La voluntad general es siempre recta y
tiende siempre hacia el bien común…
Jean-Jacques Rousseau
El rechazo a la selección mexicana de fútbol por parte de la afición sigue agravándose luego de que los jugadores Edson Álvarez y Raúl Jiménez se quejaron por la falta de aplausos para El Tri en partidos disputados en México, asegurando preferir jugar en Estados Unidos. Los abucheos y críticas de la gente de a pie, sin embargo, son valiosos considerando que, a diferencia de la política, el deporte abre un espacio donde la opinión pública se manifiesta orgánica y libremente sin tanta interferencia de grupos de intereses creados de la prensa, la burocracia y la partidocracia. Es la máxima latina: la voz del Pueblo es la voz de Dios.
Aquello que en teoría política se conoce como “cuerpos intermedios” entre gobernados y gobernantes (pues en el papel cumplen una función de intermediación o retroalimentación entre quienes tienen el poder y quienes no) choca con la dura realidad de un equipo de fútbol y una institución deportiva que, teóricamente representa a México, pero que prácticamente tiene cerrado cualquier canal de comunicación o mecanismo de consulta al público. Para sorpresa de nadie, junto a los abucheos a los futbolistas va de por medio el descrédito de comunicadores, comentaristas y presentadores que políticamente juegan a favor del statu-quo.
“Vivimos en un país libre y yo no soy quién para juzgar a la afición en su derecho a manifestarse y expresarse”, fueron las acertadas palabras del seleccionador nacional Javier Aguirre, quien ya en otras ocasiones ha demostrado una madurez cívica y un alfabetismo político pocas veces vistos en la industria deportiva mexicana. Sin ir más lejos, en este 2025 fue atacado por periodistas exigiéndole una postura a favor de las protestas anti-Trump en Los Ángeles. “Yo no puedo dar una opinión porque no conozco a fondo el tema y no soy quién para hablar a nombre de la comunidad migrante,” explicó adecuadamente el Vasco.
Nuevamente, estas manifestaciones espontáneas y populares de discrepancia con la selección mexicana permiten observar de forma más directa un fenómeno que, por comparación, en política y gobierno vendría distorsionado por una serie de escollos ideológicos y materiales como lo son el conflicto de interés económico de los dueños de los medios de comunicación, el uso de granjas de bots por parte de partidos y aparatos burocráticos y la propagación de discursos discriminatorios por motivo de color de piel, clase social, culto religioso o género. Jean-Jacques Rousseau, aquel gran pensador ginebrino de lengua francesa, citando a Nicolás Maquiavelo, sostenía que la discrepancia y la crítica solo perjudican a aquellas comunidades divididas en “sectas y facciones.”
Mencionar a Rousseau examinando el divorcio entre afición y selección nacional nos da una visión distinta, pues él innovó hace casi 300 años en el estudio de la opinión pública bajo su concepto de Voluntad General en su clásico ensayo: Del Contrato Social. A diferencia de Montesquieu, quien abogaba por los “cuerpos intermedios” entre quienes detentan el poder y la gente común, el suizo prefería conceder garantías individuales de libre expresión y de manifestación de ideas para constituir un cuerpo soberano. “Si un pueblo delibera, una vez suficientemente informado… del gran número de las pequeñas diferencias resultaría siempre la voluntad general, y la deliberación sería siempre buena.”[1]

Con voz profética, Rousseau anticipó la narrativa de redes sociales echada a andar por personalidades con micrófono tras los berrinches de Raúl Jiménez y Edson Álvarez en contra del público mexicano: es la narrativa según la cual la gente es ingrata e ignorante por exigir en el estadio mejor desempeño, mejores resultados y una representación nacional más digna. Los cuerpos intermedios de prensa, directivos, dueños y futbolistas degeneran así en grupos de intereses creados (facciones o sectas, según Maquiavelo) a expensas del bien común. “Entonces no hay más voluntad general, y la opinión que domina no es sino una opinión particular”, sostenía Rousseau.
La crisis futbolística y también crisis de representación de la selección mexicana a pocos meses de la Copa Mundial de la FIFA 2026 viene a ser, pues, un termómetro valioso de una opinión pública verdaderamente orgánica, espontánea y popular en tiempos en que la libertad de expresión y el derecho a la información se ven amenazados por estrategias de manipulación novedosas como los bots y la inteligencia artificial. El sentir crítico de la afición mexicana ante un Tri en decadencia y ante una prensa deportiva que le hace comparsa confirma la idea democrática de Juan Jacobo Rousseau: vox populi, vox Dei.

[1] El Contrato Social: principios del derecho político, Buenos Aires, 1999. pp. 54-55-
César Martínez es maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.






