La autoridad es la ley que habla
Cicerón
Resultó impactante ver la expresión incrédula del reportero Arturo Páramo al formular una pregunta que exhibió las graves contradicciones en el errático discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum ante la crisis política y de seguridad desatada en Sinaloa, desde que Estados Unidos sustrajo a Ismael Zambada de territorio mexicano en 2024 y posteriormente ordenar en 2026 la extradición del gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya.
Señalando cuán extraña fue la maniobra política usada por Sheinbaum para forzar a Rocha a pedir licencia definitiva de su cargo constitucional (que incluyó un mensaje escrito por ella sin atreverse a mencionar nombres ni apellidos, más dos desplegados llenos de “abajofirmantes” de la burocracias estatales y del Partido Morena), Páramo cuestionó: “Presidenta, ¿si a Rocha [ustedes] lo están dejando solo, esto significa que sí tiene vínculos delictivos?”.
“No, eso corresponde a la Fiscalía, mi posicionamiento fue político, no judicial”.
La contradicción radica en buscar resolver, en efecto, con crudos métodos políticos típicos del presidencialismo mexicano del siglo XX, (tales como las “palomas mensajeras”/“mandar indirectas”, el uso de las así llamadas “fuerzas vivas” o “abajofirmantes” y el escarnio y el chantaje por la vía del aparato de partido oficial), un escenario cuya verdadera salida estaría en respetar y poner en vigor las instituciones de la Constitución Política.
De informales o extraconstitucionales pueden así tacharse los medios usados por la presidenta para extinguir un mandato constitucional de una entidad federativa, cuya legalidad y legitimidad, siguiendo la Carta Magna, están sancionadas por las mismas instituciones jurídico-políticas que le otorgan a ella misma la investidura de presidenta de México: el voto y el mandato popular, así como la constancia de mayoría en una elección validada por órganos constitucionales establecidos.
Tratándose de un tema álgido que enciende las pasiones entre el bando gobiernista y el bando opositor, vale la pena citar un ejemplo similar de otra parte del mundo para ilustrar cómo el debate de fondo no es de partidos, sino que es la disyuntiva entre usar crudamente el poder (a expensas de pasar por encima del orden constitucional) o defender las leyes y garantías de la carta de 1917, (aún a costa de hacer enojar y quedar mal con el inquilino de la Casa Blanca y con su poderoso secretario del Departamento de Estado).
El caso data de 2011, cuando países del sur de Europa, sumidos en fuertes crisis de deuda, como Italia, Grecia o España fueron gobernados desde el exterior por una troika, o carruaje de tres caballos: la Unión Europea, el Banco Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Hace 15 años, la prensa liberal europea fijaba la controversia acerca de cómo Jefes de Estado o Jefes de Gobierno electos por voto popular eran forzados a renunciar, (entre la humillación y el vilipendio), y su lugar era ocupado por burócratas y/o tecnócratas votados por nadie, quienes sin embargo lograban gobernar obedeciendo los dictados de la troika. Esto sucedió con el economista Mario Monti, quien fungió como primer ministro italiano sucediendo a Silvio Berlusconi de 2011 a 2013, sin haber pasado por las urnas, y cuyo mayor mérito era el de llevarse bien con Mario Draghi, entonces jefe de la Banca Central de la Eurozona. Italia, la patria del demócrata Cicerón y del estoico Marco Aurelio, gobernada por los “Súper Marios”, decía el chiste de aquellos años.
De modo que puede sugerirse que la presidenta Sheinbaum está apostando por gobernar Sinaloa por la vía de una troika, donde ella maniobra a dos manos con las riendas de tres caballos: el primer caballo es el dominio que ostenta sobre el aparato de partido y de otros gobiernos estatales; el segundo es la aquiescencia de una prensa que sin ser ministerio público logró (metafóricamente hablando) tener la cabeza de Rocha servida en bandeja de plata; y un tercer caballo, impetuoso, rabioso e impredecible, es el beneplácito de un gobierno de Estados Unidos que irá obteniendo cada vez más cosas del gobierno mexicano.
Los ojos de asombro y de extrañeza de Páramo frente a las peculiares respuestas de la doctora Sheinbaum retratan a una mandataria quien primero se ufanó en decir que respeta la autonomía constitucional de las entidades federativas y que no aceptará el injerencismo extranjero; y que minutos después sugirió que Rocha es un ambicioso vulgar por osar retomar su cargo constitucional y por casi provocarle a ella más problemas en la relación bilateral con Donald Trump. En el colmo de una conferencia mañanera digna del olvido, Sheinbaum aderezó su soliloquio citando al expresidente López Obrador con frases como “mi pecho no es bodega.”
Un día después, la titular del Ejecutivo Federal ha dado por buena la anómala situación, (extraconstitucional si uno se obstina en considerar ese documento mítico que la clase gobernante ignora), en la cual Sinaloa tendrá un gobierno interino carente de mandato popular por más de 12 meses hasta la elección intermedia de 2027. La disyuntiva de la troika, poder o derecho, régimen de facto o régimen de jure, ha sido así pues resuelta por Sheinbaum en la apuesta por manejar a dos manos las riendas de tres caballos: uno muy dócil, uno muy traicionero y otro muy desbocado. Puesta a decidir entre la fuerza del poder y la autoridad de la ley, la doctora decidió por la primera disfrazando su decisión con un discurso lleno de giros y vueltas que mareó al periodista Páramo y le dejó sin más preguntas por hacer.






