre el mundo el pleno impacto de nuestra influencia, para los fines que consideremos oportunos y por los medios que consideremos oportunos”.

En el discurso de MAGA y Trump se hacen ver otros sedimentos históricos que causan más escalofríos que este (especialmente aquel vinculado al supremacismo blanco). Sin embargo, la inestabilidad internacional provocada por este discurso agresivo debe ser tomada en serio, especialmente en momento de marcada incertidumbre como el nuestro.

Soldados a la espera de medicamentos. Wellcome Collection.

Ricardo Arredondo Yucupicio. Los Mochis, Sinaloa (1997). Historiador. Actualmente realizando una investigación doctoral sobre historia de los conceptos políticos.

Más artículos
La definición de democracia —estilo "diccionario de bolsillo"— que nos regala la futura presidenta de México, deja fuera, ya sea por despiste o por conveniencia, detalles importantes. Para los antiguos el asunto no era tan simple, para que el demos tuviera el kratos hacían falta tres elementos: "isonomía", "isocracia" e "isegoría".
Esto no es una democracia