Los escándalos recientes que involucran al guardarropa interminable de un matrimonio de legisladores, las vacaciones en Tokio de un joven dirigente partidista y la menos comentada residencia con piscina en Houston de un exgobernador, nos hacen preguntarnos nuevamente: ¿qué significa vivir en la “justa medianía” según el lema de Benito Juárez hablando de nuestros servidores públicos?
El lema juarista con el cual el expresidente Andrés Manuel López Obrador colocó la austeridad como valor moral o principio ético del “noble oficio de la política”, se remonta incluso antes de la aparición de Juárez en la historia de México. El poder de los ideales de igualdad y libertad de la Ilustración de Francia se aprecia en personajes como Madero o Melchor Ocampo, pero acaso nuestro más elocuente caudillo igualitario fue José María Morelos y Pavón.
Aquella frase de Los Sentimientos de la Nación, según la cual la ley justa dicta “que se moderen la opulencia y la indigencia”, ciertamente fue la más aprovechada por AMLO para avanzar la causa de la justicia social. Pero hay otra frase de Morelos (más filosófica y profunda) antecesora de la “justa medianía” de Juárez. Se trata de su declaratoria de Siervo de la Nación de 1813: “no hay otra nobleza que la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad: que todos somos iguales, pues del mismo origen procedemos; que no hay abolengos ni privilegios.”
Declarar que la virtud es la verdadera nobleza como hace Morelos, paradójicamente, significa legitimar un tipo específico de desigualdad: no la desigualdad del aspiracionista o materialista que trata a las personas según estatus social o político, sino la desigualdad natural de talentos y facultades que cada quien pone desinteresadamente al servicio de los demás. En esta “desigualdad buena” del cura michoacano están pues las ideas de Montesquieu y de Rousseau: partiendo de la igualdad ante la ley, cada quien se diferencia y se distingue por su contribución al bien común. Por eso el exmandatario tabasqueño en sus mítines hablaba de “que el poder es humildad.”

Ahora bien, el acierto de Juárez fue aterrizar en política la metafísica de Morelos: moderar la opulencia y la indigencia para evitar que el dinero fuera la obsesión de las personas (es decir, su escala de éxito o fracaso personal), elevando en su lugar a la virtud a rango supremo, implica que quienes gobiernan deben poner el buen ejemplo de modestia y sobriedad. Como apuntaba Jesús Reyes-Heroles, en el siglo de Juárez desde Francia no sólo llegaban en barcos los libros de los grandes pensadores, sino también las joyas, los vestidos, el calzado, las pelucas, los muebles y otros lujos que pusieron a México en bancarrota. De modo que moderar el consumo más superfluo para Juárez era una forma de sanear la hacienda pública. “Combatir la corrupción no es sólo por razones de índole moral, sino para liberar recursos para atender las necesidades básicas de la gente,” también sostenía López Obrador.
Es decir que si en Morelos la moderación es una virtud, en Juárez la medianía es todo un principio indispensable para gobernar de forma sostenible y duradera o, diría Maquiavelo, para conservar el poder. Obviamente, el benemérito sacó la idea del “justo medio” en sus estudios como seminarista sobre Santo Tomás de Aquino, (quien a su vez la sintetizó de San Agustín, Aristóteles y Platón). De esta fuente común brotando de la Edad Media, de Roma y de Grecia, comprendemos la similitud entre varias de las ideas de Juárez y la de una figura tan controversial como brillante de la filosofía: el idealista alemán Guillermo Federico Hegel.
Inspirado en el mito griego de los tres metales según el cual la ciudad, la polis o la civitas, se dividía en tres clases (bronce o hierro para simbolizar a la clase de gente preocupada en tener riqueza; plata para simbolizar a la clase guerrera o militar y oro para simbolizar a la clase gobernante), Hegel también señaló que en política y en gobierno no hay espacio para quien dedica su vida a lucrar y sacar provecho personal. Rechazando el egoísmo como motor de conducta y al homo economicus como la conciencia enajenada en sus intereses particulares, sostenía que un Estado administrado por gente de negocios o burgueses estaba destinado a la corrupción e irracionalidad. Así pues, quienes integran la “clase general” o “servicio público” deben sacrificar sus gustos personales a fin de realizar las ideas del “espíritu objetivo”: el derecho, la moral y la ética.
Recordando que para Morelos la única desigualdad aceptable es la desigualdad de virtudes y talentos, y que para Juárez la “justa medianía” es la virtud del servidor público que gobierna sus propias pasiones y apetitos, en Hegel hallamos que la razón universal dicta que la verdadera realización de instituciones como el matrimonio, la familia y la propiedad privada (es decir, en tanto expresiones de libertad y no de vacío existencial) se da priorizando lo esencial, el interés general. Es el numeral 260 de Grundlinien der Philosophie des Rechts:
Empero, la libertad concreta consiste en que la individualidad personal y sus intereses particulares, alcanza únicamente su desenvolvimiento pleno y el reconocimiento para sí de sus derechos (en los sistemas de la familia y de la economía) en cuanto se integra por sí misma en el interés general, bien porque lo conoce y lo quiere, o porque hace de él la substancia de su espíritu y actúa para él como fin supremo. [1]
Finalmente, la “justa medianía” que enfatiza virtudes como la sobriedad, la moderación y la austeridad nos permite cuestionar qué intereses persiguen quienes desde partidos y gobiernos han llegado al poder en México. Recuperar el mito griego de los metales, del cual partieron Juárez y Hegel, sin embargo, nos hace temer de quien usa la política para su interés particular: desde el interminable guardarropa con las mejores marcas hasta las noches de hotel de siete mil pesos con desayuno incluido, (pasando por la residencia con piscina en Houston), una vida pública hecha para el talento y la virtud ha caído en manos de gente hecha del hierro del dinero, los excesos y la frivolidad.

*César Martínez (@cesar19_87) es maestro en relaciones internacionales por la Universidad de Bristol y en literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.
[1] Citado en Mario de la Cueva, La Idea del Estado, UNAM, 1980. pp. 280-281





