México, como nación, tiene una larga historia de líderes sindicales que funcionan más como gestores de los trabajadores a favor de los intereses de grandes empresarios y corporaciones que como defensores y representantes de los gremios que presumen dirigir. El famoso corporativismo sindical o charrismo se ha presentado en todos los sectores importantes de la fuerza de trabajo, desde la Confederación de Trabajadores Mexicanos hasta la Asociación Mexicana de Futbolistas Profesionales (AMFpro).
La AMFpro fue fundada en 2017 e impulsada por nombres como Rafael Márquez, Oribe Peralta, Carlos Salcido y Christian Giménez, quienes pelearon por la eliminación del Pacto de Caballeros en la Liga Mx y por la independencia de la Comisión del Jugador de la FMF para tener auténtica autonomía frente a los directivos. Sin embargo entre las figuras que crearon esta nueva asociación de futbolistas se coló Álvaro Ortiz, proveniente de la Comisión del Jugador controlada por la FMF. Ortiz es la representación arquetípica de líder sindical charro, alineado al discurso oficialista le promete una falsa “paz laboral” a los dueños a cambio de seguir beneficiándose.
Desde la creación de la AMFpro, Ortiz ha sido el Presidente Ejecutivo, cosa rara siendo que esta unión de futbolistas servía para emanciparse de los directivos del fútbol mexicano, lo que muestra su importancia como burócrata que mantenga las aguas tranquilas ante los posibles conflictos con futbolistas.
El discurso del Presidente actual de la asociación, quien dice proteger los intereses de los futbolistas no es casualidad, cuando menciona que la lucha por el regreso del ascenso «es cosa de 5 equipos» y no habla por el colectivo sirve para deslindarse de su obligación como representante de los profesionales de la Liga Mx. El silencio que precedió tampoco fue un accidente, no fue hasta que el tema comenzó a discutirse en el ámbito político cuando decidió intervenir en una situación en la que, por obligación, debía estar desde el inicio.
La AMFpro recibe alrededor de 18 millones de pesos anuales desde la FMF, más una comisión del 2% de todas las transferencias que se hacen dentro del mercado de fichajes local. Álvaro Ortiz no se posiciona para defender al futbolista mexicano, como buen charro sindical lo hace para proteger sus intereses económicos, siendo poco más que un burócrata servil al poder en turno.

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