Nuestra larga noche neoliberal

Por Emmanuel Rosas Chávez

  • Reseña de Rafael Lemus, Breve historia de nuestro neoliberalismo: Poder y cultura en México, Debate, Ciudad de México, 2021, 231 pp.

En la conversación pública, dice Fernando Escalante Gonzalbo, el término neoliberalismo sirve para describir casi cualquier cosa y parece ser más una consigna política, lo cual le ha dado un aire de irrealidad. Por eso no está de más advertir que el neoliberalismo existe: es una teoría económica y sobre todo un programa intelectual, acaso el más exitoso a lo largo del siglo XX. La historia ya es conocida. Ante el ascenso del fascismo y el comunismo, en 1938 un grupo de intelectuales -entre ellos Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Louis Rougier o Walter Lippmann- se reúne en París con el propósito de recuperar el liberalismo clásico. El resultado es otro, uno muy distinto de la larga tradición liberal.

Pero, en estricto sentido, ¿qué es el neoliberalismo? Su premisa básica es que el mercado es la mejor forma de producción, distribución y organización en la sociedad, y por encima de la libertad política pone a la libertad económica. De ahí se desprenden una serie de políticas económicas, tal vez su rostro más conocido: privatización de empresas estatales, flexibilización de las relaciones laborales, desregulación financiera. Asimismo, el neoliberalismo tiene una idea de la naturaleza humana y una idea propia del Estado. El proyecto neoliberal no tuvo éxito en un inicio, pues en ese momento estaba la Segunda Guerra Mundial. Fue hasta la década de 1970 que se volvió dominante y se introdujo en universidades, se galardonó a sus economistas con premios Nóbel (Hayek 1974, Friedman 1976) y llegó al poder en Reino Unido y Estados Unidos de la mano de Margaret Thatcher (1979) y de Ronald Reagan (1981), respectivamente (1).

México no fue ajeno a esa historia. En Breve historia de nuestro neoliberalismo, Rafael Lemus argumenta que la historia de las últimas décadas en nuestro país es la historia del neoliberalismo. En México, como en el resto del mundo, el neoliberalismo se adaptó a distintas circunstancias, avanzó con más o menos rapidez e intensidad, de modo que adquirió un rostro particular en cada lugar. A lo largo de cinco capítulos el autor traza ese rostro: ¿cuál fue el papel de los intelectuales en la instauración del proyecto neoliberal?, ¿cómo se trasformó el relato sobre México y de su relación con el mundo?, ¿quiénes han cuestionado ese relato? En las líneas que siguen me concentro en algunos de esos aspectos.

En los primeros dos apartados se refiere la participación de grupos intelectuales, de empresarios y del gobierno en la promoción del neoliberalismo y en la creación de un relato que lo sustentara. Desde mediados de la década de 1970 en las páginas de la revista Vuelta, fundada por Octavio Paz en 1976, hay una defensa consciente o inconsciente, a ratos tímida a ratos nítida, del programa neoliberal. Con la represión del movimiento estudiantil de 1968 quedó claro que el régimen priista no era democrático, y a partir de entonces se lo caracterizó a veces como ‘régimen de partido de Estado’, a veces como ‘monarquía sexenal hereditaria’. Sin embargo, fueron los intelectuales de la revista Vuelta quienes hicieron de esas críticas no sólo una crítica del gobierno, sino de la idea de Estado. En ‘El ogro filantrópico’ (1978), Octavio Paz pinta al Estado como algo esencialmente negativo: “fuera del Estado no hay nada ni nadie”.  Mientras que Gabriel Zaid en su libro El progreso improductivo (1979) pone al individuo en el centro de la vida social y hace una crítica de las capacidades económicas del Estado. En este punto, dice Lemus, no hay todavía la propuesta de medidas económicas y políticas de corte neoliberal, lo que sí hay, en cambio, es una dura crítica a una idea particular de Estado.

El giro neoliberal de la revista Vuelta no sucedió en un solo instante ni de manera abrupta, sino que se enfrentó a contradicciones y se fue adaptando a las circunstancias que le exigía su presente. En 1982 el país afrontó una crisis económica (devaluación del peso frente al dólar, inflación, crecimiento de la deuda externa) que llevó al entonces presidente José López Portillo a la nacionalización de la banca. En ese momento las medidas tomadas por el presidente fueron celebradas por intelectuales como Héctor Aguilar Camín o Enrique Krauze; muy lejos estaban sus críticas al nacionalismo, al estatismo y al gobierno. Sin embargo, la celebración pronto devino crítica, como se observa en el ensayo ‘Por una democracia sin adjetivos’ de Krauze, quien para entonces ya era subdirector de Vuelta. En este texto, explica Rafael Lemus, la democracia cobró relevancia en el discurso de la revista y ya es manifiesto su rechazo al nacionalismo revolucionario, reivindicando, en su lugar, de manera idealizada y conveniente, a los liberales del siglo XIX.

Años más tarde, cuando en las elecciones de 1988 la izquierda política alegaba fraude y exigía el recuento de votos, la revista abandonaría su aparente discurso democrático en nombre de la estabilidad. Ya en la administración de Carlos Salinas de Gortari, como se discute en el segundo capítulo, el proyecto neoliberal se ocupó principalmente de la construcción de un relato sobre México, uno que lo hiciera confiable a la apertura económica y lo insertara en el mundo globalizado. Ese propósito cumplió la exposición Mexico: Splendors of Thirty Centuries (1990) en el Museo Metropolitano de Nueva York, en la cual participaron igualmente gobierno, empresarios y, desde luego, los intelectuales de Vuelta, destacadamente Octavio Paz.

El tercer capítulo está dedicado a los debates en el mundillo cultural en medio del surgimiento y auge del neoliberalismo. En primer lugar, se cuenta la querella de Octavio Paz y Carlos Monsiváis entre 1977 y 1978 en las páginas de la revista Proceso. Esta polémica fue importante porque dividió a un grupo hasta entonces indefinido de la izquierda intelectual mexicana post-68, en el que se ubicaba lo mismo a José Revueltas que a Octavio Paz. A partir de ese momento la izquierda se agrupó en la revista Nexos -fundada en 1978 por el historiador Enrique Florescano-, la cual sostendría en 1992 una polémica con los intelectuales de Vuelta, paradójicamente cuando las diferencias ideológicas entre ambas revistas ya se habían desdibujado.

En el cuarto capítulo se cuenta no ya el auge del neoliberalismo, sino la emergencia del primer cuestionamiento al consenso neoliberal: el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1° de enero de 1994. Desde entonces, argumenta Lemus, el neoliberalismo ya no sería hegemónico, dominaría por pura inercia. En el último apartado se rescata la herencia política de Carlos Monsiváis, un personaje difícil de encasillar porque gusta de andar libre por los caminos de la izquierda intelectual mexicana, pero que siempre hace un franco contraste a la razón neoliberal.

En suma, diría que la lectura de este libro es imprescindible tanto para comprender nuestro reciente pasado neoliberal como el presente, que a veces parece ruptura luego sólo interrupción, así como para imaginar futuros posibles. Pues como ha apuntado Fernando Escalante Gonzalbo: para superar al neoliberalismo antes hay que ponerse a su altura.

 

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(1) Para una historia del neoliberalismo y su formación como programa intelectual pueden consultarse dos trabajos de Fernando Escalante Gonzalbo: Historia mínima del neoliberalismo, El Colegio de México, Ciudad de México, 2015, y Así empezó todo: Orígenes del neoliberalismo, Cal y Arena, Ciudad de México, 2018. Sobre la idea de Estado que defiende el neoliberalismo, su relación con la democracia y sus nociones sobre la ciencia y la naturaleza humana, también del mismo autor, pueden revisarse: Senderos que se bifurcan: Reflexiones sobre neoliberalismo y democracia, Instituto Nacional Electoral, Ciudad de México, 2020, y Se supone que es ciencia: Reflexiones sobre la nueva ciencia económica, El Colegio de México, Ciudad de México, 2016.

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