En el día de fiesta, ganó México y ya

Por: Elías Leonardo Salazar

Son las 9:30 horas del 11 de junio de 2026. Entre Calzada de Tlalpan y Periférico, una señora vende réplicas actuales de las camisetas de la Selección Mexicana a 250 pesos. Metros más adelante, otra vendedora le hace la competencia con una tarifa similar. En ambos puestos se detienen aficionados con boleto para el partido inaugural de la Copa del Mundo entre México y Sudáfrica. Pese a que visten versiones originales de playeras anteriores del equipo mexicano, su intención es portar el nuevo modelo, aunque sea pirata. 

Sabedor del costo de las prendas, un vendedor de frituras y dulces considera que las ofertan muy baratas. Cargando sobre su hombro un enorme palo de madera en el que cuelgan sus productos, asume y refiere que la gente que asiste al juego tiene dinero y no le importa gastar: “Era para que las dieran mínimo en 400. A esas personas lo que les sobra es lana, por eso están aquí”. Confiesa que habitualmente sus bolsitas de cacahuates, pepitas, habas enchiladas y gomitas cuestan 10 pesos, pero las subirá al doble durante los días del calendario mundialista en el Estadio Ciudad de México.

Así como él, algunos propietarios de inmuebles en colonias aledañas al templo futbolístico también aumentaron el valor del alquiler para estas fechas con la expectativa de una fuerte derrama económica proveniente del capital extranjero y/o del turismo nacional. En algunos casos, los pronósticos fallaron y no encontraron interesados en rentar sus propiedades, por lo que salieron a las calles para pegar anuncios con la urgencia de recuperar un poco de lo estimado.

Foto tomada por el autor.

Otros que buscan favorecerse de la justa deportiva son los miembros de congregaciones cristianas que reparten folletos con portada alusiva al torneo. Publicados en inglés y en español, estos textos religiosos forman parte de su misión evangelizadora, misma que ponen en práctica en la zona de hospitales con pacientes y familiares. Debido a que los institutos públicos de salud no laboraron como causa del asueto obligado, en esta ocasión se concentraron exclusivamente en el público futbolero.

La percepción de que el Mundial 2026 fue pensado y diseñado para personas con poder adquisitivo se repite en otros pensamientos. A la altura del parabús ubicado en el exterior del Bol Tlalpan, ya a las 10:00 horas, algunos futboleros que acuden a tomarse la fotografía del recuerdo o para sentir el denominado “ambiente mundialista” retornan desencantados de norte a sur porque no hay acceso a la explanada del estadio salvo para quienes cuentan con entradas. 

Resignados, unos cuantos toman asiento en el mobiliario urbano para observar a la fanaticada que se dirige feliz hacia su destino con plena tranquilidad de contar con un lugar asegurado en las tribunas. Reconociendo el pecado capital de la envidia, un hombre de aproximadamente 50 años opina que los “afortunados” de disfrutar de los juegos y del espacio urbano son “ricos”. Su esposa añade un apunte de corte racial para respaldar la deducción de su marido sobre los privilegios: “La mayoría son blancos”. 

Una hora más tarde, a las 11:00 horas, ese desasosiego sociocultural y económico se convierte en enojo cuando se percatan de la presencia de Alfredo del Mazo, exgobernador del Estado de México, acompañado de su familia. Aquellos que lo han identificado canalizan su ira e indignación contra la clase política del país. A todos por igual, sin excepción ni distingo de colores partidistas, los acusan de “rateros” y “vividores” que solamente han usado al pueblo para llenar sus bolsillos y para beneficiar a sus amigos. 

El ánimo se transforma cuando aficionados sudafricanos se dan el tiempo para interactuar con los mexicanos que los saludan, les piden la tradicional selfie e intercambian predicciones. Los africanos se muestran contentos y afables e incluso corresponden con abrazos la camaradería recibida. El más aventurado de ellos vaticina un triunfo de los suyos con un gol de último minuto.

A las 12:00 horas, en el centro de Tlalpan, habitantes de la alcaldía empiezan a encaminarse al Deportivo Vivanco, una de las sedes capitalinas que transmitirán gratuitamente todos los partidos. Con jerseys que van desde el modelo de Estados Unidos ‘94 hasta el más reciente, evidencian que una sola actividad demanda su día: ver y apoyar a México.

Entre la multitud sobresalen dos varones que visten de amarillo. Son colombianos. Decidieron usar el atuendo de su selección para unirse a “la fiesta del futbol”. Emocionados, corteses con el país que los acoge, prueban los alimentos de la vendimia gastronómica. Las gorditas de chicharrón y el agua de horchata son los manjares descubiertos que los han enamorado durante este viaje.

Foto tomada por el autor

Uno de los asistentes paga sus bebidas por el gusto de hacerlo y porque le disgusta que se estigmatice a mexicanos y colombianos por la violencia perpetrada y derivada del crimen organizado. Asimismo, manifiesta estar convencido de que somos un pueblo bondadoso y humanitario que nos hemos olvidado de ello, por lo que actúa con hechos para demostrar que podemos salir de “la crisis” en la que hemos caído.

Mientras más se aproxima el inicio del partido, más convivencia hay. Toda vez que se ha dado a conocer la alineación tricolor, afloran los directores técnicos de sofá para discutir quién debe empezar y quién no, los pros y contras de los elegidos por Javier Aguirre. No faltan los que terminan de revisar las quinielas que organizaron o que todavía están indecisos para apostar. La pregunta recurrente, ya sea en voz alta o entre cuchicheos, consiste en el resultado final: “¿Cuánto crees que queden?”. Ni el más pesimista visualiza una derrota de los nuestros. Como buenos entrenadores que son, la clave es sencilla: “Sudáfrica no trae nada”. No han visto jugar a los Bafana Bafana ni conocen a sus futbolistas; sin embargo, muy seguros de sí, argumentan que es un rival débil.

En punto de las 12:55, el sentimiento patriótico aflora cuando entonan el himno nacional junto a Alejandro Fernández. Terminado este acto protocolario, surge una efervescencia de porras y vítores con el silbatazo inicial y se prolonga hasta el instante en que Julián Quiñones perfora la red sudafricana. A partir de allí, el júbilo se dosifica por lapsos ante la intermitencia de la Selección Mexicana para ir por el segundo gol. 

En el medio tiempo arriba más gente al deportivo. Niños, adultos mayores, hombres y mujeres conforman esa pequeña gran masa que les hace sentirse en el estadio, es decir, en ese recinto al que contemplan distante e inalcanzable por lo caro que se ha vuelto el futbol. Dicho descontento lo ejemplifican en dos momentos específicos a lo largo de la transmisión: cuando las imágenes de televisión muestran a Gianni Infantino, presidente de FIFA, y cuando se escucha la entonación coral de ‘Cielito lindo’.

Por un lado, el dirigente del máximo organismo del balompié es repudiado porque representa “ambición” y “avaricia”. Por otro lado, la canción popular es un símbolo de ruptura y rencor social luego de que fue abrazada como emblema emocional por quienes sí tienen la posibilidad de acceder a espectáculos como la Copa del Mundo. Respecto a la rola, el rechazo vino con la pandemia luego de que influencers y celebridades la utilizaran como aliciente anímico. De acuerdo a algunas voces, ese gesto fue dedicado a un selecto grupo poblacional.

Ya en el segundo tiempo, la anotación de Raúl Jiménez que pone el 2-0 en la pizarra concede que todos se olviden de la realidad, mayor aun cuando aprecian el llanto que ofrenda a la memoria de su padre, fallecido en marzo de este año. De igual manera, les conmueve y alegra que haya marcado su primer gol en su cuarta participación mundialista. La ensoñación los impulsa a clamar el tercero, especialmente con el ingreso de Gilberto Mora al campo; la gema de Xolos es, al menos para los más chicos, un ídolo en ciernes.

Desafortunadamente para su causa, la expulsión del capitán César Montes los regresa a la Tierra. Es un cubetazo de agua fría que los hace recordar que han tenido dudas sobre México y su desempeño en la cancha en el proceso del ‘Vasco’, que les despierta el tóxico idilio de amor-odio con el Tri en cuanto algo le pone un toque agridulce a la juerga, que les reitera el coraje por percibirse excluidos del deporte más bello del planeta. El sinsabor de la tarjeta roja pesa tanto que la victoria se difumina en el pesimismo que doblega a las esperanzas engendradas con Jiménez: “Contra Corea y República Checa vamos a perder”.

“Bien, a secas”, responde un joven al ser cuestionado sobre el accionar azteca. Amplía su respuesta: “Era para golearlos, ¡se quedaron con nueve hombres!”. Como si se hubiera tratado de un duelo amistoso, los aficionados abandonan las instalaciones de Vivanco sin alharaca ni indicios de un festejo desbordado. Por el contrario, su celebración es mesurada, contenida, apenas expresiva. No obstante, son voces adultas las que se resuenan así. Los pequeños que ven por primera vez un campeonato mundial cobijados por el sentimiento patriota y que dan sus primeros pasos rumbo a la pasión por la pelota tienen otros datos: están entusiasmados, son el vivo retrato de la ilusión. Dan la impresión de habitar un territorio distinto al que ha desgastado y deprimido por diversas razones a sus padres o abuelos, tíos o hermanos. Son ellos y no la Selección Nacional los que devuelven la fe y transmiten la idea de un panorama mejor. 

La inauguración del certamen y el debut de los verdes han culminado. El aire que se respira en calles de este lado de la ciudad es de calma. Los aficionados vuelven a su cotidianidad para continuar con su vida como transcurre siempre. Además, la amenaza de lluvia atemoriza e invita a la prudencia de ir a casa para no sufrir los estragos de un mal habitual en esta demarcación, las inundaciones. En el otro extremo del sur, dividido por las vallas y operativos alrededor del estadio, se reportan manifestaciones e incidentes por esta misma circunstancia. 

Fiesta, lo que se dice fiesta, es la que vivió la afición al interior del Coloso de Santa Úrsula. Ya habrán de contar y narrar lo que fue ese hervidero de almas. Mientras tanto, por acá, la conversación se resume a que ganó México y ya. Para muchos, el Mundial arranca con los cotejos de sus candidatas a ganarlo; Francia, España e Inglaterra son las favoritas. Para los admiradores de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, el balón cobra sentido con Argentina y Portugal en el césped. Por ahora, el día concluyó.

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