‘Ya le salió carne al hueso’: la Embajada en Italia y la 4T

Por César Martínez

Continuar con la rancia tradición de pagar favores mediante el reparto de embajadas de México en el exterior nos obliga a cuestionar si un movimiento que llegó al poder con el discurso del ‘cambio verdadero’ no está degenerando, en realidad, en más de lo mismo.“ Él nos apoyó al final en mucho, de muchas maneras”, sostuvo escuetamente la presidenta Claudia Sheinbaum replicando a la polémica entrega de la embajada mexicana en Italia, San Marino, Malta y Albania, al analista Genaro Lozano.

Imposible no destacar la paradoja de que será en Roma, una de las dos cunas del pensamiento político y jurídico de la civilización occidental, donde fungirá como representante de México quien ha sido tachado en redes de representar un caso más del mexicanísimo estilo de hacer política: el amiguismo, la conveniencia y el servilismo, también definido por la RAE bajo el mexicanismo de ‘lambisconería’. Entre la herencia romana y los usos y costumbres de nuestro país, existe un contraste entre Estado de Derecho o justicia, por un lado; y por el otro, la relación personal como forma de dominación política.

“Cuando se piensa en México como un país subdesarrollado” —escribía el eminente sociólogo Pablo González Casanova en su clásico ensayo La democracia en México— se alude precisamente a la paradoja de contar con una Constitución e instituciones inspiradas en el modelo occidental, acompañadas, sin embargo, por prácticas coloniales que aún persisten en la sociedad mexicana del siglo XXI. “El caciquismo, desaparecido como sistema nacional de gobierno, deja una cultura de las relaciones personales, del parentesco y los compadrazgos.[1] La costumbre, por retrógrada que esta sea, es más fuerte que la ley.

Representación de Cicerón, descalzo y vestido con toga, de pie sobre un terreno elevado y pronunciando un discurso ante una multitud de espectadores; al fondo, un edificio con estatuas en el techo. © The Trustees of the British Museum

Y es que las críticas que ven en el caso Genaro Lozano un menosprecio más contra el servicio civil de carrera de la cancillería (conocido como Servicio Exterior Mexicano) efectivamente condenan la entrega discrecional o “por dedazo” de altos puestos burocráticos como una doble corrupción: se corrompe el servicio público con la llegada de personas sin concursos de oposición (coloquialmente hablando, son “la gente recomendada o al achichincle”), y se corrompe también a periodistas, opositores, activistas y líderes sociales que aparentaban ser independientes ante la hegemonía de turno.

Si dos párrafos arriba se habló de un dramático contraste entre la herencia de la Roma de La República y nuestra idiosincrasia o picaresca mexicana vale citar al gran senador romano Cicerón. En De officiis (Sobre los deberes, o De oficios), el tribuno habla de la magistratura o cargo público como si fuera un imperativo ético o un encargo obediencial: “el deber de quien ostenta una magistratura es recordar que no se representa a sí mismo, sino a la república poniendo por delante la dignidad y el honor de esta”. Si alguien cínicamente objetara que cada pueblo tiene los representantes que se merece, (es decir que un burócrata servil es solo el botón de muestra de una sociedad servil), Cicerón responde: “Ahora bien, es oportuno que el particular viva con los ciudadanos bajo un derecho equitativo y par, ni sumiso y abyecto ni elevándose.” En otras palabras, un cargo público obtenido por privilegio o por compraventa de favores nace viciado: no ejerce justicia, pues es la corrupción de la autoridad.

Queda examinar aquello que un importante discípulo de González Casanova, el finado maestro Arnaldo Córdova (estudiante de la Universidad de Roma, por cierto), denominaba “la relación personal, el servilismo y el compadrazgo como forma de control del personal político al servicio del presidente.” Se trata del secreto profundo, no sólo de nuestro sistema de partidos y autoridades, sino quizá también de nuestra cultura y forma de ser. Del estudio sobre el porfiriato, Córdova rescató ciertas observaciones de Andrés Molina Enríquez acerca de cómo Porfirio Díaz ejercía la dictadura personal mediante una versión transaccional del sentimiento de la amistad, según la cual don Porfirio repartía dádivas a cambio de complicidad:

Las fibras que desde las unidades más humildes se enredan y tuercen en ese sistema hasta la personalidad del señor general Díaz, que es el nudo a que convergen todas, es la amistad personal: amistad que, como todos los afectos que llevan en conjunto ese nombre, da derecho a exigir del amigo todo lo que el amigo puede conceder, según el grado de amistad que se tiene, y la categorías, personalidad y condiciones del amigo que usa ese derecho[2]

Tenemos en la presidenta Sheinbaum un liderazgo sólido y visionario que está generando un interés renovado en México en el mundo entero”, declaró Lozano al comparecer en el Senado de la República antes de recibir su constancia como embajador. A las pocas horas de su nombramiento, el polémico diplomático cambió su foto de perfil en X por una imagen estrechando la mano de la Jefa de Estado en su toma de posesión. En redes el gesto fue interpretado como una muestra de abyección y pleitesía.

En la lógica aristotélica de que un gobierno impersonal de leyes y Estado de Derecho es preferible a un gobierno personal, que en el fondo es un Estado de fuerza, Cicerón nos recuerda que la autoridad pública y la justicia en derecho es resultado de la igualdad. Así pues, valerse del amiguismo como forma de gobierno corrompe la política, pero también corrompe la amistad: para Aristóteles en la Ética Nicomaquea la justicia surge entre personas relacionadas por vía de un sistema de leyes. Luego entonces, la amistad genuina sólo brota entre iguales. ¿Cuán duradero puede así resultar un poder sostenido sobre la discriminación según el grado de favoritismo?

Viejo lobo de mar, Andrés Manuel López Obrador reconocía en su sexenio que el éxito de su movimiento podría también ser la causa de su propia decadencia. Es la anécdota del “finado compañero Galileo de Chontalpa, Tabasco.” “En el inicio nadie quería ser nuestro candidato porque había miedo”, decía el expresidente, “pero años después el señor Galileo me escribió: ¿Se acuerda, licenciado, cuando empezamos, que nadie quería ser candidato? Ahora hasta se pelean, como ya le salió carne al hueso’.”

Finalmente, la controversia de la Embajada de México en Italia simboliza mucho más que una amistad generosamente premiada con un alto cargo público. Acaso la contradicción entre el clásico discurso occidental de las leyes, el derecho y la igualdad y una cultura mexicana de compadrazgos y amiguismos exhibe a toda una sociedad mexicana lastrada por sus propias tradiciones rancias y decadentes.

Julio César y otros ocho en consejo; César, con armadura, corona y cetro, en el centro; las demás figuras, con vestimenta contemporánea, sentadas en círculo; al fondo, Cicerón sentado en su escritorio, escribiendo en su estudio. © The Trustees of the British Museum

[1] Pablo González Casanova, La Democracia en México, Era, Ciudad de México, 1975. p.50

[2] Andrés Molina Enríquez, Los Grandes Problemas Nacionales en 1909, México, Era, 1991. p.136.


César Martínez (@cesar19_87) es maestro en relaciones internacionales por la Universidad de Bristol y en literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.

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