Sin ascenso, el nivel de la Liga MX descendió y no nos quisimos dar cuenta

Por César Espinosa Mora

Recuerdo mucho un América contra Pachuca de Mayo de 2017 y no precisamente por lo que sucedió ese día en el césped del otrora estadio azteca (perdió el Local 2-3 ante los hidalguenses, pero aún así con ese resultado clasificaba a liguilla). En realidad lo que recuerdo más de ese juego sucedió a 913 kilómetros, en el Estadio BBVA Guadalupe Nuevo León. Raúl Rui-Diaz con su gol en el ultimo minuto ante Rayados, estaba propiciando que Monarcas Morelia se salvara del descenso, condenando a Jaguares de Chiapas y además eliminaba de la liguilla al América. Esa imagen de Rui-Díaz quitándose la playera, a Roberto Hernández correr emocionado con su cuerpo técnico y mientras tanto el contraste a 817 kilómetros en el estadio Jalisco, los jugadores del cuadro chiapaneco yacían derrotados por no poder mantener la categoría.

En nuestro país el ascenso y descenso siempre fue uno de los engranes más importantes (daba un sabor adicional a la competencia que no se centraba solo en quien campeonaba esos dos torneos del año futbolístico). Casos como el milagro del Lastras en el 2006, con otra definición hasta el último segundo, o el ascenso de equipos que se quedaron a competir y ser campeones, como los Xolos de Tijuana o el León que tras 10 años en la liga de ascenso regreso para marcar una época.  

Todas las personas que somos aficionadas al fútbol sabemos la importancia de que exista la justicia deportiva del ascenso y descenso, no importa la liga de la que hablemos, siempre existe la platica que empieza con el típico ¿Quién crees que se vaya este año?, en los últimos años en la Premiere League hemos visto que proyectos serios (inclusive campeones) como el Leicester  (este último ya bajó a tercera división) o el West Ham han perdido la categoría, en la época previa al nuevo formato del futbol inglés Manchester United, Manchester City, Tottenham, Chelsea y hasta Liverpool han perdido la categoría, en España equipos como Valencia y Sevilla en la ultima temporada estuvieron luchando encarnizadamente por mantener la categoría (ambos equipos con glorias a lo largo de este primer cuarto de siglo), ni se diga Italia donde ya sea por cuestiones extra cancha o de rendimiento, equipos gigantescos como la Juventus o el Milán han tenido que jugara en la Serie B. En Alemania tenemos el caso emblemático del Hamburgo, el único equipo que jamás había dejado de jugar en la Bundesliga (se jactaban de eso con el famoso reloj en su estadio contando los días, horas y minutos que tenían en la primera división germana), El ascenso y descenso es algo inherente a la naturaleza de este (simple pero maravilloso) deporte, tratar de pretender que no es así, es ir en contra de todo lo que significa el fútbol.

Pero parece que a los dirigentes y dueños del futbol mexicano les encanta ir en contra de la naturaleza, durante la década de los años 2010 empezamos a ver casos donde el ascenso y descenso dejo de ser algo inherentemente deportivo,  la compra de la franquicia del Veracruz a la Piedad que había ganado el ascenso deportivamente en 2013, o la metamorfosis que tuvieron tanto Querétaro (al comprar la franquicia de Jaguares de Chiapas) Y Jaguares (al comprar la franquicia del San Luis), o el caso de los Bravos de Juarez  que en 2019 compraron la franquicia a los Lobos BUAP (quienes habían ascendido deportivamente en 2017 y que en 2018 descendieron pero al no poder ascender Cafetaleros de Tapachula, pago 120 millones de pesos para mantenerse en primera), daba indicios que a los jerarcas del balompié mexicano lo único que les interesa es el dinero (sabemos que es así), tan es así que durante la pandemia de 2020, tuvieron una idea que les pareció brillante.

La eliminación del descenso y ascenso en la Liga MX, decretada en abril de 2020, se justificó principalmente como una medida de rescate financiero y estabilidad estructural ante la crisis económica agravada por la pandemia de COVID-19. La Federación Mexicana de Fútbol y los dueños de los clubes argumentaron que la mayoría de los equipos de la llamada Liga de Ascenso se encontraban al borde de la quiebra debido a la falta de patrocinadores, los bajos ingresos por derechos de televisión y el nulo cumplimiento de los cuadernos de cargos necesarios para subir a Primera División. Al congelar el descenso por un periodo inicial de seis años y transformarla en la Liga de Expansión MX, se buscó dar certeza a los inversionistas, consolidar financieramente a las franquicias debilitadas, fomentar el desarrollo de jóvenes talentos mexicanos y proteger los empleos de la industria futbolística en un momento de total incertidumbre global.

Estamos en octubre de 2026 y el ascenso y descenso no regreso, inclusive se han librado batallas legales en las que los resultados no han sido lo que deseamos todos, el único equipo de la novel liga de expansión en llegar a la Liga Mx es el Atlante, el conjunto denominado como “el equipo del pueblo” compro la franquicia del malogrado Mazatlan de Ricardo Salínas Pliego (hasta cierto punto contradictorio por traicionar a los equipos de la liga de expansión).

Uno de los principales argumentos para que no exista el descenso es que no beneficia en nada a la competición que solo se involucraban equipos intrascendentes. Pero yo no estoy del todo de acuerdo y creo que si se ha visto afectada la calidad de la liga. Soy un fiel creyente que el “dato, mata al relato”, por lo que me puse a investigar desde el Clausura 2019 (temporada previa a la abolición del descenso y en la que se tuvo registro de quien fue el último lugar, en este caso los míticos tiburones rojos de los 0 puntos) hasta el recién concluido Clausura 2026 para ver que si ha habido una alteración en el desempeño de los equipos de la Liga Mx el no tener ascenso y descenso.

Para analizar si la suspensión del ascenso y descenso y los posteriores cambios al sistema de clasificación modificaron la competitividad de la Liga MX, conviene separar el periodo en tres etapas. La primera comprende los últimos torneos bajo el modelo tradicional de ocho clasificados a Liguilla y todavía con ascenso y descenso; la segunda corresponde al repechaje, cuando hasta 12 de 18 clubes conservaron posibilidades de ser campeones; y la tercera comienza con el Play-In, que redujo esa cifra a diez.

En los datos siguientes, la diferencia entre paréntesis representa los puntos que separaban a cada equipo del líder de la fase regular.

Elaboración propia con ayuda de la IA

La suspensión del descenso no puede señalarse, por sí sola, como la causa de esas diferencias. Pero sí coincide con una etapa en la que se normalizó encontrar equipos profundamente alejados de la lucha competitiva durante la fase regular sin que terminar en el fondo significara perder su lugar en Primera División.

Y esa diferencia es fundamental. Antes, un equipo podía quedar muy lejos del líder, pero el fondo de la clasificación tenía una consecuencia deportiva propia: existía una competencia paralela por permanecer en Primera División. Después de la suspensión del descenso, esa presión desapareció.

El día 22 de septiembre de 2026, el Senador Clemente Castañeda del partido Movimiento Ciudadano presentó una iniciativa que genero una discusión a nivel nacional, propone junto con legisladores de diversas fuerzas políticas) una reforma al articulo 50 de la Ley General de Cultura Física y Deporte. Y aquí está la primera diferencia importante: no estamos hablando de modificar un reglamento de la Liga MX ni de pedirle amablemente a la Federación Mexicana de Futbol que cambie de opinión. Se pretende establecer una regla desde una ley federal.

La idea central es bastante sencilla: cuando un deporte profesional tenga dos o más categorías dentro de una misma estructura competitiva, deberá existir un mecanismo permanente de ascenso y descenso. Además, el mérito deportivo tendría que convertirse en uno de los principios que rijan las decisiones de las asociaciones deportivas nacionales. Eso tampoco significa que ganar la Liga de Expansión automáticamente garantice un lugar en Primera División.

La propia propuesta permite que existan requisitos financieros, administrativos, jurídicos, de infraestructura o de seguridad. Tiene lógica: competir en la máxima categoría requiere condiciones mínimas que van más allá de ganar partidos. La diferencia está en otra parte. Esos requisitos tendrían que ser objetivos, claros, transparentes y proporcionales. La iniciativa también busca impedir barreras injustificadas que terminen protegiendo permanentemente a quienes ya forman parte de una categoría profesional.

En otras palabras: se podría exigir un estadio adecuado, estabilidad financiera o condiciones de seguridad. Lo que resultaría mucho más complicado sería construir una muralla prácticamente imposible de superar para mantener cerrada indefinidamente la Primera División.

Y ahí aparece quizá el concepto más importante de toda la reforma: el mérito deportivo. Ascender, descender o permanecer en una categoría tendría que depender principalmente de los resultados obtenidos dentro de la cancha. Parece algo bastante obvio para cualquier competencia deportiva, pero después de varios años sin ascenso ni descenso en México, casi suena revolucionario: que jugar bien vuelva a importar.

La reforma también pretende dar certeza a las reglas. Los criterios para ascender o descender tendrían que conocerse previamente y no podrían modificarse mientras se encuentran vigentes. Eso es relevante no solamente para los clubes, sino también para quienes deciden invertir en ellos. Una competencia en la que las condiciones pueden cambiar constantemente genera incertidumbre deportiva, pero también económica.

Sin embargo, reducir esta iniciativa únicamente al regreso del ascenso sería quedarse con la parte más visible del problema. El proyecto también incorpora obligaciones relacionadas con conflictos de interés, libre concurrencia, competencia económica, transparencia y rendición de cuentas. Incluso contempla que las asociaciones deportivas nacionales informen periódicamente sobre sus actividades ante autoridades deportivas y órganos legislativos.

Y aquí comienza una discusión mucho más interesante. Una de las respuestas previsibles ante cualquier intento del Congreso por regular estos temas es que “los políticos se quieren meter en el futbol”. El argumento merece discutirse, porque las federaciones deportivas tienen autonomía para organizar sus competencias. Pero esa autonomía tampoco existe en el vacío.

La propia legislación mexicana reconoce a las Asociaciones Deportivas Nacionales y establece que, en determinados casos, ejercen funciones públicas de carácter administrativo por delegación. La discusión, entonces, no debería reducirse a escoger entre “autonomía” o “intervención política”, sino a determinar cuáles son los límites de esa autonomía cuando las decisiones de una organización producen consecuencias deportivas, laborales y económicas.

Y mientras esta discusión avanza en el Congreso, apareció otro frente que puede resultar igual de importante: los tribunales. Durante septiembre y octubre distintos juicios de amparo fueron promovidos contra la eliminación del ascenso y descenso. Lo relevante es que, hasta el 9 de octubre, cinco de ellos ya habían sido admitidos en distintos puntos del país. Eso no significa que quienes promueven los recursos hayan ganado ni que el ascenso vaya a regresar inmediatamente. Una admisión simplemente significa que los tribunales aceptaron estudiar el planteamiento. Pero precisamente ahí está la importancia: una discusión que durante años permaneció prácticamente dentro de las oficinas de la Federación Mexicana de Futbol ahora también tendrá que ser analizada desde el derecho mexicano.

El siguiente paso tampoco es menor. El despacho Del Real & Asociados informó que está próxima una audiencia incidental en la que se resolverá sobre la suspensión definitiva solicitada dentro de uno de estos procedimientos. Después vendrá la discusión de fondo, que será mucho más compleja: determinar hasta dónde las decisiones de una asociación privada como la Federación Mexicana de Futbol pueden ser revisadas constitucionalmente cuando afectan la estructura de una competencia deportiva nacional.

Y aquí ocurrió algo particularmente interesante. Dentro de los informes rendidos en estos procedimientos, tanto la CONADE como la Federación Mexicana de Futbol reconocieron, de acuerdo con la información difundida por los promoventes, su sujeción a la Ley General de Cultura Física y Deporte. Puede parecer una obviedad, pero jurídicamente tiene consecuencias importantes porque debilita la idea de que el futbol profesional mexicano puede entenderse exclusivamente como un asunto entre particulares.

Las Federaciones Deportivas Mexicanas son reconocidas como Asociaciones Deportivas Nacionales y, cuando realizan determinadas funciones, ejercen por delegación funciones públicas de carácter administrativo y actúan como agentes colaboradores del Gobierno Federal. Incluso la legislación establece expresamente que varias de esas funciones se ejercen bajo la coordinación de la CONADE.

Eso no significa automáticamente que cualquier decisión de la FMF sea un acto de autoridad ni mucho menos que los amparos necesariamente vayan a prosperar. Existe incluso un antecedente judicial de 2016 en el que un Tribunal Colegiado determinó que la FMF no podía considerarse autoridad responsable frente a terceros relacionados con contratos de patrocinio y publicidad. Pero aquel asunto tenía un contexto y sujetos distintos. La pregunta que ahora tendrán que resolver los tribunales es otra: qué ocurre cuando la Federación actúa como organismo rector de una disciplina, establece las reglas de acceso a sus distintas categorías y esas decisiones afectan directamente a clubes integrados en la estructura deportiva que ella misma regula.

Por eso la discusión sobre el ascenso y descenso ya dejó de estar exclusivamente en la cancha. Ahora también existe una pregunta constitucional: ¿hasta dónde llega la autonomía de una Federación Deportiva Nacional cuando la propia ley le reconoce funciones públicas y somete parte de su actuación al marco jurídico mexicano?

Raúl Ruidíaz celebrando un gol

La iniciativa tampoco pretende que el Senado determine cuántos clubes deben ascender, quién tiene que descender o cómo debe organizarse cada torneo. Esas decisiones seguirían correspondiendo a las asociaciones deportivas. Lo que cambiaría serían los límites dentro de los cuales podrían diseñar esas reglas.

Por eso, en el fondo, la discusión no es solamente si debe regresar el ascenso y descenso.

La pregunta es otra: ¿Puede una organización que controla una estructura deportiva profesional mantener cerrada indefinidamente la puerta hacia su máxima categoría, aun cuando existen equipos compitiendo debajo de ella?

La iniciativa pretende que la respuesta deje de depender exclusivamente de quienes administran el futbol mexicano. Y quizá ahí está el verdadero cambio: no decidir desde el Congreso quién merece jugar en Primera División, sino garantizar que siga existiendo un camino para llegar hasta ella.

Mientras escribo estas líneas, ninguno de los dos caminos está resuelto. Los tribunales todavía no han decidido el fondo de los amparos y la iniciativa continúa su proceso dentro del Senado.

Pero el escenario ya es muy distinto al que existía apenas unas semanas atrás.

El 9 de octubre, el periodista Ignacio Suárez informó, citando fuentes del Senado, que existiría consenso para que la iniciativa sea aprobada antes de terminar el mes y enviada posteriormente a la Cámara de Diputados. Según esa información, el acuerdo entre los distintos grupos parlamentarios sería prácticamente unánime. Sigue siendo una versión que deberá confirmarse con la votación formal, pero tampoco aparece aislada: desde la presentación de la iniciativa legisladores de Morena, PAN, PT y PVEM manifestaron su respaldo, y el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ignacio Mier, declaró desde septiembre que la reforma “sí va”, aunque debía escucharse también a los clubes y a la Federación.  El PAN, por ejemplo, hizo pública su adhesión a la propuesta desde la tribuna del Senado.

Por eso quizá estamos frente a algo más importante que el simple regreso de un equipo de Expansión a Primera División. Por un lado, el Congreso está discutiendo si el mérito deportivo debe convertirse en un límite legal para las asociaciones que administran competiciones profesionales. Por otro, los tribunales comienzan a estudiar hasta dónde llegan las facultades de esas asociaciones frente al marco constitucional y legal mexicano.

Dos caminos distintos que terminan llegando prácticamente a la misma pregunta:

¿Puede la Federación Mexicana de Futbol decidir indefinidamente que no exista un camino deportivo hacia la Primera División solamente porque quienes actualmente están dentro de ella así lo prefieren?

Durante seis años la respuesta práctica fue sí. Quizá estemos acercándonos al momento en que la respuesta jurídica sea diferente.

Y si eso ocurre, el regreso del ascenso y descenso no solamente significará recuperar una parte esencial de nuestro futbol. También significará recuperar una idea que nunca debimos abandonar: “Que en el deporte, por encima de los intereses de quienes administran la competencia, debe existir siempre un camino para llegar a lo más alto ganando dentro de la cancha”.

Celebración del club Puebla al obtener el ascenso

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